Estado de Derecho en América Latina

Tribuna liberal entrevista a Enrique Ghersi

Es importante saber la diferencia entre Estado de Derecho y ley. Por ejemplo, el ser humano tiene derecho a comprar y vender productos y servicios al mejor postor, por otro lado esta la ley (no la ley natural o universal), la cual está hecha por el hombre para el hombre. Interesante entrevista que encontré en la página web del IEEP (Instituto Ecuatoriano de Economía Política), la cual pongo a disposición del blog.

Estado de Derecho vs. Estado de Legalidad con Enrique Ghersi

En este programa Enrique Ghersi habla de la ausencia de Estado de Derecho en gran parte de los países latinoamericanos, pues para él la ley en nuestras naciones son instrumentos de la voluntad arbitraria del poder y no son un límite al mismo como debería ser.

Fuente: Archivos del IEEP. Programa emitido el 3 de Junio del 2007.
Modificado el ( viernes, 08 de junio de 2007 )

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Mecenas verdes

Por Rómulo López Sabando

Publicado originalmente por Diario Expreso.

El Oriente es un mito, dijo Galo Plaza. Burócratas y políticos tan mal lo tratan que su riqueza es el paraíso de pocos y el infierno del Ecuador. Del frenesí y voracidad petroleros viven los gobiernos que depredan al pueblo. Además, a nombre del Estado, nos endeudan sin beneficio alguno para la Amazonía. Deudas que nadie paga con sus bienes propios ni responden por los ingresos y gastos petroleros. Los pueblos amazónicos sufren deforestación y contaminación. Arrasan su vida, animales y vegetación.

La Amazonía es mito, fábula, delirio, fantasía y falso paraíso del petróleo que no ha disminuido la pobreza sino que aumenta la corrupción. Es falso que el petróleo disminuya la pobreza. Había una vez cuatro individuos llamados «Todo el mundo», «Alguien», «Nadie» y «Cualquiera» Siempre que había un trabajo importante por hacer, «Todo el mundo» estaba seguro de que «Alguien», lo haría. «Cualquiera» podría haberlo hecho, pero «Nadie» lo hizo. Cuando, «Nadie» lo hizo, «Alguien», se puso nervioso porque «Todo el mundo» tenía el deber de hacerlo. Al final, «Todo el mundo» culpó a «Alguien» cuando «Nadie» hizo lo que «Cualquiera» podría haber hecho.

Así, la culpa de todos es la culpa de nadie. Y esta es la tragedia de nuestro país. El mundo pierde bosques y selvas. Para evitarlo algunas ONG y otros como Johann Eliasch, magnate sueco de 45 años, «harto de oír a los políticos hablar y hacer nada» adquirió en Brasil una parcela de selva amazónica casi el doble de Hong Kong y la vigésima parte de Guayas. (1.900 Km2) con la intención de protegerla. Decepcionado por las políticas públicas sobre medio ambiente decidió intervenir privadamente en defensa del planeta comprando tierra.

Otros magnates compran parcelas en Brasil. Su ejemplo despierta debate, con aplausos y duras críticas. Son formas diferentes de lograr un mismo objetivo. Eliasch es dueño de la marca deportiva Head y familia de potentes empresarios. No cuenta cuánto pagó por las tierras adquiridas en el noroeste de Brasil, cerca de la ciudad de Manicoré. Pero, el precio no importa. Lo que cuenta es el motivo: La defensa de la Amazonía no es sólo un asunto de biodiversidad. «La deforestación es una de las mayores fuentes de emisiones de CO2». «Comprar y proteger selva pluvial es el camino por el cual un particular puede tener un impacto directo y significativo en la lucha contra el cambio climático», dice. Con Eliasch ya no se puede talar.

No hoteles ni resorts en la parcela del sueco. Pero ha concedido a los locales el derecho de cosechar gratis frutos en su tierra. Douglas Tompkins y su esposa Kristine McDivitt compraron en Patagonia miles de kilómetros cuadrados, con una inversión de US $ 190 millones. Se destinan a parque natural. Son ex empresarios, fundadores de las marcas Esprit, North Face y Patagonia.

Las críticas caen sobre el valor estratégico de las tierras. Algunos especulan sobre segundas intenciones para aprovechar los recursos naturales. Otros, en Chile, alegan que las posesiones de la pareja cortan en dos el país, ya que se extienden desde el océano hasta los Andes. «Las polémicas son inaceptables», dice Juan Carlos del Olmo, Secretario General de WWF/Adena. «Yo estuve en esas tierras, vi la explotación salvaje que hacían algunas empresas. Nadie decía nada. Luego llega alguien con la intención de proteger, y todos se le echan encima».

El regreso del idiota

Resumen de Mario Vargas Llosa

Publicado por el Diario La Nacion (Argentina)

Hace diez años apareció el Manual del perfecto idiota latinoamericano , en el que Plinio Apuleyo Mendoza, Carlos Alberto Montaner y Alvaro Vargas Llosa arremetían con tanto humor como ferocidad contra los lugares comunes, el dogmatismo ideológico y la ceguera política que están detrás del atraso de América latina.

El libro, que golpeaba sin misericordia, pero con sólidos argumentos y pruebas al canto, la incapacidad casi genética de la derecha cerril y la izquierda boba para aceptar una evidencia histórica -que el verdadero progreso es inseparable de una alianza irrompible de dos libertades, la política y la económica, en otras palabras, de democracia y mercado-, tuvo un éxito inesperado. Además de llegar a un vasto público, provocó saludables polémicas y las inevitables diatribas en un continente "idiotizado" por la prédica ideológica tercermundista, en todas sus aberrantes variaciones, desde el nacionalismo, el estatismo y el populismo hasta, cómo no, el odio a Estados Unidos y al "neoliberalismo".

Una década después, los tres autores vuelven ahora a sacar las espadas y a cargar contra los ejércitos de "idiotas" que, quién lo duda, en estos últimos tiempos, de un confín al otro del continente latinoamericano, en vez de disminuir parecen reproducirse a la velocidad de los conejos y cucarachas, animales de fecundidad proverbial. El humor está siempre allí, así como la pugnacidad y la defensa a voz en cuello, sin el menor complejo de inferioridad, de esas ideas liberales que, en las circunstancias actuales, parecen particularmente impopulares en el continente de marras.

Pero ¿es realmente así? Las mejores páginas de El regreso del idiota están dedicadas a deslindar las fronteras entre lo que los autores del libro llaman la "izquierda vegetariana", con la que casi simpatizan, y la "izquierda carnívora", a la que detestan. Representan a la primera los socialistas chilenos -Ricardo Lagos y Michelle Bachelet-, el brasileño Lula da Silva, el uruguayo Tabaré Vázquez, el peruano Alan García y hasta parecería -¡quién lo hubiera dicho!- el nicaragüense Ortega, que ahora se abraza con, y comulga con frecuencia de manos de su viejo archienemigo, el cardenal Obando.

Esta izquierda ya dejó de ser socialista en la práctica y es, en estos momentos, la más firme defensora del capitalismo -mercados libres y empresa privada- aunque sus líderes, en sus discursos, rindan todavía pleitesía a la vieja retórica y de la boca para afuera homenajeen a Fidel Castro y al comandante Chávez.

Esta izquierda parece haber entendido que las viejas recetas del socialismo jurásico -dictadura política y economía estatizada- sólo podían seguir hundiendo a sus países en el atraso y la miseria. Y, felizmente, se han resignado a la democracia y al mercado.

La "izquierda carnívora", en cambio, que, hace algunos años, parecía una antigualla en vías de extinción que no sobreviviría al más longevo dictador de la historia de América latina -Fidel Castro-, ha renacido de sus cenizas con el "idiota" estrella de este libro, el comandante Hugo Chávez, a quien, en un capítulo que no tiene desperdicio, los autores radiografían en su entorno privado y público con su desmesura y sus payasadas, su delirio mesiánico y su anacronismo, así como la astuta estrategia totalitaria que gobierna su política.

Discípulo e instrumento suyo, el boliviano Evo Morales, representa, dentro de la "izquierda carnívora", la subespecie "indigenista", que, pretendiendo subvertir cinco siglos de racismo "blanco", predica un racismo quechua y aymara, idiotez que, aunque en países como Bolivia, Perú, Ecuador, Guatemala y México carezca por completo de solvencia conceptual, pues en todas esas sociedades el grueso de la población es ya mestiza y tanto los indios como los blancos "puros" son minorías, entre los "idiotas" europeos y norteamericanos, siempre sensibles a cualquier estereotipo relacionado con América latina, ha causado excitado furor.

Aunque en la "izquierda carnívora", por ahora, sólo figuran, de manera inequívoca, tres trogloditas -Castro, Chávez y Morales- en El regreso del idiota se analiza con sutileza el caso del flamante presidente Correa, de Ecuador, grandilocuente tecnócrata, quien podría venir a engordar sus huestes.

Los personajes inclasificables de esta nomenclatura son el presidente argentino, Kirchner, y su guapa esposa, la senadora Cristina Fernández (y acaso sucesora), maestros del camaleonismo político, pues pueden pasar de "vegetarianos" a "carnívoros" y viceversa en cuestión de días y a veces de horas, embrollando todos los esquemas racionales posibles (como ha hecho el peronismo a lo largo de su historia).

Una novedad en El regreso del idiota sobre el libro anterior es que ahora el fenómeno de la idiotez no lo auscultan los autores sólo en América latina; también en Estados Unidos y en Europa, donde, como demuestran estas páginas con ejemplos que producen a veces carcajadas y a veces llanto, la idiotez ideológica tiene también robustas y epónimas encarnaciones. Los ejemplos están bien escogidos: encabeza el palmarés el inefable Ignacio Ramonet, director de Le Monde Diplomatique , tribuna insuperable de toda la especie en el Viejo Continente y autor del más obsecuente y servil libro sobre Fidel Castro -¡y vaya que era difícil lograrlo!-, y lo escolta Noam Chomsky, caso flagrante de esquizofrenia intelectual, que es inspirado y hasta genial cuando se confina en la lingüística transformacional y un "idiota" irredimible cuando desbarra sobre política.

La Madre Patria está representada por el dramaturgo Alfonso Sastre y sus churriguerescas distinciones entre el terrorismo bueno y el terrorismo malo, y los premios Nobel por Harold Pinter, autor de espesos dramas experimentales raramente comprensibles y sólo al alcance de públicos archiburgueses y exquisitos, y demagogo impresentable cuando vocifera contra la cultura democrática.

En el capítulo final, El regreso del idiota propone una pequeña biblioteca para desidiotizarse y alcanzar la lucidez política. La selección es bastante heterogénea pues figuran en ella desde clásicos del pensamiento liberal, como Camino de servidumbre , de Hayek, La sociedad abierta y sus enemigos , de Popper, y La acción humana , de von Mises, hasta novelas como El cero y el infinito , de Koestler, y los mamotretos narrativos de Ayn Rand El manantial y La rebelión de Atlas . (A mi juicio, hubiera sido preferible incluir cualquiera de los ensayos o panfletos de Ayn Rand, cuyo incandescente individualismo desbordaba el liberalismo y tocaba el anarquismo, en vez de sus novelas que, como toda literatura edificante y propagandística, son ilegibles.)

Nada que objetar, en cambio, a la presencia en esta lista de Gary Becker, Jean François Revel, Milton Friedman y (el único hispano hablante de la selección) Carlos Rangel, cuyo fantasma debe sufrir lo indecible con lo que está ocurriendo en su tierra, una Venezuela que ya no reconocería.

Pese a su buen humor, a su refrescante insolencia y a la buena cara que sus autores se empeñan en poner ante los malos vientos que corren por América latina, es imposible no advertir en las páginas de este libro un hálito de desmoralización. No es para menos. Porque lo cierto es que, a pesar de los casos exitosos de modernización que señala -el ya conocido de Chile y el promisorio de El Salvador, sobre el que aporta datos muy interesantes, así como los triunfos electorales de Uribe en Colombia, de Alan García en Perú y de Calderón en México, que fueron claras derrotas para el "idiota" en cuestión- lo cierto es que en buena parte de América latina hay un claro retroc
eso de la democracia liberal y un retorno del populismo, incluso en su variante más cavernaria: la del estatismo y colectivismo comunistas.

Esa es la angustiosa conclusión que subyace a este libro afiebrado y batallador: en América latina, al menos, hay una cierta forma de idiotez ideológica que parece irreductible. Se le puede ganar batallas pero no la guerra, porque, como la hidra mitológica, sus tentáculos se reproducen una y otra vez, inmunizada contra las enseñanzas y desmentidos de la historia, ciega, sorda e impenetrable a todo lo que no sea su propia tiniebla.

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NOTICIAS DESDE VENEZUELA

Me da gracia y tristeza escuchar por toda latinoamerica quienes defienden a Chaves y lo denominan libertador de los pobres, castigo de los ricos, etc.  Muchas de estas personas o todas, nunca han puesto un pie en Venezuela o hablado con un Venezolano.  Quisiera tener el dinero para regalarles el pasaje.  Tengo un buen amigo que vive desde hace un par de anios en Venezuela, el otro dia me comentaba por internet que la escasez de alimentos que el gobierno tanto ha acallado a llegado a niveles que e racionan arroz, carne, leche, etc.  Es cierto que en Venezuela los ricos han sido castigados, pero tambien la clase media, los pobres y demas que ahora que Chaves les ha dado dinero gratis a todo, no sirve de nada pues no hay nada que comprar.  De que sirve tener oro y estar muriendote de sed en la mitad del Desierto?

Ese es el modelo que queremos seguir? No es mejor un modelo donde ricos, pobres, clase media, se beneficien?  La logica la dejo para otro dia, no funciona en Latino America, se perdio la batalla, sabias las palabras de Bolivar: He arado en el mar.  Lucho por nuestra independencia, para darse cuanta que nos habia dejado en manos de militares igual de despotas, tiranillos, igual somos esclavos, no de un gobierno extranjero, sino de la ignorancia de un pueblo que no sabe donde yace el futuro.

Tras bastidores

En defensa de la libertad de expresión, el diario La Hora publica el día de hoy datos relacionados con el juicio que el régimen le sigue por el editorial vandalismo oficial, para lo cual publica también un video.

El editorialista César Montúfar, entrevistado por CRE Satelital, menciona que el ataque (terreno que domina el régimen) a la prensa responde a una «estrategia», ya que esto le da popularidad, y pedirle a Correa diálogos o consensos es pedirle que se suicide políticamente, conjetura en el artículo la palabra del cambio del día de hoy en El Comercio. Para esto considera que los medios deberían de llevarlo a otro terreno, osea empezar a pedirle cuentas de su gestión.

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