Confiscación de dólares

Diario Expreso

Es un “secreto a gritos” que, procedentes de Irán, vía Chile, entraron
al Ecuador once contenedores llenos de billetes. Como el Gobierno no
tiene dólares, los “cóndores” estarían listos para que, después de las
elecciones, circulen en remplazo y/o paralelo al dólar al cambio
(inicial) de 1 a 1. En Latacunga y en bóvedas de ciertos bancos
estarían esos billetes.

Con Irán no hay
beneficio comercial, político, diplomático, visible. El “cóndor”,
moneda inventada por el Gobierno de Rafael Correa, no vale. Será
inaceptable en el mundo. Exportaciones e importaciones seguirán en
dólares. Sólo servirá para que Correa gaste sin control. En dos años
“su” gasto de presupuesto ya rebasó los 30.000 millones de dólares.

Al no tener el cóndor respaldo en producción efectiva, es una
falsificación. El Gobierno arrancha el dólar, se apropia del dinero
ajeno y del producto del trabajo de los ciudadanos.

Infla el gasto público, (inflación), que nada produce. Destruye el
ánimo, la vida y la propiedad de los asalariados y de los más pobres,
que viven al día. Eleva los precios. Habrá carestía, escasez, mercado
negro, desempleo, inestabilidad y recesión.

Aunque ya antes, la emisión de dinero fraccionario y bonos, afectó las
expectativas y corrompió la oferta y la demanda. Ahora será imparable.
Con el dólar (moneda dura) hubo dinero y crédito abundantes. Cayó la
tasa de interés. Pero el gasto del Gobierno alteró y ocultó el precio
real del dinero y “devaluó” el dólar. Se envileció el crédito, generó
especulación, usura, chulco y agio en el mercado financiero y
crediticio.

Se dice que el BCE “maneja” los 11 contenedores de 20 pies. Habría de
20 a 27 millones de hojas de papel billetes en cada uno. Cerca de 300
millones de hojas, lo cual podría “producir” al Gobierno más de 1.200
millones en cóndores (“de curso legal” ¿?) de diferente denominación,
que desplazarían al dólar.

Por la Ley de Gresham, el cóndor (moneda mala) desplazará a la buena
(el dólar). La gente prefiere esconderlo o guardarlo, pero no transarlo.
La “base monetaria” en Ecuador, al 13 de marzo 2009 fue de 653,4
millones de dólares. Si se fija al tipo de cambio 1 a 1, habría
suficientes billetes en los 11 contenedores para reemplazar la base
monetaria. El resto del dinero de la economía se reemplazaría por
efectos del “multiplicador bancario”.

Habrá inflación de dos dígitos. Devaluaciones continuas. Tasas de
interés activas y pasivas arriba del 30%. Cierre de empresas y quiebra
de bancos.
Por la Constitución (poisoned pill o píldora envenenada), como por el
gasto acelerado subirán los precios, disminuirá la oferta, habrá
especulación y mercado negro.

Irán, Colombia y Siria tienen fama en falsificación de dólares con
tecnología de punta. Un feriado bancario o un fin de semana,
anunciarían el cambio drástico para reemplazar la base monetaria. Se
confiscarían los dólares en los bancos para ser cambiados por la nueva
moneda.

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El gato hambriento

Diario Expreso

La “obra pública” que promueve el barón ingles Lord Keynes (1883-1946)
es aquella que, para reactivar la economía imprime (falsifica)
billetes, y pone a cien hombres a hacer zanjas o huecos y a otros cien
a taparlas para que, con lo que el gobierno les pague, aumenten su
consumo y generen “demanda agregada”.

La obra pública que reconstruye y mantiene ciudades y se realiza con
menor inversión en burocracia (80/20) no es la sugerida por Keynes.
Quienes no han leído a Keynes y los neokeynesianos aúpan a los
políticos devaluadores. Las recetas temporales de Keynes, distorsionan
los precios relativos.

Keynes es el inventor del “consumismo”. Cuando los ciudadanos consumen
con su propio dinero son criticados. Pero si quien gasta (consume) es
el Gobierno, con el dinero (ajeno) de los contribuyentes, es válido. La
receta keynesiana y el “curso forzoso” generan inflación e “ilusión
monetaria”. Induce a gastar más de lo que se gana. Degradan la moneda y
causan obesidad estatal. La quiebra económica y el deterioro moral
invaden a la sociedad. Si el gobierno reduce sus ingresos, sea del
petróleo o tributario, no debe gastar (inflar el gasto público, es
decir inflación) más de lo que recauda. Esto genera déficit fiscal que
se oculta con mayor inflación. Es el más terrible tormento de los
pobres y desempleados.

El “curso forzoso” del sucre y las dispendiosas políticas públicas,
financiadas por el petróleo, la demagogia y el peculado resultante,
reventaron la economía en el siglo XX. “Los gobiernos siempre
financiaron sus déficits emitiendo dinero (esto no fue un invento de
Keynes)”, dijo Juan Carlos Cachanosky (Phd en Economía). La moneda
argentina, asfixiada por la híper inflación del gasto público compraba
un dólar con 170.000.000.000.000.000.000.000 de pesos.

Alemania y Austria eliminaron el “curso forzoso”. La convertibilidad
las convirtió en las monedas más estables de Europa. Si el gobierno
“impone” su manera de pensar vivimos una sociedad compulsiva.

En una sociedad libre “nadie” puede hacer a través del Estado lo que no
puede hacer en forma personal. Si no se respeta la libertad del
ciudadano de elegir la moneda con que quiere realizar los intercambios,
las agresiones a través del Estado se institucionalizan.

Al imponer por la fuerza su voluntad, revierte la razón de ser del
Estado, que es impedir la violencia entre grupos.

El curso forzoso (imposición) obliga a las personas a usar un dinero
que se desvaloriza y privilegia intereses creados, públicos y privados.
Por eso la gente elige comprar dólares para protegerse de la pérdida de
valor de la moneda nacional. La compra de dólares no es la “causa” de
la devaluación de la moneda nacional sino la “consecuencia”. El dólar
más estable es un refugio para protegerse de la inflación.
“Confiarle el dinero al gobierno es como confiarle nuestro canario a un gato hambriento.” dijo Hans F. Sennholz (1922-2007).

El cálculo económico

Diario Expreso

Al cumplirse 9 años de que Ecuador eliminó la emisión (falsificación)
de dinero por parte del Estado, implantando al dólar como moneda de
curso legal, cabe preguntar al ciudadano pobre, al ahorrista, al ama de
casa, al empleado público o privado si están dispuestos a cambiar “sus
dólares” por la nueva moneda, cualquiera que fuese su denominación.

De imponerse una moneda paralela al dólar, aunque sólo fuese para el
comercio internacional del área andina o entre países del Tercer Mundo,
la especulación y el tipo de cambio (imaginado por los técnicos del
gobierno) causarán escasez y mercado negro. Se impondrá el trueque y
desaparecerá la estabilidad monetaria.

Los precios, la producción y el comercio quedarán al arbitrio de
políticos para disfrute de grupos monopólicos. La
inflación-devaluación, que estimula el gasto público improductivo, será
ascendente e incontrolable. Destruirá el ahorro y convertirá al
financiamiento en un lastre de la productividad. Los costos de
producción quedarán a las “virtudes cívicas” y “buena fe” de los
políticos y tecnócratas. La codicia será virtud y el peculado su
expresión.

La calidad del trabajo no será producto del esfuerzo personal ni de la
excelencia, sino de la rutina y del sueldo.

La renta nacional dependerá de que se trabaje con desgano y sin ahínco.
No será posible lograr la productividad en el trabajo, pues las
iniciativas del trabajador se supeditarán a lo que determine el
Gobierno, que establecerá la cuota de la producción total que
corresponda a cada uno. Será imposible realizar el “cálculo económico”
La cuenta de pérdidas y ganancias tampoco será viable. La
administración y detección de si se consume la menor cantidad posible
de factores de producción (económico) no advertirá si un negocio arroja
pérdidas.

Las materias primas, los semielaborados y los distintos tipos de
trabajo no producirán mercancías distintas, que los consumidores
valoran y demandan sino lo que se les ocurra a los planificadores.
Habrá menor inversión de capital sin trabajo productivo.

Al no ser viable el “cálculo económico” no será posible calcular la
rentabilidad. Será imposible ordenar la producción, racionalmente. El
cálculo económico averigua el resultado positivo o negativo de la
actividad económica y la utilidad social de las transacciones.

El cálculo económico, que hace cada persona y se basa en cifras
monetarias como el valor de los bienes y servicios, que se expresan en
“dinero”, permite precios reales y evita especulación, carestía y
escasez, siempre que el Gobierno no imponga el valor del signo
monetario.

Al no haber el cálculo económico ni sistema de precios el desempleo y
la pobreza aumentará la emigración (fuga de cerebros y brazos).

La fantasía retórica de ser “propietarios de todo” convierte al Estado
burocrático centralizado en el dueño de todo. La patria será de todos,
los que gobiernan.