El aspecto criminal de los paros

El derecho de una persona termina donde comienza el de los demás. Bajo esa óptica, el derecho a protestar es perfectamente legítimo en cuanto no afecte el derecho de otras personas. Pero cuando un manojo de irresponsables toma por rehén a la economía de una comunidad o de un país, no solo excede sus derechos sino que comete un acto directamente criminal que debería ser penado por ley.

Lo estamos viviendo ahora con el paro petrolero, pero no es la primera vez que algo así sucede en el país. Cada vez que los transportistas públicos utilizan sus vehículos para bloquear el tránsito también infringen el derecho al trabajo de sus conciudadanos, lo que es tan criminal y reprochable como el actual paro petrolero. Todo esto sucede a vista y paciencia del resto de la comunidad. La pregunta es: ¿hasta cuando las mayorías vamos a permitir que las minorías hagan lo que les da la gana con nuestro bienestar?

Para ilustrar mi punto pongo un ejemplo: el famoso paro petrolero está haciendo que el déficit fiscal proyectado del Ecuador sea más grande que el monto que el financista Chávez tan desinteresadamente ofreció prestarnos; esto nos llevará a una de dos opciones: a) necesitaremos aún más deuda para financiar nuestro gasto – lo que implica más pagos de servicio de deuda a costilla de los contribuyentes, o b) enfrentaremos una nueva cesación de pagos cuyas consecuencias las vimos ya a finales de la década pasada y principios de esta. Todo por un manojo de irresponsables. ¿Hasta cuándo?

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