Manuel Ayau, el luchador por la libertad, el héroe, el abuelo


Romulo y Muso  
Estoy profundamente entristecido al conocer del fallecimiento de
Muso ocurrido el 03 de agosto. Conocí a Muso, amigo de mi padre, 19 años atrás en 1991. Yo había oído historias interesantes sobre él gracias a mis padres que visitaron Guatemala en 1985. A través de los años mi padre se mantuvo en contacto con él y aunque yo era demasiado joven para entender por qué Ayau era tan importante, empecé a leer mucho más sobre las ideas sobre el libre mercado y la libertad, especialmente historias que estaban escritas para niños. Recuerdo en especial la lectura de un libro ilustrado escrito por Muso "Como mejorar El Nivel de vida".  El libro puede que esté en el olvido, pues fue publicado a inicios de los ochenta, pero tuvo un impacto profundo en mí formación ya que me llevó a empezar a leer más y más sobre cuestiones tales como por qué las personas son pobres y cómo la economía y los mercados libres juegan un papel en el bienestar de un individuo.  El libro fue uno de los primeros en sembrar en mi cabeza la semillas que dieron inicio a mi trayectoria profesional enfocada en la promoción de la libertad.

A medida que fui creciendo aprendí más sobre la Universidad Francisco Marroquín (UFM) que Muso fundó y que me inspiró a querer estudiar en la universidad del autor de ese libro de dibujos animados que me había hecho olvidar mis sueños de estudiar ingeniería, que era algo mucho más natural para mí. Lo que yo quería era aprender acerca de la economía, de la mano de Muso en ese hermoso campus del cual había leído a través de publicaciones y folletos que mi padre recibía, publicados por una de sus previas iniciativas intelectuales el Centro de Estudios Económicos y Sociales (CEES).

Mis deseos se hicieron realidad en enero de 1991 a pesar de la consternada preocupación de mis amigos que creían que iba a Guatemala para estudiar como ser un guerrillero comunista. Llegué hacia el final de la guerra civil que plagaba Guatemala desde mediados de los 70, y donde era muy común los delitos violentos y los secuestros. Mis amigos poco sabían que yo iba allí, porque estaba totalmente convencido de que la mejor lucha contra los enemigos de la libertad era a través de la educación en los principios de una sociedad libre. Algunos de mis amigos estaban preocupados de que iba por la búsqueda idealista de principios, y no porque fuera la mejor universidad disponible. Tengo que admitir que en su momento yo mismo no estaba seguro de que la universidad no fuera mas que un campo de adoctrinamiento.   Sin embargo estas preocupaciones se disiparon rápidamente una vez que puse pie en el campus. Su reputación como una institución de educación superior estelar era y es rivalizado por pocos.  

Cuando conocí a Muso me sorprendió gratamente la actitud amable y cariñosa que él y su familia tuvieron hacia mi, y pase muchos fines de semana en su casa de Amatitlán. Muso era ingeniero de profesión, y sabía tanto sobre economía a pesar de no haberla estudiado formalmente. Muso compartía conmigo (cosa que aprendí a lo largo de los años) una fascinación por los aparatos electrónicos y una especie de habilidad natural para aprender a usarlos rápidamente.  De todos sus gigantescos logros este pequeño dato puede parecer sin importancia, pero para mi revelaba una actitud de desafío de las expectativas comunes y que era capaz de hacer cosas que los demás creían imposible. Este rasgo era mas que evidente cuando fundó el más antiguo de los grupos de difusión de las ideas de América Latina el CEES, años mas tarde una universidad en medio de un país atacado salvaje e impunemente por una de las guerras civiles más devastadoras en las Américas, y por si fuera poco tener una vida llena de éxitos empresariales y académicos. Su última hazaña fue cuando aprendió a pilotar helicópteros casi a los 80 años de edad.  Increíble … excepto para aquellos que lo conocieron personalmente.  

Para aquellos de nosotros que tuvimos la suerte de conocer al hombre, Muso tenía una mente profunda y talentosa. Era joven, no sólo en espíritu, sino también físicamente. Todavía recuerdo la primera vez que lo conocí. Él nos llevó en un viaje alrededor del lago de Amatitlán, donde vivía su familia. En ese momento llevaba puesta una faja alrededor de la cintura debido a que sufría de dolores lumbares. Al regresar a su casa me dijo que tratara de amarrar el barco en el muelle. Nunca he sido muy atlético, y a pesar de mi juventud tuve miedo de caer en el agua. Al ver que no era capaz de hacerlo, me dijo, "déjame que te enseñe." Saltó desde el barco hasta el muelle como un adolescente, y procedió a tirar del barco y lo amarró en el muelle. Huelga decir que todavía me siento avergonzado por el hecho de que un sexag
enario fuese capaz de enseñarme una lección de fortaleza física. Con los años, hasta que la última vez que lo vi en un coloquio del Liberty Fund, celebrado en Guatemala en noviembre de 2008, parecía ser más o menos el mismo – no muy distinto de las fotos de hace 19 años. Siempre con esa sonrisa divertida como un niño a punto de cometer una travesura, muy inteligente a pesar de comenzar a sufrir los efectos de la quimioterapia para frenar el cáncer, y a pesar de a veces olvidar el hilo de la conversación su mente siempre se mantuvo alerta e ingeniosa.

A lo largo de mis cinco años en Guatemala fui a la casa de Muso muchos fines de semana y tanto él como Olga siempre se quejaban conmigo y con mi padre de que no los visitaba con frecuencia.  Era un hogar lejos del hogar, fue un ambiente cálido y acogedor para un joven fuera de su país natal.  Por ello estoy eternamente agradecido. Muchas veces me sentí un poco tímido, como si estuviera abusando de la generosidad de los Ayau. En presencia de Muso sufría de un cierto temor reverencial pero el siempre fue muy abierto y hablando con él sentía que tenía que estar extremadamente concentrado todo el tiempo porque estaba hablando con un gigante de las ideas.  

Con los años maduré y comenzé a sentirme más cómodo, pero lamentablemente yo no vivía más en Guatemala.  Anhelaba tener algo de tiempo y sentarme con él y hablar cada vez que me enteraba de que Muso estaba asistiendo a uno de los eventos de Atlas o a los que yo asistía. Mejor aún si Muso estaba en compañía de su esposa Olga, cuando los veía siempre me sentí como si estuviera visitando a mis abuelos, me inundaba una cierta alegría como si estuviera viendo a mi familia después de mucho tiempo. A veces me sentí un poco celoso de mis hermanos que al igual que yo fueron acogidos como visitantes regulares en el hogar Ayau, pero con mayor frecuencia soltura que la que yo tuve. Peor aún a veces tenía celos de los demás, porque cuando lo veía en algún evento ya no podía hablar en ese ambiente familiar que tenía en un principio. Muso se había convertido en una especie de estrella de rock y mucha gente demandaba su atención cuando lo veía. La leyenda estaba alcanzando el pináculo de su vida y todo el mundo quería un pedazo de él. A pesar de todo cuando el me veía, se acercaba a mi si no lo había hecho y me preguntaba como estaba todo y me preguntan cómo estaban las cosas, sobre mi familia y lo importante que era para mí para bajar de peso (yo estaba mucho más delgado cuando lo conocí en Guatemala!) Le doy las gracias porque nunca fue crítico al hacer eso, pero lo hacía por una genuina preocupación hacia mi salud.

Reflexiono sobre esto y escribo estos recuerdos al azar, porque al enterarme de su muerte no podía poner en primera instancia unas palabras lo que sentía hacia el héroe de mi infancia, el héroe que me puso en el camino de la promoción de la libertad con un libro de dibujos animados, el amigo que abrió las puertas de su casa y de su familia a mí y a mi familia y que siempre se preocupó por mi futuro como un abuelo. Le doy las las gracias por el hecho de que estudié en la Universidad Francisco Marroquín, una universidad donde no solo fui a aprender sobre la libertad, sino que también es una institución que busca la excelencia educativa y que se centra en la búsqueda de la verdad y la independencia intelectual.

Le debo a él, el hecho de que hago lo que hago en Atlas donde estoy comprometido con la causa de la libertad. Hay mucha gente que estoy seguro será capaz de poner en mejores  palabras su larga vida de logros, pero en vez de eso he querido rendir homenaje al hombre, al héroe, al abuelo que era para mí. Sé que no estoy solo, Muso Ayau y su familia eran muy generosos con toda la gente que pasaba por sus vidas y muchos tendrán recuerdos similares. Muso podrá haber desaparecido, pero el espíritu y legado para aquellos de nosotros que intentamos ser parte de la enseñanza y promoción de la libertad seguro estará con nosotros para siempre.

RUSIA Y EEUU

Alguna vez, alguien me dijo, refiriéndose a las argollas de poder que están presentes en Latinoamérica.  Hoy vemos que esto se ve en todas partes.  Ayer Rusia y los EEUU, de manera discreta, evitando gritos y amenazas, han realizado un canje de espías, como en las películas.  Esto nos deja ver algunos puntos de la nueva estrategia de política mundial:

1- Los Poderosos ya no se pelean: Rusia, China y los EEUU se han dado cuenta que tienen que respetarse y ayudarse.  Ellos son los nuevos dueños del mundo y aunque a veces no se pongan de acuerdo en detalles, están tratando de llevarse bien y posicionarse como los líderes del mundo.

2- Pequeños asuntos de países como Georgia, Irán, etc ya no serán puntos de distención, Los EEUU ya no protesta mas sobre Osetia y los tres poderosos se han puesto de acuerdo sobre Irán.

Esto no es necesariamente malo, puede traer una época de paz.  Ya no mas países belicosos o conflictivos pondrán a las potencias unas en contras de otra.   Si estos países se ponen de acuerdo en temas de seguridad como Somalia, el Golfo Pérsico, y la situación del comercio mundial, el mundo podrá tener un gran impulso a su economía y bienestar.

Ahora, para los pequeños es importante entender que tendremos menos recursos a disposición, antes en la batalla entre Capitalismo y Comunismo, los grandes países nos daban regalos para conquistarnos, esto se acabo, de ahora en adelante nos darán dinero si es un buen negocio (ver el caso de China con Ecuador).  Es importante que nuestros líderes y en especial nuestra cancillería monitoreen continuamente estos cambios que deberán afectar nuestra economía.

 

LOS SUEÑOS NO SÓLO HAY QUE PENSARLOS, HAY QUE CONSTRUIRLOS

A continuación reproduzco el discurso del ex-presidente de Costa Rica dado en la Cámara de Comercio de Guayaquil:

LOS SUEÑOS NO SÓLO HAY QUE PENSARLOS, HAY QUE CONSTRUIRLOS 

Óscar Arias Sánchez

Guayaquil, Ecuador

121 Aniversario

Cámara de Comercio de Guayaquil

10 de junio de 2010 

Amigas y amigos: 

      Para cualquier habitante del mundo, Ecuador tiene un significado particular. Este país en el centro de la Tierra, este rincón en el vientre del planeta, nos recuerda las clases de Geografía que nos repetía la maestra de escuela. Dentro de las memorias primeras de cualquier ser humano, está aquella imagen de Ecuador en el cinturón del globo terráqueo, aquel punto que aprendimos a señalar con orgullo, cuando éramos chiquillos de pantalones cortos.

      Hoy visito aquella tierra que de niño señalaba en el mapa. Visito aquel país que era un retazo en la colcha del globo terráqueo. Vengo ante ustedes con pantalones largos, en el cuerpo y en el alma. Vengo ante ustedes cargando cuarenta años de lucha por América Latina. He visto muchas maravillas en nuestro subcontinente. He visto, también, dolores inconcebibles. Pero en todas las esquinas se repiten las notas de una misma tonada, las claves de un mismo código. Por eso confío en que mi mensaje, que es un mensaje costarricense, pueda ser entendido por este pueblo hermano.

      Me han pedido que les hable sobre la democracia y la libertad en Ecuador. Y he accedido porque comprendo que la democracia y la libertad no son idiosincráticas, no dependen del lugar en donde se las evoque. En Ecuador, en Suiza o en Indonesia, democracia quiere decir un núcleo básico de instituciones, derechos y deberes, que permiten la expansión de las libertades fundamentales de los individuos en una colectividad. Es un juego en el que cambian los jugadores, pero no cambian las reglas.

      Una de las grandes falacias políticas, en América Latina y en muchas otras partes del mundo, consiste en vender la idea de que cada lugar puede desarrollar una democracia específica o un sistema de libertades particular. Muy a menudo, esas justificaciones no son más que disfraces para ocultar una vocación opresiva o autoritaria. Para ponerlo en términos sencillos, muchos argumentan que el juego se juega diferente en todas partes, tan sólo para cometer fouls sin recibir tarjeta roja.

      Yo estoy plenamente convencido de que las reglas democráticas son universales, y que los países son más o menos democráticos, dependiendo de cuánto se acercan o cuánto se alejan de ese sistema que esbozaron los griegos, que perfeccionaron los estadounidenses, que sofisticaron los nórdicos y que hoy intentamos impulsar, con mayor o menor éxito, la mayoría de los países de la Tierra.

      Por eso no hace falta que hable de las características distintivas de Ecuador. Nadie conoce este país mejor que ustedes. En cambio, prefiero hablar de las amenazas que percibo para la democracia y la libertad en América Latina, que se repiten en muchos países de la región. Porque, a pesar de que abandonamos las dictaduras que marcaron con sangre la segunda mitad del siglo XX, es claro que todavía queda mucho camino por recorrer.

      Cuatro son las amenazas principales que percibo en nuestra región: la concentración del poder, supuestamente justificada por el respaldo electoral; el irrespeto a la ley y la debilidad del Estado de Derecho; la ineficiencia de nuestros aparatos estatales a la hora de brindar los frutos de la democracia; y la tentación militar que desde siempre ensombrece los más claros días de nuestra región.

      El poder democrático es un poder insalvablemente limitado. Por definición, un gobernante demócrata tiene oposición política, es controlado por los medios de comunicación, recibe críticas por parte de sus detractores, es supervisado por el Poder Legislativo y el Poder Judicial, tiene un periodo establecido para ejercer sus funciones, tiene un marco legal definido en el que puede operar, y se encuentra siempre sujeto al escrutinio ciudadano y a la evaluación pública de su gestión. Éstas son las reglas incuestionables del poder democrático y cualquiera que pretenda saltarlas, incurre en vicios autoritarios, aunque haya sido elegido por el pueblo.

      Se trata de una trampa en que han caído algunos gobiernos latinoamericanos. Al recibir el apoyo electoral, interpretan que el mandato del pueblo les permite modificar las reglas democráticas para llevar adelante su proyecto político. Entonces, si la Constitución se interpone en su camino, la cambian. Si el Poder Judicial objeta sus decisiones, nombran nuevos jueces y magistrados. Si los medios de comunicación cuestionan sus comportamientos, los cierran. Si sus adversarios políticos se pronuncian, los amenazan. Y si su periodo no les alcanza, lo prorrogan.

      Tengamos mucho cuidado. Las elecciones son una parte esencial del proceso democrático, pero no son el proceso democrático. Si un gobernante coarta las garantías individuales, si limita la libertad de expresión, si restringe injustificadamente la libertad de comercio, subvierte las bases mismas de la democracia que lo hizo llegar al poder.

      El dilema que esto presenta, y que aún no hemos logrado resolver, es cómo lidiar con democracias en donde los gobernantes se comportan autoritariamente, pero no son dictaduras. Porque, en honor a la verdad, en América Latina sólo existe una dictadura y es la dictadura cubana. Los demás regímenes, nos guste o no, son democracias en mayor o menor grado de consolidación. Pretender derrocar esos gobiernos, o removerlos de alguna forma violenta o contraria a la Constitución y las leyes, es caer en el mismo juego autocrático que pretendemos combatir. Un verdadero demócrata no pide jamás la caída de un gobierno electo por el pueblo. Si algo nos ha enseñado la dolorosa experiencia de Honduras, es que un golpe de Estado es siempre, siempre, una pésima idea.

      La única vía para restarle poder a quienes lo han concentrado luego de recibir el apoyo popular, es minando ese apoyo popular. Con educación cívica, con debates, con ideas, con argumentos, con ejemplos. Los pueblos mismos deben aprender a apartar los espejismos de la demagogia y del populismo. Los pueblos mismos deben aprender a condenar, en las urnas, el comportamiento antidemocrático de un régimen. Los pueblos mismos deben aprender a separar la paja del trigo. Porque el problema no son los falsos Mesías, sino los pueblos que acuden con ramas y palmas a celebrar su llegada. De nada le sirve a América Latina deshacerse de líderes con delirios autoritarios, si tan sólo van a ser sustituidos por nuevas estrellas del teatro político.

      No nos corresponde “proteger” a nuestros pueblos de las amenazas. Nos corresponde, en cambio, educarlos para que ellos mismos aparten esas amenazas. El paternalismo debe ser sustituido por una fe genuina en el poder transformador de las sociedades, un poder que, hoy más que nunca, puede ser canalizado de forma efectiva. Las redes sociales como Facebook o Twitter, los foros de debate como esta Cámara de Comercio, los espacios de discusión, que pueden ir desde la mesa del comedor hasta el anfiteatro más grande, nos invitan a pregonar el credo democrático. El argumento más convincente que podemos dar, la forma más honesta de convencer a alguien de la necesidad de apoyar únicamente a los líderes que respetan las reglas del juego, es que, tarde o temprano, sólo esos líderes mejoran las condiciones de vida de los ciudadanos. Tenemos que convencer a nuestros pueblos de la vacuidad de la promesa mesiánica, si es que queremos construir una verdadera vocación democrática en América Latina.

      La segunda amenaza que percibo, está profundamente ligada con la anterior, y es la fragilidad de nuestro Estado de Derecho. Gran parte de los problemas que ha tenido América Latina en los últimos años, son producto de una incapacidad estatal de evitar la concentración del poder. Muchos tribunales carecen de la autoridad para decirle a un gobernante “hasta aquí”. Muchos congresos carecen de la facultad para controlar, verdaderamente controlar, a los mandatarios. Hay un uso perverso de los instrumentos legales y una flexibilización constante de las normas, para perseguir fines particulares.

      En parte, esto es producto de una debilidad cultural. A los latinoamericanos les cuesta mucho identificarse con el Estado, y como consecuencia, les cuesta mucho obedecer las normas públicas. La evasión fiscal, por ejemplo, no sólo no es vista como delito en nuestros países, sino que incluso es vista como astucia. Lo mismo sucede con el irrespeto a las leyes de tránsito o a las normas ambientales o a las reglas de la competencia. Parece elemental, pero necesitamos entender que una región que no respeta las normas del juego, no puede pedir que sus gobernantes las respeten.

      Esto tiene serias incidencias sobre la capacidad de hacer negocios, y estoy seguro de que ustedes lo saben mejor que yo. Al final del camino, la inseguridad jurídica, la incapacidad de confiar en el sistema legal de un país, la incertidumbre en torno a las consecuencias que nuestros actos pueden tener, es uno de los peores enemigos del crecimiento económico. A ustedes, más que a nadie, les conviene fortalecer el Estado de Derecho, a partir de su ejemplo y a partir de su discurso. Les corresponde contribuir responsablemente con la educación cívica de las escuelas y colegios. Les corresponde demostrar que el sector privado no cae en el mismo juego de atajos que critica en el sector público. Les garantizo que un respeto indiscutible a las normas y a la autoridad, de parte de los empresarios, es uno de los principales alicientes con que puede contar un pueblo para abrazar la democracia.

      La tercera amenaza que he mencionado es la ineficiencia de nuestros aparatos estatales. Con muy pocas excepciones, como Tailandia y Nepal, los pueblos latinoamericanos son los que han luchado durante más años, desde su Independencia, por cruzar el umbral del desarrollo. El retorno democrático de fines del siglo XX, vino aunado a una promesa de prosperidad que aún hoy no ha sido cumplida. Nuestros habitantes todavía esperan que la democracia les cambie la vida, todavía esperan que la libertad ponga pan sobre la mesa.

      Esa incapacidad para traducir en realidad las promesas, es culpa de una esclerosis estatal que nos tiene paralizados. En muchos sentidos, nuestros gobiernos trabajan muy duro para obtener muy pocos resultados. Hemos construido Estados hipertrofiados, a los que les cuesta mucho ejecutar las acciones más esenciales, en primera instancia, porque son Estados desfinanciados, que deben lidiar con el perpetuo dilema de construir sociedades de primer mundo con impuestos exiguos; y en segunda instancia, porque son Estados amarrados, obsesionados con controles duplicados y triplicados que hacen muy poco para detener la corrupción, pero mucho para detener el crecimiento económico.

      Sé que, como empresarios, a ustedes les genera ansiedad la posibilidad de pagar mayores impuestos. Pero también sé que el costo de hacer negocios en un país subdesarrollado es, muchas veces, prohibitivo. Es mejor pagar mayores tributos, pero transitar por carreteras en buen estado, tener trabajadores educados, contar con un sistema de salud universal, realizar rápidamente los trámites públicos, tener barrios y ciudades seguros, recibir el producto de la investigación y la innovación en las universidades, y en general disfrutar los beneficios con que cuenta el sector empresarial en las naciones industrializadas. Es crucial que entendamos que si nuestros países no mejoran su competitividad, nunca podrán dar el salto al desarrollo que nuestros pueblos esperan y merecen.

      Una reforma estatal, que revise nuestra maraña legal, que elimine las trabas innecesarias para el  buen funcionamiento de nuestros gobiernos, es un elemento esencial no sólo en la generación de mayor riqueza, sino en la profundización de nuestra democracia y en la expansión de nuestras libertades individuales, porque un pueblo satisfecho es menos propenso a rendirse ante las tentaciones autoritarias. Presionar por la reforma del Estado, desde las campañas políticas pero también en la vigencia de los Gobiernos, debería ser una de las principales preocupaciones de cámaras como ésta.

      La última amenaza que quería mencionarles, es la persistente tutela militar de la región, que se resiste a abandonarnos a pesar de los dolores infligidos en el pasado. Cuando era estudiante en Inglaterra, y del otro lado del océano llegaban las noticias de una retahíla inacabable de golpes de Estado en América Latina, mis compañeros se burlaban diciendo que yo venía de una región que era como un disco de larga duración, es decir, de 33 revoluciones por minuto.

      Aquello que era una broma cruel para mí, es una realidad que ha lacerado incansablemente a nuestra región. Guerras civiles, revoluciones sangrientas, golpes de Estado, represiones brutales, torturas, desapariciones: a pesar de la retórica nacionalista, el expediente de los ejércitos de la región tiene muy pocas glorias, sobre todo durante el último siglo.

      El año pasado, el gasto militar de la región ascendió a 60 mil millones de dólares, lo cual es más del doble de lo que era hace seis años. Muchos países destinan alrededor del 2% de su Producto Interno Bruto a sus ejércitos, aunque algunos destinan mucho más. Esto es alarmante per se, pero sobre todo cuando recordamos que la carga fiscal de nuestros países es, en promedio, del 18% del Producto Interno Bruto, con casos extremos que apenas llegan al 10%.

      ¿En qué fortalece esto nuestra democracia y nuestra libertad? ¿Cómo contribuye a brindarles a nuestros ciudadanos una mejor calidad de vida? Cuando digo estas cosas, hay quienes me argumentan que los ejércitos combaten el narcotráfico o realizan labores de rescate, en caso de emergencia. Pero ninguna de estas razones es una función propia de los ejércitos, ni justifica la carrera armamentista en la que actualmente se encuentra América Latina. Por el contrario, la presencia de fuerzas armadas cada vez más poderosas no hace sino reforzar la idea de que es con la violencia, y no con la razón, con que se resuelven las cosas; y que es la fuerza, y no la ley, la que debe regir la convivencia entre los seres humanos.

      Reducir el gasto militar no sólo sería una demostración de la fe en la democracia y en las reglas del juego, sino la oportunidad de disponer de una liquidez necesaria para invertir en escuelas y colegios, en clínicas y hospitales, en carreteras y aeropuertos, en laboratorios y centros de cómputo, en escuelas de música y teatros. Un gasto ocioso pasaría a ser una inversión en la competitividad de nuestras economías.

      No hablo por hablar. Costa Rica fue el primer país en la historia en abolir su ejército y declararle la paz al mundo. Nuestros hijos no conocen los tanques de guerra, los submarinos o los helicópteros artillados. Desde hace más de sesenta años, destinamos a la educación, a la salud y a la protección del medio ambiente, lo que destinábamos a nuestro ejército. El producto es que somos uno de los países con mejor Índice de Desarrollo Humano en la región y el país más feliz del mundo, según recientes publicaciones.

      No estoy abogando por la abolición de todos los ejércitos latinoamericanos, aunque ganas me sobran. Comprendo que se trata de instituciones que son respetadas, y cuya necesidad es percibida por la mayoría de personas. Pero no veo razón alguna por la cual nuestra región deba embrollarse en una carrera armamentista. Un aumento en el gasto militar es injustificable para países que, con la sola excepción de Colombia, no experimentan actualmente ningún conflicto armado.

     Con un poco de memoria uno comprende que, en América Latina, fortalecer a los ejércitos es, casi siempre, debilitar las democracias. Dejar de invertir en la industria de la muerte, empezar a gastar en la prodigiosa empresa de la vida, debería ser una prioridad para países que están en deuda con la paz, con el desarrollo y con la libertad. 

Amigas y amigos:

      He venido a esta hebilla del cinturón de la Tierra, recordando mis años de infancia. Aquel globo terráqueo con que jugaba en la escuela, se convirtió luego en el escenario de las largas luchas de mi vida. La búsqueda de la paz me llevó a comarcas lejanas, “y me gradué doctor en sueños”, para usar una expresión del gran po
eta ecuatoriano,  Jorge Carrera Andrade. “Vine a América a despertar”, nos dice el poeta. Yo también vine a despertar a América, a darme cuenta de que los sueños no sólo hay que pensarlos, sino que hay que construirlos.

      He dedicado mi vida a construir el sueño de una América Latina más pacífica, más libre, más próspera, más democrática, más acorde con la idea que me inculcó la maestra. Aún hoy sigo construyendo esa visión: una América Latina en donde el poder no se concentre, sino que se distribuya; en donde la ley no se irrespete, sino que se fortalezca; en donde los aparatos estatales no se ahoguen, sino que se vuelvan eficaces; en donde el militarismo no se atice, sino que ceda campo al desarrollo humano. Esa América Latina es posible. Existe en cada uno de ustedes. Hoy les pido que, como yo, se gradúen en sueños y despierten a esa América que espera más allá del esfuerzo y el trabajo.

      Muchas gracias.

CESAR INDIANO

Muchos o casi todos, no conocen quien es Cesar Indiano.  Es un escritor hondureño, un hombre que termino la escuela tarde en su vida, que se ha levantado con su trabajo y que ha sabido lo que es trabajar duro, empezando en un aserradero y dedicándose a comercio y demás.

Para quienes han tenido el placer del Leer : La biblia del Asno o El Establo, Indiano les parece duro y directo.  Pero creo que es lo que Latinoamérica necesita.  Indiano hace un análisis de la cultura de su país natal, Honduras, pero el análisis en mayor menor medida es valido para América entera.

Según el, y yo concuerdo, Latinoamérica es un continente crudo, carecemos de verdadera educación, de verdaderas buenas costumbres, pensamos que ser pobres (a niverl persona y de país) nos da derechos a ser sucios, incultos, vagos, etc.  El se queja de la falta de cultura a todo nivel, como tenemos televisores de 42" y no tenemos un buen juego de cubiertos, platos, de como pensamos que es gracioso comer con las manos, hablar con la boca llena y andar vestidos ridículamente.

Indiano critica nuestra política inmadura y folklorica, critica a los intelectuales que creen que ser sucio y andar descalzo es parte de nuestras raíces indígenas o algo digno de imitar. Estos intelectuales, critican a Mac Donalds y Burger King, pero van a la esquina y se comen con las manos sucias una fritada (llena de grasa y triquina) y creen que eso es algo culturalmente elevado.  Creen que reunirse en un hotel de lujo y criticar a quienes producen y trabajan es ejercer la profesión de intelectual.  Esos no son intelectuales sino mediocres, vagos que no han podido por sus limitaciones mentales encontrar un trabajo de verdad y han tenido un padre o madre suficientemente tonto y con suficiente dinero para publicarles un libro.

Critica a los ricos por creerse dueños de todo, cuando en realidad son hormigas en el mundo, critica a los políticos que creen que el país les pertenece y que creen que es lo mismo mandar en una finca o hacienda que mandar a varios millones de habitantes.

Para mi leerlo fue grato y divertido.  Fue un baño de verdad sobre nuestra cultura, es valido para toda América.  Y ojala mas escritores y pensadores comiencen a buscar un verdadero progreso.  Progreso no es tener un mall o centro comercial en una ciudad o que todos tengamos celular, progreso es cuando todos tenemos agua potable, alcantarillado y vamos a la escuela y nos educados de verdad.  El progreso esta en saber dos idiomas, en tener oportunidades de tener salud y ser feliz.

El Mundo

Hoy en el mundo 300 millones de Chinos, aprenden o hablan inglés, las universidades en China,tiene lugares donde la gente se acerca y busca practicar su inglés hablando con otros.  La web esta 70% en ingles.  Chile, Costa Rica, China, Indonesia, etc, tiene planes o ya estan ejecutando una educacion bilingue de verdad (Ingles como seguna lengua).  En todos estos paises hay dialectos y lenguas ancestrales, valiosisimas, con miles de años de cultura, que se han puesto a un lado, sin olvidarlas, para que sus proximas generaciones tengan acceso al conocimiento y a la riqueza.

Hoy firmas Holandesas se asocian con firmas gringas, subcontratatan a cientificos israelies para desarrollar medicinas en laboratorios Uruguayos o Argentinos.  La lengua de asociacion es el ingles.  Quienes no lo hablen en el siglo XXI quedaran a un lado del camino del progreso.  

Hoy China y EEUU han llegado a acuerdos economicos importantes, Rusia (con excepción de los espias) ha vuelto a buscar amistad en Europa y con los EEUU.  Los poderosos siempre se juntan.  Si Chavez cree que los Rusos lo protegerán, esta equivocado. Los Chinos y Rusos han apoyado las sanciones a Iran y las 3 grandes potencias tiene mucho en común como para andarse peleando.

Hoy China firmo un histórico acuerdo de asociación económica con TAIWAN, dándole derechos similares a los de HONG KONG ( beneficios para las inversiones Taiwanesas en China Continental). Como vemos el mundo es diferente, ya no son las cosas como antes.

Suerte a todos en el nuevo mundo.