Indignación, vergüenza y nueva traición

Indignación por el ruin abuso de poder de quien detenta la primera autoridad del Estado.  Vergüenza por la celeridad con que un juez temporal dicta sentencia en una demanda por 80 millones de dólares.  La nueva traición viene de parte de la despistada María Paula Romo, quien con su voto en blanco contribuyó a que se cumpla la pretensión del régimen de nombrar a Tania Arias como delegada de la Asamblea a la Comisión Tripartita que reemplazará al Consejo de la Judicatura.

Nada nuevo tengo que decir sobre los acontecimientos de las últimas horas.  La cabeza del Poder Ejecutivo ha abandonado incluso las formas y se muestra ya con total desparpajo, narcotizado de poder, dando rienda suelta a sus más bajas pasiones.  Solo resta seguir atentos y dar muestras concretas de apoyo y solidaridad a Emilio Palacio, diario El Universo y los hermanos Pérez.

En cuanto a María Paula Romo, y por extensión a su incipiente movimiento político Ruptura 25, solo cabe añadir que ha contribuido -por omisión- a sepultar lo poco que quedaba del Poder Judicial en el Ecuador.  La misma persona que en 2005 habló con pasión y raciocinio en contra de la conformación de la "Pichicorte" ahora mira para el otro lado cuando el Ejecutivo se apresta a controlar la función del Estado que aún no tenía bajo su absoluto poder.

Cabe preguntarse, entonces:  ¿Será que el supuesto secuestrado del 30S se está 'curando en salud', no sea que se abra un proceso judicial medianamente independiente en su contra por los trágicos acontecimientos de ese día?

Doctora Romo: la próxima vez quiera saber "quién [más] jodió al país" vaya y mírese al espejo.

¿La última carta del régimen?

* Escrito antes de las elecciones del 7 de mayo.  

Ecuador en vivo reproduce parte del enlace ciudadano del 30 de abril, en que César Montúfar y un reducido grupo de sus coidearios retan al presidente a debatir.  Rafael Correa se encuentra en un recinto cerrado con las personas que asisten al evento.  Montúfar y su grupo, están afuera protestando.

En un torpe intento de descalificar al opositor, Correa empieza a corear "mediocre, mediocre, mediocre…", arengando a los asistentes a seguirlo.  Después se muestra una breve toma de la gente del auditorio aplaudiendo, pero con algunas personas en las últimas filas que se quedan cruzadas de brazos.  (Sugiero a los lectores acceder directamente a la fuente para sacar sus propias conclusiones.)

¿Es este el mismo individuo que protagonizó un categórico triunfo en las últimas elecciones presidenciales?  ¿Muestra la misma seguridad y certeza con que demolía a sus adversarios en los debates presidenciales previos a la elección de 2006?  Definitivamente no.  Aquí se ve a un sujeto inseguro que apenas logra una risa sardónica para intentar ocultar su desazón -sin lograrlo.  Habla de "respeto", de "fiesta democrática", pero inmediatamente se delata él mismo adviertiendo sobre el riesgo de desgaste de su imagen y de las posibles acusaciones de intolerancia.  Para muestra un botón:  "…me buscan, es, a mí: provocar al presidente para generar incidentes."

César Montúfar es un político respetable, pero no tiene ni de lejos el carisma ni la elocuencia de Rafael Correa, ¿por qué entonces este último ni siquiera responde directamente que no va a debatir?  ¿Tiene miedo?

Correa cava su propia tumba con su actitud procaz y pendenciera: Sus exabruptos y desatinos van mermando su aceptación popular, provocando en él aún más frustraciones, que a su vez desfoga con mayor virulencia y resentimiento.

Por otra parte, las irreales expectativas generadas por el régimen en la campaña -ininterrumpida desde 2006- no pueden, naturalmente, transformarse en realidad.  El Estado no cuenta con los fondos ni la capacidad operativa para atender las demandas de servicios de salud y educación en el plazo y calidad que la propaganda oficial pretende hacer creer.  La sensación de inseguridad se mantiene y no se necesita ser un genio para notar que la economía apenas avanza.

Sí, Correa tiene miedo.  Los resultados de su gestión, en muchos casos concretos y efectivos, quedan muy lejos de las expectativas generadas; mientras que los fracasos son estrepitosos y no atina a dar solución a los mismos.  Su imagen de líder carismático y bien intencionado ha perdido su lustre, y se evidencia cada vez más su lado oscuro.

Con este proceso electoral, está claro que se busca concentrar aún más poder en la figura del presidente, y es de presumir que para el régimen es aún más importante medir las tendencias en las preferencias electorales de la población.  Porque al final, todos sabemos que en el Ecuador los procesos políticos no se enmarcan dentro de la constitución y las leyes -pocas veces en la historia nacional ha sucedido así- sino en lo que es posible de lograr sin perder demasiado apoyo popular.

Es muy pronto para saber si esta consulta es, en efecto, la última carta del régimen.  Pero la historia reciente del Ecuador está llena de presidentes derrocados por pasar de la audacia a la simple y llana imprudencia.  

 

 

 

El caso Cervecería Nacional y la justicia en Ecuador

Uno de los principales problemas-raíz en nuestro país -y en Latinoamérica en general- es que nuestra legislación es ampliamente atentatoria a los derechos fundamentales, que son: vida, libertad y propiedad.  (Una frase criolla ilustra muy bien esta situación: "Tiene razón, pero igual va preso…")  Además, por si no fuera suficiente, las cortes y sus funcionarios no gozan de prestigio -según lo han demostrado encuestas a nivel latinoamericano donde las cortes ecuatorianas salen muy mal paradas.  Como resultado, para muchos de nosotros es difícil de creer que en los fallos judiciales se observan la letra y espíritu de la ley, ni qué decir de que realmente se imponga justicia a través de ellos.

He escuchado a amigos abogados decir -muy sueltos de huesos- frases como 'en el Ecuador no hay justicia' o referirse al edificio de la Corte Superior como 'el palacio de la moneda'.  Y nadie se escandaliza por ello.

Esto nos lleva al polémico caso de Cervecería Nacional.  Frente a los supuestos abusos de la empresa hacia un grupo de personas que laboraron en ella, una jueza de la Niñez y Adolescencia emitió un fallo que inhabilitaba la operación total de la cervecería, causando graves perjuicios a los dueños, empleados, proveedores y distribuidores.  La jueza en mención no tendría jurisdicción para tratar un tema laboral, y la sanción era, por lo menos, desproporcionada.

Frente a esto, la cervecería apela el fallo ante la Corte Constitucional y esta lo deja sin efecto.  Pocas semanas después, un asambleísta de oposición presenta la copia notarizada de un cheque por medio millón de dólares que la empresa giró a favor del hermano del secretario de la CC, pocos días antes de que esta dicte su sentencia.  La versión de la cervecería es que fue por honorarios.

Sin poder "alegrarme", como mencionó un amable lector del foro por esta situación, tampoco puedo ser hipócrita y poner a la empresa que produce aquel vital líquido en el banquillo de los acusados -aún cuando pesa sobre ella una grave sospecha de corrupción.  En un país donde -en efecto- no hay justicia, donde los juzgados funcionan en un edificio que tiene por mote 'palacio de la moneda', es iluso pensar que, aún teniendo razón, una persona natural o jurídica vaya a recibir justicia a través de un fallo judicial sin 'aceitar' un poco la maquinaria.

A fin de cuentas, yo quisiera tener respuestas confiables para las siguientes preguntas: ¿La demanda de los ex-trabajadores se ajusta a lo que dice la ley?  ¿Está habilitada una jueza de la Niñez y Adolescencia dictar un fallo en un caso laboral?  ¿El fallo de esa jueza es procedente?  ¿O es en realidad Cervecería Nacional quien tiene la razón en el caso?  ¿Fue la sentencia de la Corte Constitucional genuinamente válida?

No lo sabemos.  Desde lejos, me da la impresión de que han habido violaciones a la ley por parte de todos los implicados.  Y de ser así, ¿fue por necesidad, porque de otra manera es imposible trabajar en el país o hacer que se respete la normativa vigente?

El problema, obviamente, es de fondo.  Y mientras los medios están distraídos con una supuesta coima (porque en realidad, solo los involucrados saben lo que realmente pasó), una de las preguntas en la consulta propuesta por el Ejecutivo crea la figura de "enriquecimiento ilícito privado" y nadie dice nada.

A continuación una reciente columna de Ricardo Noboa donde se puede ver que muchos compartimos al menos la sospecha de que las 'autoridades competentes' (no son ni lo uno ni lo otro) extorsionan a personas naturales y jurídicas -aún en el supuesto de que tuvieran razón- para emitir sentencias.  Tal es el nivel del cinismo que ahora han dado marcha atrás sobre un fallo supuestamente inapelable.

Cerveza amarga

 

Publicado el 15/Febrero/2011 | 00:04

 

Por: Ricardo Noboa
analisis@hoy.com.ec

El caso es de Ripley. Pero desnuda el descaro con el cual se actúa desde hace ya algún tiempo en el país

A modo de Forrest Gump, el abogado corrió y corrió evadiendo a la prensa. Si no tuviera nada que ocultar, debería haber aceptado la entrevista al salir de la Fiscalía y defendido a su cliente, cual era su deber. Más aún cuando ya había cobrado sus importantes honorarios. Y el mismo día, la Corte Constitucional dejó sin efecto la sentencia. Admitiendo de esta manera su dudoso accionar, la Corte se ha puesto en entredicho. Sencillamente porque tomaron el típico atajo político y no jurídico. Actuaron como aquellos Gobiernos que suben primero y luego bajan la gasolina o el gas. Siendo la máxima instancia legal del país, la que crea jurisprudencias que nadie puede cambiar, la que se convirtió en verdadero Sanedrín después de la Constituyente, resolvió, ante el escándalo publico, anular su sentencia. Actuó igual que el Forrest Gump criollo, corriéndole a la responsabilidad, evadiendo el deber del juez de explicar a la sociedad la motivación de sus providencias.

La Cervecería no es cualquier empresa. Es una empresa símbolo. Fabrica la marca comercial quizá mas importante del país, su producto es consumido por millones de ecuatorianos, sobre todo en la Costa, en donde una "biela" helada es básica con el cebiche después, paradójicamente, de hacer deporte. Su contribución al Fisco ha sido trascendental y sus abogados en los tribunales han sido juristas de la talla, por ejemplo, del doctor Ramón Vela Cobo. Y, de paso, la causa, en mi opinión, era justa, pues los ex trabajadores de una empresa tienen que acudir a la Justicia ordinaria para reclamar sus utilidades, en caso de tener derecho.

Pretender acortar distancias para obtener resoluciones rápidas a través de acciones de protección constituye un engaño a la comunidad, pues pretenden hacernos pensar que un eventual derecho económico -cual es percibir utilidades- constituye un derecho fundamental que no puede ser remediado por los jueces ordinarios, lo que es mentira. Tanto el Código del Trabajo como la antigua Corte Suprema de Justicia y las resoluciones administrativas remiten a los ex trabajadores de una empresa a los jueces del trabajo para que resuelvan tales conflictos. Resolver este particular y definir que aquella jueza de la Niñez que prohibió la comercialización de las marcas actuó mal, era elemental. Y además el caso contaba con el respaldo de la opinión publica, que observó absorta cómo una jueza especializada en divorcios y alimentos prohibió la comercialización de la Pilsener. Evidentemente, pagar y cobrar una coima, cualquiera que esta sea, está muy mal. Pero ¡qué corrupción más sinvergüenza esta que, al menos de lo que parece, ha facturado por dictar una resolución básica, dado que no se necesitaban mayores conocimientos para resolverla! Y qué ingenua la empresa al pensar que la contratación de un abogado graduado antes de ayer en una universidad a distancia, hermano del secretario de la Corte, a quien se le paga muchísimo dinero, no iba a generar un escándalo público.

El caso es de Ripley. Pero desnuda el descaro con el cual se actúa desde hace ya algún tiempo en el país. Esta Corte, que empezó como tribunal y se transformó sin derecho alguno en Corte Constitucional, tiene mucho que explicar. Y su autoridad moral para resolver graves problemas nacionales esta seriamente cuestionada.

http://www.hoy.com.ec/noticias-ecuador/cerveza-amarga-458655.html

 

Por el momento, muy poco y muy tarde

Más vale tarde que nunca…  Pero no es suficiente.  Por tibio y extemporáneo, el gesto de Ruptura 25 de separarse del gobierno a estas alturas, con un escueto comunicado en rueda de prensa y sin responder preguntas, hoy sirve (y les sirve) de muy poco.  Dicen que no pasarán a la oposición.  Me provoca risa esa afirmación, ¿pretenden ignorar el hecho de que para este régimen el que no se allana a sus designios es un enemigo al cual eliminar, o al menos, calumniar?

Si al menos hubieran sido un poco más enérgicos…  Mas no pueden, tienen el rabo de paja.  Después de hacerse de la vista gorda y colaborar con lo que a las claras y desde hace mucho tiempo es un proyecto totalitario y empobrecedor, es muy difícil ahora rasgarse las vestiduras sin ridiculizarse más de lo que ya están.

Les concedo las buenas intenciones iniciales y un alto coeficiente intelectual.  Pero su complicidad en la redacción de un 'documento' que de 'Constitución' solo tiene el título, y su colaboración activa en un gobierno sin dios ni ley muestra que tienen una visión política que no le hace justicia a sus privilegiadas preparación, capacidad y oportunidades .  Incapaces de anticiparse a las implicaciones de llevar al poder a un individuo con las evidentes taras de que hizo gala Correa durante su campaña, fueron además obsecuentes con los burdos -pero efectivos- ataques de este a la poca institucionalidad que le quedaba al país.

Es cierto que en política hay que ceder para poder avanzar, pero R25 se separa cuando el retroceso es evidente y habiendo entregado casi todo lo que podían ofrecer.  Obteniendo muy poco, para el país y para sí mismos.  Así como una marca se arruina cuando la gente percibe que el producto no cumple lo que promete, R25 está de momento liquidada.  Tendrán que revivirla, reinventarse sus líderes, si es que quieren y pueden.  De mi parte les sugiero curarse de ese anacrónico desarrollismo paternalista que es, a fin de cuentas, nada más que una mutación políticamente correcta de la mentalidad feudalista que desde hace tanto tiempo mantiene al Ecuador al margen del desarrollo y la prosperidad.

Creo sin temor a equivocarme que, en el fondo, comparto con quienes hacen R25 el anhelo de mejores días para el Ecuador.  ¿Les servirá esto para darse cuenta de que tienen que replantearse todo desde el comienzo?  ¿Serán capaces de reconocer, al menos en su fuero interno, de que la 'Constitución' de Montecristi es una afrenta histórica?  ¿Estarán dispuestos a reconocer las virtudes y beneficios de un capitalismo sin privilegios como la más efectiva arma para el combate a la pobreza estructural que se vive en el Ecuador?  ¿Comprenderán que, en términos políticos y económicos, no tenemos que reinventar la rueda, sino empezar a usarla y difundirla?

Creo también que las personas merecen una segunda oportunidad, más si han mostrado destellos de lucidez.  El desafío está claro.  Tienen toda una vida para rectificar.

‘Geoengineering’, un concepto interesante

Desde su aparición en la Tierra, la humanidad ha procurado su bienestar dominando la naturaleza.  Si en comienzo fue cazar bestias, prenderle fuego a unas ramas secas y recoger agua de lluvia en un cuenco; después fue criar hatos ganaderos, construir calderas y plantas hidroeléctricas.

Ahora puede ser el turno de la 'geoingeniería'.

Este neologismo está empezando a aparecer con frecuencia en los medios de habla inglesa ('Geoengineering'), y presumo que también sus equivalentes en otras lenguas.  Se trata de una serie de propuestas destinadas a contrarrestar los efectos del cambio climático mediante la intervención directa y deliberada en el ambiente, en lugar de atacar las causas (reales o supuestas).

Algunas de las iniciativas, que cuentan con el aval de reconocidos científicos, son:

"Ahumar" la atmósfera de manera que una mayor proporción de los rayos solares sean reflejados de vuelta al espacio, reduciendo las temperatura en la Tierra; absorber el exceso de CO2 mediante plantas o procesos químicos; asegurar en su sitio los glaciares de los casquetes polares para que no caigan a los mares y aumenten el nivel de éstos.  (Fuente: The Economist)

Según sus promotores, estas alternativas serían mucho más económicas, rápidas y fáciles de implementar que los bonos de carbón o el dudoso Protocolo de Kioto.

Claro que al pretender modificar el entorno climático a tan gran escala, estamos entrando en un lugar no explorado antes por la ciencia, cuyas consecuencias podrían ser peores que los males que queríamos combatir en un comienzo.  

Es un riesgo que, sin duda, deberemos de asumir responsablemente, sin atavismos ni falsa moral.

El vínculo que aparece arriba los llevará a la página web de The Economist, que explica con detalle los mecanismos mencionados.  Vale la pena leerlo.

Comprendo, pero yo no como esos cuentos

No puedo decir todo lo que hace Rafael Correa está mal: gran parte del crecimiento del presupuesto estatal es para costear el incremento de médicos y profesores asignados a hospitales y escuelas públicas.  Y no me atrevería a decir que antes la política se manejaba bien; mucho menos negaría que los ecuatorianos queremos un cambio.

Por eso comprendo que todavía existe –y seguirá existiendo– una gran cantidad de compatriotas que tienen muchas esperanzas en Correa; que lo ven como el único capaz acabar con la serie de vicios que caracterizan a la política ecuatoriana.  Ven en el presidente a un verdadero patriota, comprometido con los más débiles y valiente frente a las mafias que saquearon el país.  Un presidente que si bien es vehemente y muchas veces no mide sus palabras y acciones, merece el absoluto respaldo de su pueblo y el poder total del Estado.  Porque no hay otro: él es el único que puede llevar adelante el cambio que necesita el país.

Pero yo no como esos cuentos.  Existe suficiente evidencia histórica para desconfiar del poder, y mucho más de aquellos que buscan aumentarlo permanentemente, como es el caso del señor Correa. 

El actual Presidente de la República es, al fin y al cabo, un ser humano con virtudes y defectos, un mortal como cualquier otro.  A pesar de las buenas intenciones que pudiera tener, su investidura no lo convierte en un ser pleno de sabiduría y bondad.  Por el contrario, el creciente poder que ostenta lo hace –como a cualquier otra persona– más vulnerable a corromperse y ser presa de las bajas pasiones.

En vez de desconfiar del poder en sí y por sí, al presidente se lo ve intoxicado de éste.  Su reacción frente a un grupo de policías que lo abucheó muestra a un sujeto cegado por la soberbia: infatuado consigo mismo, no puede concebir que alguien lo critique o le haga un desplante.  En su visión distorsionada de la realidad, después del desprecio sólo existe la muerte.  Fácilmente se puede leer entre líneas: "si no me respetan, entonces vengan a matarme".  (Si alguien dice que fue cosa del momento, lo reto a que demuestre que el señor Presidente reconoce oportunamente que se equivocó en su reacción.)

Creer ciegamente en Rafael Correa, o en cualquier persona, es desconfiar de uno mismo.  Esperar que los problemas de pobreza e injusticia se resuelvan por medio de la gestión de un "iluminado" o grupo de "iluminados" es ilusorio.  (La respuesta está en un marco de respeto, libertad y responsabilidad que permita a cada persona desarrollarse y vivir de acuerdo a su esfuerzo y aspiraciones.)

Por el camino que va, este presidente dejará al país peor de lo que lo recibió.  Había una débil institucionalidad, mas ahora casi no existe porque está subyugada a la voluntad del primer mandatario.  La poca libertad económica solo permitía avances tímidos contra la pobreza, pero ahora incluso esa poca libertad la han coartado por varios frentes, dejándonos un Estado que gasta más, con ciudadanos obligados a gastar menos.  Las cortes no funcionaban como debían por falta de transparencia y presupuesto; ahora hay más presupuesto, pero menos seguridad jurídica.  La producción petrolera crecía poco, ahora decrece.  Teníamos importantes egresos por pago de una deuda de largo plazo, calificada de "ilegítima"; ahora tenemos que endeudarnos caro y a corto plazo, porque no hay con qué terminar de tapar un déficit de 4000 millones de dólares.  La lista sigue, pero está bastante claro el panorama para los que lo quieran ver e investigar.

 

 

 

Puedo sentir antipatía hacia Rafael Correa, o no.  Puedo creer que conduce la economía responsablemente, o sospechar que terminará con la dolarización y le echará la culpa a otros.  Puedo mofarme de sus discursos, o sentirme inspirado por ellos.  Puedo creer que fue secuestrado y no había otra alternativa que un rescate sangriento, o puedo pensar que no había razón alguna para ordenar una incursión armada en un hospital.  Puedo pensar que sus palabras frente a sus simpatizantes la noche del 30 de septiembre fueron sinceras, o no creerle ni lo que se persina.

En todo caso, me reservo el derecho de no comer cuentos si puedo evitarlo.

Tiempo de duelo y reflexión

Froilan

Mis condolencias a la familia del agente del GOE, Froilán Jiménez, fallecido frente al Hospital Militar.  No puedo siquiera imaginar el dolor, no solo de perder a un ser querido, sino de ser testigos vía televisiva de sus últimos momentos.

Tristemente, las últimas noticias indican que hay al menos un fallecido más en filas policiales y uno en filas militares.  Mi solidaridad, también, con sus familias.

No esperé jamás una huelga de policías, y mucho menos el enfrentamiento fratricida con efectivos militares.  Lo que no me ha extrañado es el oportunismo del régimen para tratar de sacar réditos políticos de la situación.  Aunque hablaron de un día triste, lo que se vio en la Plaza Grande tenía más apariencia de alarde de popularidad que de otra cosa.

Me queda la sensación de que casi todo fue una puesta en escena, y que la tropa policial fue manipulada y traicionada varias veces durante el día.