POR QUE NO IMITAMOS A COLOMBIA EN LUGAR DE VENEZUELA

Siempre he dicho que Ecuador imita lo peor.  Cuando estaba la eleccion entre los Estados Unidos y Rusia, elegimos al Rodri Borja que quiso hacer del Ecuador otra Cuba, faranduleo con Castro y Ortega, eso si, a sus amigos los hizo ricos y millonarios, incluso les permitio narcolavavar de los lindo (ver el Libro Los Cuatro jinetes de la Narcocracia o algo similar).  Hoy queremos ser como Venezuela.  No entiendo por que.  Matan a 100 mil personas al anio (casi como IRAK).  La comida es racionada, hay violencia y el presidente es un megalomano que da un promedio de 40 horas a las semana de cadena; los ninos Venezolanos creen que  Chaves es el Pato Donald, el de las noticias y Tico Tico.

Para los que sacan la cabeza del hoyo y se toman la molestia, entre ir al Yatch y al Tenis, de investigar un poco sobre eso llamado el "mundo real".  La ultima Businessweek (una de las revistas de negocios mas importantes del mundo) dedica su primera plana a la economia emergente mas dinamica: Colombia.  El articulo describe como la inversion extranjera esta entrando en millonesy billones de dolares.  Los colombianos antes asustados de salir de sus casas estan saliendo para hacer negocios a lo largo y ancho del pais.  Colombia, empero de sus problemas graves, esta viviendo su mejor momento economico. Colombia ha simplificado tramites, dado insentivos, privatizado agua, luz y telefonos  (de manera honesta) y ha logrado crecer y mejorar la vida de miles de colombianos.  Por que no hacer lo mismo?  Por que no luchar por un fin loable: Mejorar la vida de miles y miles de ecuatorianos. En lugar de eso, dedicamos 20 millones de dolares para que el presidente tenga un canal de television.  Se tranza la deudad y favorecemos a gobiernos extranjeros.  Dedicamos millones para construir la sede de la asamblea en Montecristi cuando en Quito y Guayaquil hay espacio listos que no cuestan nada. En el fondo parece que ha este gobierno no le importa el pueblo, lo unico que importa es que el Sr Presidente se luzca a lo largo y ancho del pais.  Que pena, lo elegimos para que nos ayudara, como bueno politico, solo se ha ayudado a si mismo y sus "amigos". 

CUANDO SE SABE PRIVATIZAR

De todos los paises hoy recibimos lecciones de Libia.  Una de las republicas mas enemigas del capitalismo por muchos anios, comunista consagrada y opositora de muchos anios de los libres mercados.  Hoy Libia privatizo el 65% de una de sus empresas de petroleos.  Los compradores, un grupo de inversionistas gringos.  Por que se hizo, Kadafi aprendio hace tiempo que para competir y mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos hay que traer capital y conocimiento extranjero.  El empezo como Chavez hace tiempo y hoy luego de 30 anios en el poder o mas, nos da ejemplo de como hacer las cosas.  Como la licitacion se manejo bien, con transparencia y honestidad, el estado libio recibo 4 billones de dolares en cash.  No esta mal para hacer escuelas, carreteras y programas de educacion.

Ellos ya pasaron por la borrachera del comunismo y se dieron cuenta que no funciona.  Por que no podemos aprender de quienes ya han tratado estas ideas.  Por que somos necios y creemos que a nosotros si nos va a funcionar. Libia ya paso los racionamientos de comida, que hoy pasa Venezuela, ya paso las restricciones de autos y tecnolgia importada que vive Cuba,  hoy se da cuenta que lo importante no es que el gobernante sea un semi dios y pasar hablando en la radio todo el dia llenandose la boca de mentiras y estupideces.  Lo importante es que la gente como (no la gente de mi partido y de mi familia) sino toda la gente.

Suerte compatriotas, nos esperan 30 anios de racionamientos y discursos estupidos llenos de "igualdad" y "para todos" que lo unico que realmente significan es para mi, mi familia y mis amigos.

El regreso del idiota

Resumen de Mario Vargas Llosa

Publicado por el Diario La Nacion (Argentina)

Hace diez años apareció el Manual del perfecto idiota latinoamericano , en el que Plinio Apuleyo Mendoza, Carlos Alberto Montaner y Alvaro Vargas Llosa arremetían con tanto humor como ferocidad contra los lugares comunes, el dogmatismo ideológico y la ceguera política que están detrás del atraso de América latina.

El libro, que golpeaba sin misericordia, pero con sólidos argumentos y pruebas al canto, la incapacidad casi genética de la derecha cerril y la izquierda boba para aceptar una evidencia histórica -que el verdadero progreso es inseparable de una alianza irrompible de dos libertades, la política y la económica, en otras palabras, de democracia y mercado-, tuvo un éxito inesperado. Además de llegar a un vasto público, provocó saludables polémicas y las inevitables diatribas en un continente "idiotizado" por la prédica ideológica tercermundista, en todas sus aberrantes variaciones, desde el nacionalismo, el estatismo y el populismo hasta, cómo no, el odio a Estados Unidos y al "neoliberalismo".

Una década después, los tres autores vuelven ahora a sacar las espadas y a cargar contra los ejércitos de "idiotas" que, quién lo duda, en estos últimos tiempos, de un confín al otro del continente latinoamericano, en vez de disminuir parecen reproducirse a la velocidad de los conejos y cucarachas, animales de fecundidad proverbial. El humor está siempre allí, así como la pugnacidad y la defensa a voz en cuello, sin el menor complejo de inferioridad, de esas ideas liberales que, en las circunstancias actuales, parecen particularmente impopulares en el continente de marras.

Pero ¿es realmente así? Las mejores páginas de El regreso del idiota están dedicadas a deslindar las fronteras entre lo que los autores del libro llaman la "izquierda vegetariana", con la que casi simpatizan, y la "izquierda carnívora", a la que detestan. Representan a la primera los socialistas chilenos -Ricardo Lagos y Michelle Bachelet-, el brasileño Lula da Silva, el uruguayo Tabaré Vázquez, el peruano Alan García y hasta parecería -¡quién lo hubiera dicho!- el nicaragüense Ortega, que ahora se abraza con, y comulga con frecuencia de manos de su viejo archienemigo, el cardenal Obando.

Esta izquierda ya dejó de ser socialista en la práctica y es, en estos momentos, la más firme defensora del capitalismo -mercados libres y empresa privada- aunque sus líderes, en sus discursos, rindan todavía pleitesía a la vieja retórica y de la boca para afuera homenajeen a Fidel Castro y al comandante Chávez.

Esta izquierda parece haber entendido que las viejas recetas del socialismo jurásico -dictadura política y economía estatizada- sólo podían seguir hundiendo a sus países en el atraso y la miseria. Y, felizmente, se han resignado a la democracia y al mercado.

La "izquierda carnívora", en cambio, que, hace algunos años, parecía una antigualla en vías de extinción que no sobreviviría al más longevo dictador de la historia de América latina -Fidel Castro-, ha renacido de sus cenizas con el "idiota" estrella de este libro, el comandante Hugo Chávez, a quien, en un capítulo que no tiene desperdicio, los autores radiografían en su entorno privado y público con su desmesura y sus payasadas, su delirio mesiánico y su anacronismo, así como la astuta estrategia totalitaria que gobierna su política.

Discípulo e instrumento suyo, el boliviano Evo Morales, representa, dentro de la "izquierda carnívora", la subespecie "indigenista", que, pretendiendo subvertir cinco siglos de racismo "blanco", predica un racismo quechua y aymara, idiotez que, aunque en países como Bolivia, Perú, Ecuador, Guatemala y México carezca por completo de solvencia conceptual, pues en todas esas sociedades el grueso de la población es ya mestiza y tanto los indios como los blancos "puros" son minorías, entre los "idiotas" europeos y norteamericanos, siempre sensibles a cualquier estereotipo relacionado con América latina, ha causado excitado furor.

Aunque en la "izquierda carnívora", por ahora, sólo figuran, de manera inequívoca, tres trogloditas -Castro, Chávez y Morales- en El regreso del idiota se analiza con sutileza el caso del flamante presidente Correa, de Ecuador, grandilocuente tecnócrata, quien podría venir a engordar sus huestes.

Los personajes inclasificables de esta nomenclatura son el presidente argentino, Kirchner, y su guapa esposa, la senadora Cristina Fernández (y acaso sucesora), maestros del camaleonismo político, pues pueden pasar de "vegetarianos" a "carnívoros" y viceversa en cuestión de días y a veces de horas, embrollando todos los esquemas racionales posibles (como ha hecho el peronismo a lo largo de su historia).

Una novedad en El regreso del idiota sobre el libro anterior es que ahora el fenómeno de la idiotez no lo auscultan los autores sólo en América latina; también en Estados Unidos y en Europa, donde, como demuestran estas páginas con ejemplos que producen a veces carcajadas y a veces llanto, la idiotez ideológica tiene también robustas y epónimas encarnaciones. Los ejemplos están bien escogidos: encabeza el palmarés el inefable Ignacio Ramonet, director de Le Monde Diplomatique , tribuna insuperable de toda la especie en el Viejo Continente y autor del más obsecuente y servil libro sobre Fidel Castro -¡y vaya que era difícil lograrlo!-, y lo escolta Noam Chomsky, caso flagrante de esquizofrenia intelectual, que es inspirado y hasta genial cuando se confina en la lingüística transformacional y un "idiota" irredimible cuando desbarra sobre política.

La Madre Patria está representada por el dramaturgo Alfonso Sastre y sus churriguerescas distinciones entre el terrorismo bueno y el terrorismo malo, y los premios Nobel por Harold Pinter, autor de espesos dramas experimentales raramente comprensibles y sólo al alcance de públicos archiburgueses y exquisitos, y demagogo impresentable cuando vocifera contra la cultura democrática.

En el capítulo final, El regreso del idiota propone una pequeña biblioteca para desidiotizarse y alcanzar la lucidez política. La selección es bastante heterogénea pues figuran en ella desde clásicos del pensamiento liberal, como Camino de servidumbre , de Hayek, La sociedad abierta y sus enemigos , de Popper, y La acción humana , de von Mises, hasta novelas como El cero y el infinito , de Koestler, y los mamotretos narrativos de Ayn Rand El manantial y La rebelión de Atlas . (A mi juicio, hubiera sido preferible incluir cualquiera de los ensayos o panfletos de Ayn Rand, cuyo incandescente individualismo desbordaba el liberalismo y tocaba el anarquismo, en vez de sus novelas que, como toda literatura edificante y propagandística, son ilegibles.)

Nada que objetar, en cambio, a la presencia en esta lista de Gary Becker, Jean François Revel, Milton Friedman y (el único hispano hablante de la selección) Carlos Rangel, cuyo fantasma debe sufrir lo indecible con lo que está ocurriendo en su tierra, una Venezuela que ya no reconocería.

Pese a su buen humor, a su refrescante insolencia y a la buena cara que sus autores se empeñan en poner ante los malos vientos que corren por América latina, es imposible no advertir en las páginas de este libro un hálito de desmoralización. No es para menos. Porque lo cierto es que, a pesar de los casos exitosos de modernización que señala -el ya conocido de Chile y el promisorio de El Salvador, sobre el que aporta datos muy interesantes, así como los triunfos electorales de Uribe en Colombia, de Alan García en Perú y de Calderón en México, que fueron claras derrotas para el "idiota" en cuestión- lo cierto es que en buena parte de América latina hay un claro retroc
eso de la democracia liberal y un retorno del populismo, incluso en su variante más cavernaria: la del estatismo y colectivismo comunistas.

Esa es la angustiosa conclusión que subyace a este libro afiebrado y batallador: en América latina, al menos, hay una cierta forma de idiotez ideológica que parece irreductible. Se le puede ganar batallas pero no la guerra, porque, como la hidra mitológica, sus tentáculos se reproducen una y otra vez, inmunizada contra las enseñanzas y desmentidos de la historia, ciega, sorda e impenetrable a todo lo que no sea su propia tiniebla.

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La deuda en la Constitución

Por Rómulo López Sabando

Publicado originalmente en el diario Expreso

Inmerso en escándalos financieros y políticos, en el país se repite un error conceptual que amerita rectificar. La "tasa de interés" no es el "precio" del dinero. Es el precio del crédito. El precio del dinero es el inverso de su poder adquisitivo. Es decir, su poder de compra. Y este está determinado por el "costo" del dinero que depende de su volumen o "masa monetaria" la que, por el creciente e improductivo gasto público, aumenta (se infla). Es decir, el dinero compra menos (inflación). Suben los precios de todo.

Con mayor gasto público, generalmente dadivoso y antieconómico, se bloquean las ofertas de bienes y servicios que no satisfacen la demanda (escasez). El precio del dinero se deteriora. Hay carestía. Advienen la especulación y el mercado negro.

Para mejorar el poder de compra (o "precio") del dinero, sueldos, ahorros, etc. de los más pobres, hay que aumentar la oferta de bienes y servicios. Esto es posible mediante la producción industrial, comercios y trabajos que mejoren los servicios en calidad y variedad, lo que, de suyo, impulsa la oferta y variedad de fuentes de trabajo. Entonces el "precio" del dinero tendrá mayor valor adquisitivo. Los precios de las cosas bajarán. La producción aumenta con inversión que compita, sin monopolios ni privilegios privados ni públicos.

Las tasas de interés no se pueden bajar por decreto ni por manipulación, acuerdos o imposiciones. La mejor forma de bajarlas es aumentando los ofertantes del crédito, lo que, además, estimula su variedad y eficiencia.

Para pagar sus deudas, el Estado aumenta los impuestos y adquiere nuevas deudas que, generalmente, derivan en corrupción. En 36 años el Gobierno, aparte de sus enormes ingresos petroleros, nos endeudó en USD 81.591 millones y pagó USD 127.308,6 millones. De 1970 a 2006 la principal política pública ha sido el "endeudamiento agresivo". Tecnócratas vinculados a prestamistas internacionales se han enriquecido, destruyendo la producción y convertido la democracia en picardías financieras.

¿Dónde está el dinero de la deuda externa? En qué se invirtió, si no hay empleo, producción ni recursos para pagar a maestros, médicos y empleados aunque sí para pagar a la tecnocracia dorada y a los acreedores. La deuda externa ha sido onerosa, ineficiente, improductiva y sin contenido social. Genera desempleo, miseria y corrupción. El dinero de la deuda es inflacionario y su pago (el "servicio") disminuye al gasto social.

Endeudar al Estado es pésimo negocio para el pueblo que sufre insatisfacción, pobreza y coraje. Lucrativo para los endeudadores. Las deudas del Estado deberían pagarla sus gestores (Ministros, subsecretarios, presidentes) y no el pueblo. Sus fines, parecen sociales. Grandes obras de infraestructura (Elefantes blancos), minimizan la educación, la salud y la generación de empleo. Por esto, lo obvio, necesario y económico es aplicar políticas públicas que impulsen la producción masiva interna, mediante inversión cuyo riesgo no lo pague el pueblo sino los inversores quienes asumen la contingencia incierta de ganancia o pérdida.

El dilema, entonces, es entre "inversión de riesgo" o "deuda pública". Es el mismo dinero e igual proveedor.

Como "inversión de riesgo", si es mal manejada, pierde el inversor. Y, si es bien administrada, gana el Gobierno, se reduce la emigración y los pobres dejan de serlo. El dinero que entra como préstamo tiene el efecto de un alucinógeno y se debe pagar con intereses (servicio de la deuda). El dueño no pierde. El dinero que entra como inversión de riesgo, auditado por el Estado, reduce la inflación. Ergo: en la nueva Constitución se debe priorizar la inversión de riesgo y evitar la deuda pública que causa pobreza y corrupción.

TAPAR EL SOL CON UN DEDO

La criminalidad está en todas partes en nuestro país, roban en las calles, roban en Pacifictel, roban en el Congreso.  Hay miles de niños sin padres, solos en las calles, a merced de las drogas y pandillas.  Hay otros miles que van a colegios y solo les ensenan a hacer huelgas y ser vagos.  ¡¡¡Aquí está la raíz de la alta criminalidad!!!  Allí debe ser combatida.  ¿Por qué el Sr Presidente, en lugar de querer gastar 20 millones de dólares en un nuevo canal estatal de televisión, no lo invierte en ayudar a la juventud desempleada, a educarse, a buscar un mejor futuro? 

Hoy como gran cosa, queremos detener al hampa organizada quitando películas oscuras de los vehículos de la ciudad.  ¡¡¡Que ridiculez!! Que pena que el Sr. Antón, no tenga nada mejor que hacer.  Si quiere controlar el hampa, lo mejor es tener un mejor registro de los vehículos, proveer de computadoras a las patrullas para que puedan ingresar las placas de carros sospechosos para ver si son robados.  Mejorar los sistemas de la Comisión de transito para evitar la introducción de carros robados o la re-matriculación de vehículos robados.  Una vez mas, por que no usamos los 20 millones del canal para dar equipos a la policia y Comision de Transito.

Espero que alguien en el gobierno en lugar de hacer campaña para la asamblea se dedique a hacer su trabajo, a leer, a informarse sobre cómo combatir la criminalidad, métodos que han dado resultado en otras partes, nuevas tecnologías, etc.  Quitar las películas, a lo mejor ayuda mas a los roba carros y secuestradores pues puede espiar mejor a sus víctimas.  ¡¡¡QUE GRAN LOGRO, 4 MESES DE GOBIERNO y 3 MIL PELICULAS ANTI SOLARES RETIRADAS!!!.  PERO ESTOY SEGURO QUE ALGUIEN ME DIRA QUE ES LO MEJOR QUE SE HA HECHO EN CONTRA DEL CRIMEN Y DE LA INSEGURIDAD EN LA HISTORIA DEL ECUADOR.