Para aquellos que no ven o no quiern ver la realidad, aquie esta alguien que comparte como los paises asiaticos han logrado su exito y como Espana ha logrado un crecimiento economico increible en los ultimos 20 anios. El secreot es libre comercio, cortes justas, leyes laborales flexibles.
Repetir 1.000 veces una mentira, o un error, para muchos se convertirá en una "verdad". Entre comillas, pero verdad. Lo supo llevar a la práctica hasta la perfección el que fuera ministro de propaganda nazi, Joseph Goebbels. Y no le fue mal, al menos en su primera fase.
Salvando todas las distancias, el fenómeno se reproduce con algunos slogans generados por los sectores antiglobalización, repetidos hasta el infinito a través de la Red y recogidos de forma reiterada por los medios de comunicación. El éxito es innegable. Para un amplio sector de la humanidad, la aseveración de que globalización es igual a pobreza para el Tercer Mundo se ha convertido en un axioma que no requiere demostración.
Seattle, Génova, Barcelona, Evian, Niza, Salónica… son hitos en la presencia pública de los movimientos antiglobalización. Allí donde celebren una cumbre los grandes del mundo, sean los 7+1 o los presidentes de la UE, están garantizadas calles repletas de manifestantes para echarles en cara que globalización es equivalente a pobreza, incluso expolio, para los que ya son pobres, en tanto que engorda las arcas de los opulentos. Para los concentrados, todo cuanto se dice en Porto Alegre es casi dogma de fe y personajes como José Bové son adorados. En paralelo, cualquier estudio del WEF de Davos o informe del FMI son rechazados a priori o han de pasar la prueba del crisol para ser reconocidos.
Cuestionar tal estado de opinión resulta políticamente incorrecto, pero es precisamente la tarea que acomete el profesor Juan José Toribio, director del IESE en Madrid y ex director ejecutivo del FMI, con el libro "Globalización, Desarrollo y Pobreza", editado por el Círculo de Empresarios.
Siguiendo a Joseph Schumpeter en su visión del desarrollo, Toribio acepta que la globalización representa un proceso de "destrucción creadora" que "genera incertidumbre, vértigo social y, en ocasiones, considerable resistencia al cambio, especialmente por parte de aquellos cuya vida se desenvolvía al amparo de los parámetros en fase de extinción". Y recuerda que muchas empresas han basado sus negocios en las protecciones arancelarias, sin olvidarse de que el paradigma del actual proteccionismo lo exigen los agricultores de la Unión Europea, Estados Unidos, Canadá y Japón que defienden a capa y espada sus privilegios, y no siempre de forma pacífica.
El estudio llega precisamente a la conclusión contraria a la de los antiglobalizadores: a más globalización más riqueza para todos. Es cierto que los ricos son cada vez más ricos, pero no que los pobres son cada vez más pobres. Al contrario, en la mayor parte de los casos, con la globalización, los pobres son cada vez menos pobres, aunque sigan manteniéndose a mucha distancia de los ricos y a menudo el ritmo de confluencia entre unos y otros no sea el adecuado, y en muchos países del mundo -49 en concreto- la velocidad de crecimiento sea desesperadamente lenta.
Datos aportados por el profesor Toribio indican que desde 1950 la renta se ha multiplicado por cinco, y a ello han contribuido las mejoras tecnológicas, pero también la globalización. Además, los países que se han abierto al exterior han obtenido mayores niveles de desarrollo que los que no lo han hecho. Por ejemplo, algunos estados asiáticos que a mediados del siglo XX estaban a niveles de renta similares a los africanos hoy han alcanzado elevadas cotas de desarrollo.
Para el profesor Toribio, la falta de desarrollo de muchos países pobres no procede tanto de la apropiación de sus riquezas por parte de los ricos, como la gestión en manos de políticos corruptos que aplican políticas económicas contrarias a la idea del libre mercado. Afirma que "África ha recibido ayudas, pero no ha participado realmente en el proceso de globalización. No es el volumen de ayuda lo que cuenta, sino el sistema de incentivos vigente en los países receptores. De nada sirven unas ayudas cuya administración y gestión queda en manos de gobiernos corruptos, que aplican políticas económicas contrarias a la idea del libre mercado". La aportación de las onGs es positiva por el componente ético que incorpora y por ayudar a los sectores más necesitados, pero tampoco es decisiva para cambiar la estructura económica.
Toribio considera otro tópico que las crisis financieras de países en desarrollo se deban a la libertad de movimientos de capital. En su opinión, tales recesiones se producen cuando un país establece un tipo de cambio fijo con el que atrae capitales pero no implanta medidas económicas rigurosas, con lo que genera grandes déficits con el exterior que presionan contra el tipo de cambio establecido y acaban provocando la huída de capitales.
Toribio propone que para que muchos países puedan salir del subdesarrollo es necesaria "más globalización". Se trata de una receta práctica frente a los slogans.
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