El gato hambriento

Diario Expreso

La “obra pública” que promueve el barón ingles Lord Keynes (1883-1946)
es aquella que, para reactivar la economía imprime (falsifica)
billetes, y pone a cien hombres a hacer zanjas o huecos y a otros cien
a taparlas para que, con lo que el gobierno les pague, aumenten su
consumo y generen “demanda agregada”.

La obra pública que reconstruye y mantiene ciudades y se realiza con
menor inversión en burocracia (80/20) no es la sugerida por Keynes.
Quienes no han leído a Keynes y los neokeynesianos aúpan a los
políticos devaluadores. Las recetas temporales de Keynes, distorsionan
los precios relativos.

Keynes es el inventor del “consumismo”. Cuando los ciudadanos consumen
con su propio dinero son criticados. Pero si quien gasta (consume) es
el Gobierno, con el dinero (ajeno) de los contribuyentes, es válido. La
receta keynesiana y el “curso forzoso” generan inflación e “ilusión
monetaria”. Induce a gastar más de lo que se gana. Degradan la moneda y
causan obesidad estatal. La quiebra económica y el deterioro moral
invaden a la sociedad. Si el gobierno reduce sus ingresos, sea del
petróleo o tributario, no debe gastar (inflar el gasto público, es
decir inflación) más de lo que recauda. Esto genera déficit fiscal que
se oculta con mayor inflación. Es el más terrible tormento de los
pobres y desempleados.

El “curso forzoso” del sucre y las dispendiosas políticas públicas,
financiadas por el petróleo, la demagogia y el peculado resultante,
reventaron la economía en el siglo XX. “Los gobiernos siempre
financiaron sus déficits emitiendo dinero (esto no fue un invento de
Keynes)”, dijo Juan Carlos Cachanosky (Phd en Economía). La moneda
argentina, asfixiada por la híper inflación del gasto público compraba
un dólar con 170.000.000.000.000.000.000.000 de pesos.

Alemania y Austria eliminaron el “curso forzoso”. La convertibilidad
las convirtió en las monedas más estables de Europa. Si el gobierno
“impone” su manera de pensar vivimos una sociedad compulsiva.

En una sociedad libre “nadie” puede hacer a través del Estado lo que no
puede hacer en forma personal. Si no se respeta la libertad del
ciudadano de elegir la moneda con que quiere realizar los intercambios,
las agresiones a través del Estado se institucionalizan.

Al imponer por la fuerza su voluntad, revierte la razón de ser del
Estado, que es impedir la violencia entre grupos.

El curso forzoso (imposición) obliga a las personas a usar un dinero
que se desvaloriza y privilegia intereses creados, públicos y privados.
Por eso la gente elige comprar dólares para protegerse de la pérdida de
valor de la moneda nacional. La compra de dólares no es la “causa” de
la devaluación de la moneda nacional sino la “consecuencia”. El dólar
más estable es un refugio para protegerse de la inflación.
“Confiarle el dinero al gobierno es como confiarle nuestro canario a un gato hambriento.” dijo Hans F. Sennholz (1922-2007).

Los privilegios del monopolio

La redistribución no es de ricos a pobres sino de grupos desorganizados a grupos organizados. Carlos Rodríguez Braun

Cerrando el mercado poniendo restricciones a las importaciones con retóricas nacionalistas se favorece a grupos privilegiados (monopolios alcahueteados por el Estado) creando mercados cautivos perjudicando a los consumidores en general que se verán obligados a consumir productos que el régimen impone, estimulando el contrabando y la corrupción en lugar del crecimiento. En otras palabras el gobernante que aplica estas políticas insulta la inteligencia del ciudadano, al decidir lo que debe y no debe consumir, metiéndole mano además al presupuesto y bolsillo de cada habitante, escogiendo a dedo ganadores y perdedores.

«El conceder el monopolio del mercado nacional a la producción nacional, en cualquier arte o industria, equivale en alguna medida a dictar a los ciudadanos particulares la manera en que deberían emplear sus capitales, y en todos los casos resulta una intervención inútil o perjudicial. … Los comerciantes y los industriales son las personas que obtienen el mayor beneficio del monopolio del mercado nacional… Ellos fueron los inventores originales de esas restricciones a la importación de bienes extranjeros que les garantiza el monopolio del mercado nacional. …»

Adam Smith, en La Riqueza de las Naciones, 1776, pág. 555-7 (Alianza Editorial, primera edición en ´El libro de bolsillo´: 1994. Cuarta reimpresión. Traducción de Carlos Rodríguez Braun)

Al libre mercado siempre se opondrán de manera irresistible no solamente los prejuicios de la gente (que siempre se encuentra dispersa), sino también los intereses privados de poderosos grupos organizados, que resulta mucho más difícil de vencer, agregó en su clásico libro el escocés Adam Smith (1723 – 1790), dos siglos atrás.

«Este monopolio ha ampliado de tal forma el número de algunas de sus tribus que se han vuelto, igual que un ejército excesivamente numeroso, algo temible para el gobierno, y en muchas ocasiones intimidan a los legisladores. El miembro del Parlamento que apoya las propuestas para fortalecer dicho monopolio puede estar seguro de adquirir no sólo la reputación de ser un experto en economía política sino también popularidad e influencia entre una clase de personas cuyo número y riqueza les proporcionan una enorme importancia. Por el contrario, si se les opone y aún más si tiene suficiente poder como para desbaratar sus planes, entonces ni la honradez más acrisolada, ni el rango más prominente, ni los más grandes servicios a la comunidad podrán protegerlo de las agresiones y los ataques infames, los insultos a su persona y en ocasiones hasta los verdaderos peligros derivados de la ira insolente de monopolistas furiosos y frustrados.»

Adam Smith, idem, pág. 561. (Las negrillas son mías)

Las instituciones y las correctas políticas económicas deben defender la libre competencia que favorece el crecimiento en detrimento de los monopolios. Lo que describiera Adam Smith lo vivía la Gran Bretaña del siglo XVIII, y no fue sino hasta la década de 1830 cuando los británicos Richard Cobden y John Bright impulsaran una campaña en Reino Unido contra las leyes proteccionistas que habían disparado los precios de los alimentos. (Álvaro Vargas Llosa, ¿Dónde está la comida?, El Instituto Independiente, Abril 23 de 2008).

Aún así, en el siglo XX, se da el caso latinoamericano que vivió el fracaso del sistema de sustitución de importaciones, tal es el caso de Chile hasta el régimen de Allende, quién además implementara medidas como el aumento general de salarios, congelación de precios y elevación considerable del gasto público destruyendo la economía de su país tras un año de gobierno allendista. Ni se diga la dictadura más larga de la historia latinoamericana: Cuba. Inconcebible es que hayan Jefes de Estado, en pleno siglo XXI, que sigan tozudamente aplicando políticas económicas perjudiciales y que enciman idolatren criminales, incompetentes y dictadores. Pareciera que nada ha cambiado y peor aún, que se retroceda en el tiempo. Los que se dicen combatir los monopolios, más bien los protegen, y lo paradójico de todo esto, es que tienen la aprobación de quienes resultan perjudicados. El privilegio de los monopolios se sirve de demagogos, prejuicios e idiosincrasia de la gente.

Elogios de un camarada

Un vídeo que está dando vuelta llegó a mi correo electrónico, disponible en Ecuador sin Censura

CUBANIZANDO AL ECUADOR

http://www.youtube.com/watch?v=0m1T3kFaGg8&eurl

No hay que extrañarse, pues alguna vez el gran líder eludió contestar que Cuba era una dictadura y prefirió decir y afirmar que “Cuba tiene su forma de democracia”, elogia a un criminal como el che Guevara y ensalsa al dictador cubano Castro, una de las dictaduras más larga de la historia latinoamericana, siendo además otras de sus perlas el llegar a decir que su prioridad no es dejar un país “más” rico y peor en la opulencia (¿? ¡!).

En el reporte anual del Fraser Institute el Ecuador ocupa el puesto 113 de 141 países en el raking de Libertad Económica, con el precio del crudo en bajada la estrategia del ente central es restringir nuestras compras, posicionados en el lugar 136 de 181 países (retrocedido 3 puestos) en el raking para Hacer Negocios del 2009, tasa de desempleo del 7,5% y subempleo del 48,4% en el 2008 según el INEC (sin camello 60% de la población). En plena crisis económica mundial, seguirnos encerrando solo para que unos cuantos se den lija, y encima haya un 70% de aceptación… Los dejo mejor con el siguiente vídeo: El Optimista

BUSCO TRABAJO

http://www.youtube.com/watch?v=M7NghEA2juw

El cálculo económico

Diario Expreso

Al cumplirse 9 años de que Ecuador eliminó la emisión (falsificación)
de dinero por parte del Estado, implantando al dólar como moneda de
curso legal, cabe preguntar al ciudadano pobre, al ahorrista, al ama de
casa, al empleado público o privado si están dispuestos a cambiar “sus
dólares” por la nueva moneda, cualquiera que fuese su denominación.

De imponerse una moneda paralela al dólar, aunque sólo fuese para el
comercio internacional del área andina o entre países del Tercer Mundo,
la especulación y el tipo de cambio (imaginado por los técnicos del
gobierno) causarán escasez y mercado negro. Se impondrá el trueque y
desaparecerá la estabilidad monetaria.

Los precios, la producción y el comercio quedarán al arbitrio de
políticos para disfrute de grupos monopólicos. La
inflación-devaluación, que estimula el gasto público improductivo, será
ascendente e incontrolable. Destruirá el ahorro y convertirá al
financiamiento en un lastre de la productividad. Los costos de
producción quedarán a las “virtudes cívicas” y “buena fe” de los
políticos y tecnócratas. La codicia será virtud y el peculado su
expresión.

La calidad del trabajo no será producto del esfuerzo personal ni de la
excelencia, sino de la rutina y del sueldo.

La renta nacional dependerá de que se trabaje con desgano y sin ahínco.
No será posible lograr la productividad en el trabajo, pues las
iniciativas del trabajador se supeditarán a lo que determine el
Gobierno, que establecerá la cuota de la producción total que
corresponda a cada uno. Será imposible realizar el “cálculo económico”
La cuenta de pérdidas y ganancias tampoco será viable. La
administración y detección de si se consume la menor cantidad posible
de factores de producción (económico) no advertirá si un negocio arroja
pérdidas.

Las materias primas, los semielaborados y los distintos tipos de
trabajo no producirán mercancías distintas, que los consumidores
valoran y demandan sino lo que se les ocurra a los planificadores.
Habrá menor inversión de capital sin trabajo productivo.

Al no ser viable el “cálculo económico” no será posible calcular la
rentabilidad. Será imposible ordenar la producción, racionalmente. El
cálculo económico averigua el resultado positivo o negativo de la
actividad económica y la utilidad social de las transacciones.

El cálculo económico, que hace cada persona y se basa en cifras
monetarias como el valor de los bienes y servicios, que se expresan en
“dinero”, permite precios reales y evita especulación, carestía y
escasez, siempre que el Gobierno no imponga el valor del signo
monetario.

Al no haber el cálculo económico ni sistema de precios el desempleo y
la pobreza aumentará la emigración (fuga de cerebros y brazos).

La fantasía retórica de ser “propietarios de todo” convierte al Estado
burocrático centralizado en el dueño de todo. La patria será de todos,
los que gobiernan.