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Manuel Ayau, el luchador por la libertad, el héroe, el abuelo


Romulo y Muso  
Estoy profundamente entristecido al conocer del fallecimiento de
Muso ocurrido el 03 de agosto. Conocí a Muso, amigo de mi padre, 19 años atrás en 1991. Yo había oído historias interesantes sobre él gracias a mis padres que visitaron Guatemala en 1985. A través de los años mi padre se mantuvo en contacto con él y aunque yo era demasiado joven para entender por qué Ayau era tan importante, empecé a leer mucho más sobre las ideas sobre el libre mercado y la libertad, especialmente historias que estaban escritas para niños. Recuerdo en especial la lectura de un libro ilustrado escrito por Muso "Como mejorar El Nivel de vida".  El libro puede que esté en el olvido, pues fue publicado a inicios de los ochenta, pero tuvo un impacto profundo en mí formación ya que me llevó a empezar a leer más y más sobre cuestiones tales como por qué las personas son pobres y cómo la economía y los mercados libres juegan un papel en el bienestar de un individuo.  El libro fue uno de los primeros en sembrar en mi cabeza la semillas que dieron inicio a mi trayectoria profesional enfocada en la promoción de la libertad.

A medida que fui creciendo aprendí más sobre la Universidad Francisco Marroquín (UFM) que Muso fundó y que me inspiró a querer estudiar en la universidad del autor de ese libro de dibujos animados que me había hecho olvidar mis sueños de estudiar ingeniería, que era algo mucho más natural para mí. Lo que yo quería era aprender acerca de la economía, de la mano de Muso en ese hermoso campus del cual había leído a través de publicaciones y folletos que mi padre recibía, publicados por una de sus previas iniciativas intelectuales el Centro de Estudios Económicos y Sociales (CEES).

Mis deseos se hicieron realidad en enero de 1991 a pesar de la consternada preocupación de mis amigos que creían que iba a Guatemala para estudiar como ser un guerrillero comunista. Llegué hacia el final de la guerra civil que plagaba Guatemala desde mediados de los 70, y donde era muy común los delitos violentos y los secuestros. Mis amigos poco sabían que yo iba allí, porque estaba totalmente convencido de que la mejor lucha contra los enemigos de la libertad era a través de la educación en los principios de una sociedad libre. Algunos de mis amigos estaban preocupados de que iba por la búsqueda idealista de principios, y no porque fuera la mejor universidad disponible. Tengo que admitir que en su momento yo mismo no estaba seguro de que la universidad no fuera mas que un campo de adoctrinamiento.   Sin embargo estas preocupaciones se disiparon rápidamente una vez que puse pie en el campus. Su reputación como una institución de educación superior estelar era y es rivalizado por pocos.  

Cuando conocí a Muso me sorprendió gratamente la actitud amable y cariñosa que él y su familia tuvieron hacia mi, y pase muchos fines de semana en su casa de Amatitlán. Muso era ingeniero de profesión, y sabía tanto sobre economía a pesar de no haberla estudiado formalmente. Muso compartía conmigo (cosa que aprendí a lo largo de los años) una fascinación por los aparatos electrónicos y una especie de habilidad natural para aprender a usarlos rápidamente.  De todos sus gigantescos logros este pequeño dato puede parecer sin importancia, pero para mi revelaba una actitud de desafío de las expectativas comunes y que era capaz de hacer cosas que los demás creían imposible. Este rasgo era mas que evidente cuando fundó el más antiguo de los grupos de difusión de las ideas de América Latina el CEES, años mas tarde una universidad en medio de un país atacado salvaje e impunemente por una de las guerras civiles más devastadoras en las Américas, y por si fuera poco tener una vida llena de éxitos empresariales y académicos. Su última hazaña fue cuando aprendió a pilotar helicópteros casi a los 80 años de edad.  Increíble … excepto para aquellos que lo conocieron personalmente.  

Para aquellos de nosotros que tuvimos la suerte de conocer al hombre, Muso tenía una mente profunda y talentosa. Era joven, no sólo en espíritu, sino también físicamente. Todavía recuerdo la primera vez que lo conocí. Él nos llevó en un viaje alrededor del lago de Amatitlán, donde vivía su familia. En ese momento llevaba puesta una faja alrededor de la cintura debido a que sufría de dolores lumbares. Al regresar a su casa me dijo que tratara de amarrar el barco en el muelle. Nunca he sido muy atlético, y a pesar de mi juventud tuve miedo de caer en el agua. Al ver que no era capaz de hacerlo, me dijo, "déjame que te enseñe." Saltó desde el barco hasta el muelle como un adolescente, y procedió a tirar del barco y lo amarró en el muelle. Huelga decir que todavía me siento avergonzado por el hecho de que un sexag
enario fuese capaz de enseñarme una lección de fortaleza física. Con los años, hasta que la última vez que lo vi en un coloquio del Liberty Fund, celebrado en Guatemala en noviembre de 2008, parecía ser más o menos el mismo – no muy distinto de las fotos de hace 19 años. Siempre con esa sonrisa divertida como un niño a punto de cometer una travesura, muy inteligente a pesar de comenzar a sufrir los efectos de la quimioterapia para frenar el cáncer, y a pesar de a veces olvidar el hilo de la conversación su mente siempre se mantuvo alerta e ingeniosa.

A lo largo de mis cinco años en Guatemala fui a la casa de Muso muchos fines de semana y tanto él como Olga siempre se quejaban conmigo y con mi padre de que no los visitaba con frecuencia.  Era un hogar lejos del hogar, fue un ambiente cálido y acogedor para un joven fuera de su país natal.  Por ello estoy eternamente agradecido. Muchas veces me sentí un poco tímido, como si estuviera abusando de la generosidad de los Ayau. En presencia de Muso sufría de un cierto temor reverencial pero el siempre fue muy abierto y hablando con él sentía que tenía que estar extremadamente concentrado todo el tiempo porque estaba hablando con un gigante de las ideas.  

Con los años maduré y comenzé a sentirme más cómodo, pero lamentablemente yo no vivía más en Guatemala.  Anhelaba tener algo de tiempo y sentarme con él y hablar cada vez que me enteraba de que Muso estaba asistiendo a uno de los eventos de Atlas o a los que yo asistía. Mejor aún si Muso estaba en compañía de su esposa Olga, cuando los veía siempre me sentí como si estuviera visitando a mis abuelos, me inundaba una cierta alegría como si estuviera viendo a mi familia después de mucho tiempo. A veces me sentí un poco celoso de mis hermanos que al igual que yo fueron acogidos como visitantes regulares en el hogar Ayau, pero con mayor frecuencia soltura que la que yo tuve. Peor aún a veces tenía celos de los demás, porque cuando lo veía en algún evento ya no podía hablar en ese ambiente familiar que tenía en un principio. Muso se había convertido en una especie de estrella de rock y mucha gente demandaba su atención cuando lo veía. La leyenda estaba alcanzando el pináculo de su vida y todo el mundo quería un pedazo de él. A pesar de todo cuando el me veía, se acercaba a mi si no lo había hecho y me preguntaba como estaba todo y me preguntan cómo estaban las cosas, sobre mi familia y lo importante que era para mí para bajar de peso (yo estaba mucho más delgado cuando lo conocí en Guatemala!) Le doy las gracias porque nunca fue crítico al hacer eso, pero lo hacía por una genuina preocupación hacia mi salud.

Reflexiono sobre esto y escribo estos recuerdos al azar, porque al enterarme de su muerte no podía poner en primera instancia unas palabras lo que sentía hacia el héroe de mi infancia, el héroe que me puso en el camino de la promoción de la libertad con un libro de dibujos animados, el amigo que abrió las puertas de su casa y de su familia a mí y a mi familia y que siempre se preocupó por mi futuro como un abuelo. Le doy las las gracias por el hecho de que estudié en la Universidad Francisco Marroquín, una universidad donde no solo fui a aprender sobre la libertad, sino que también es una institución que busca la excelencia educativa y que se centra en la búsqueda de la verdad y la independencia intelectual.

Le debo a él, el hecho de que hago lo que hago en Atlas donde estoy comprometido con la causa de la libertad. Hay mucha gente que estoy seguro será capaz de poner en mejores  palabras su larga vida de logros, pero en vez de eso he querido rendir homenaje al hombre, al héroe, al abuelo que era para mí. Sé que no estoy solo, Muso Ayau y su familia eran muy generosos con toda la gente que pasaba por sus vidas y muchos tendrán recuerdos similares. Muso podrá haber desaparecido, pero el espíritu y legado para aquellos de nosotros que intentamos ser parte de la enseñanza y promoción de la libertad seguro estará con nosotros para siempre.