Eudocio Ravines:Martir de la Libertad

Fue a través de los
editoriales de Ravines que mi padre se involucró con el movimiento liberal de América Latina.  Mi padre fascinado con lo que con lo que Ravines
escribia contra los comunistas y a favor de la libre empresa decidió
invitarlo a dar una charla en Guayaquil en la Cámara de
Industrias al final de los 70's.  Al llegar Ravines al aeropuerto mi padre se asustó al verlo en persona pues
estaba muy viejo y tembloroso en incluso tartamudeaba de vejez.   Sin embargo ni
bien Ravines se paró en el podio, todos aquellos achaques y aparentes impedimentos que lo acompañan a uno en la vejez desaparacieron y dió una conferencia muy elocuente y muy
ovacionada por los presentes en dicha cena de la Cámara.  A su regreso a México una semana despues Ravines muere cobardemente asesinado

Yo descubrí a Ravines cuando a los 11  o 12
años comencé a devorar los libros que mi padre tenía en la biblioteca
dado que estaba interesado en esto que se llamaba capitalismo.  Me
impresionó el libro que lanzó a la fama a Ravines "La gran estafa" y luego lei una biografia de él, El deportado, escrito por Federico Pietro Celi, que la leí como novela y me ayudó a entender porque esto del comunismo y la union soviética era una locura.

Abajo incluyo la brevísima biografía publicada por Alberto Benegas Lynch.  ¿Qué díria Eudocio Ravines al ver estos gobiernos neo-comunistas que nos gobiernan?.

via El Independent by Gabriel Gasave on 4/8/09

Por Alberto Benegas Lynch (h)

Diario de América

Es de gran interés relatar
resumidamente la historia de una persona compenetrada con el marxismo y
vinculada a la elite del aparato soviético, responsable de haber
organizado los movimientos comunistas en España, Chile, Argentina y
Perú por lo que obtuvo los Premios Stalin y Mao. Nos referimos a Eudocio Ravines.

Nació en un pueblito peruano en 1897.
Sus padres querían que fuera fraile de la orden franciscana. Estaba muy
impresionado con la extrema pobreza que su familia padecía y con la que
lo rodeaba. En su primer trabajo fuera de su casa, en Lima, en el
comercio de Albert Kobrick, se hizo de algunas de las obras de Lenin,
Marx, Trotsky y Engles, las cuales leyó con avidez en poco tiempo.

Comenzó a escribir asiduamente en el
periódico “La Razón” e influye en su pensamiento el fogoso orador y
lector empedernido Juan Carlos Mariátegui. En 1919, el mencionado
periódico deja de imprimirse y funda “Rincón Rojo” y escribe en la
revista “Claridad” hasta que el gobierno lo deporta a Chile donde, a su
vez, es deportado a la Argentina. En este país toma contacto con José
Ingenieros, Juan B. Justo, Rodolfo Ghioldi, Nicolás Repetto, Carlos
Sánchez Viamonte y Vittorio Codovila, en esa instancia todos
admiradores de la revolución rusa y con los que participa en la Liga
Anti-Imperialista y ayuda a consolidar el Partido Comunista.

Con lo que pudo ahorrar en su precario
trabajo viaja a París donde colabora en la formación y en la plataforma
de la Alianza Popular Revolucionaria (APRA) en estrecho contacto con
Víctor R. Haya de la Torre que por entonces se encontraba exiliado en
Londres, documentos que enfatizaban la “nacionalización de la tierra y
las industrias”. En Francia lo conoce a Henry Barbusse que dirige
“Monde” donde Ravines comienza a colaborar periódicamente.

En 1927 es designado delegado argentino
del Partido Comunista al Congreso en Bruselas y en 1929 es designado
delegado del grupo socialista-comunista de Perú al Congreso de
Frankfurt. Ese mismo año es invitado a Moscú donde se encuentra con la
primera sorpresa en el tren ruso: las porciones para el desayuno eran
mínimas y a precios varias veces superiores a las raciones suculentas
de los desayunos parisinos. La segunda sorpresa es el estado miserable
de la gente, la mugre y el hacinamiento a medida que el tren iba
recorriendo diferentes lugares, a lo cual los comisarios encargados de
vigilarlo le explicaron que era “la herencia recibida” aún después de
doce años de iniciada la revolución. La tercera sorpresa, fue comprobar
en Moscú la opulencia con que vivían y las comidas y las bebidas que se
servían en las mansiones de los jerarcas del partido, pero aceptó que
se trataba de los dolores del parto provocados por la transición al
nuevo régimen.

Luego forma el Partido Comunista en
Lima y, en 1930, es primero puesto preso en un calabozo y luego
deportado nuevamente por el gobierno, también a Santiago y luego a
Buenos Aires, desde donde es llamado a Montevideo para encargarle la
urgente misión de sacar todos los archivos del Partido Comunista de
Argentina y llevarlos a Perú dado el inminente golpe militar contra
Yrigoyen. Así fue financiado por la Unión Soviética para aparecer como
hombre rico y no despertar sospechas (le hicieron comprarse varios
trajes, muchas corbatas, zapatos y camisas y alojarse en el Plaza
Hotel). A pesar de las múltiples dificultades por las que tuvo que
atravesar, cumplió con el cometido y voló a Lima vía Montevideo y
Bolivia, donde participó activamente en la radicalizada Conferencia
General de Trabajadores en 1932, a raíz de lo cual fue otra vez
detenido y condenado a 25 años de prisión donde enfermó gravemente de
paludismo.

A los pocos años se fugó de la prisión
con ayuda de los soviéticos quienes se encargaron de llevarlo a Rusia
con la idea de aprovechar sus consejos y curarlo. En esa ocasión se
llevó otras tres sorpresas. La primera es que se anotició que nunca vio
un obrero ni un campesino en las deliberaciones del partido a pesar de
que teóricamente todo sería realizado por los proletarios. La segunda
fue como consecuencia de su enfermedad cuando preguntó la razón por la
que faltaban medicamentos: le respondieron que era indispensable gastar
en armamentos debido a los “ataques permanentes de Occidente” y la
tercera fue el comienzo de las terribles purgas de Stalin liquidando a
sus propios camaradas (comenzando por su segundo el otrora poderoso S.
Kirov).

De todos modos, Ravines
prosiguió con sus actividades y mantuvo entrevistas con Satín y con Mao
(en ese momento en Moscú) donde escuchaba sorprendido largas peroratas
sobre “las maravillas del Segundo Plan Quinquenal”. En esas reuniones
planteó la necesidad de organizar Frentes Populares en España y en
Chile como método de penetración y asistió a sesiones con el cuerpo de
asesores de Dimitrov donde se explicaba la importancia decisiva de
ocupar cátedras universitarias e infiltrar diversas manifestaciones
religiosas, en especial a la Iglesia Católica.

Le incomodaba pero pasaba por alto el
hecho de que no pudiera recibir vistas sin que se reporten a la
portería del hotel donde se hospedaba, las preguntas periódicas que le
formulaban agentes de la policía y los seguimientos de que era objeto.
Finalmente viaja a Santiago con documentación falsa y bajo el nombre de
Jorge Montero y organiza el Frente Popular a través de la “Liga de los
Derechos del Hombre” y de “Casa América” y en 1937 comienza a dictar
clases (se enamora de una de sus alumnas- Delia de la Fuente- y se casa
y tiene dos hijas). Es llamado nuevamente a Moscú donde se le encarga
trabajar en un Frente Popular en España  donde funda el periódico
“Frente Rojo”.

Un noche, en un hotel de Madrid, un
camarada y amigo, de origen italiano, de apellido Marcucci -después de
escuchar en la radio las noticias de que el Comité Central del Partido
había ordenado matanzas a quienes operaban en el mercado negro en Rusia
y sus satélites- le habla largamente, muy desilusionado y angustiado
sobre como  había entregado su vida al sistema comunista al que se
refiere como “la gran estafa” (nombre que mucho después Ravines
utilizó para escribir sus memorias, fuente principal de la información
disponible que resume Federico Prieto Celi en su biografía). Esa noche,
Eudocio Ravines escucha
un disparo proveniente de la habitación contigua y encuentra que su
amigo se había suicidado, todo o cual hace que el protagonista de esta
historia termine de indignarse por las conductas de los dirigentes del
partido, pese a lo cual vuelve a Moscú en 1938 con la preocupación de
sentirse rehén del aparato al tiempo que intentaba por todos los medios
que su familia fuera trasladada a Francia desde España donde estaba
pasando hambre. En esos momentos tiene lugar la tercera purga y Hitler
firma el tratado con Stalin (Molotov-von Ribbentrop). Es trasladado a
Chile una vez más y allí decide romper con el círculo soviético pero
mantiene su fe marxista. Consideraba que el problema radicaba en la
irresponsabilidad de los administradores del régimen. De todos modos
varios emisarios le advierten que “dentro del Partido no se toleran las
abjuraciones”por las que sufrió reiteradas amenazas y ataques físicos y
morales a través de su vida.

Vuelve a Perú y es expulsado del
Partido Comunista y funda el periódico “Vanguardia” en 1945 desde donde
continúa defendiendo ideas marxistas. Al poco tiempo lo asesinan a Gaña
-director de “La Prensa”- en cuyo entierro hablan muchos periodistas
entre los que se encontraba José Miró Quesada de “El Comercio” y Pedro
Beltrán de “La Prensa”. Fue esta última persona la responsable de
influir en Ravines para que comprenda las
ventajas de los mercado libres y el liberalismo en general con lo que
abandona el socialismo-marxismo y percibe que no es una cuestión de
hombres sino de sistema y que la sociedad abierta es lo que mejor saca
a los pueblos de la pobreza.

Comienza una intensa campaña
periodística de crítica a los gobiernos intervencionistas y es puesto
en prisión, en 1947 y deportado al año siguiente, en esta ocasión por
los motivos opuestos y a pesar de sus sufrimientos debido a avanzadas
úlceras gástricas. Luego de un nuevo interregno en Lima, vuelve a ser
deportado en 1950 a México, donde en 1952 escribe las antes mencionadas
memorias, obra titulada La gran estafa que fue un éxito editorial y se
tradujo a varios idiomas. Esta historia de retornos y deportaciones no
para allí: en 1956 vuelve a Lima hasta que en 1970 el decreto ley 18309
del general Velasco Alvarado lo expulsa y le quita el pasaporte y la
ciudadanía. Luego de lo cual vivió en Guatemala, Buenos Aires y México
con pasaporte boliviano y nunca más pudo regresar a su país.

Escribe Ravines
en el prólogo a la décima edición de sus memorias: “La economía de
mercado condenaba íntegramente, sin redención posible, al marxismo y al
socialismo, a la economía dirigida, al estatismo y a todas las formas
de New Deal que pululan arrojando pérdidas, frustraciones y miseria
sobre la Tierra […] La realidad me convenció de que si el comunismo
se arrepintiese de sus crímenes con la más sincera de las contriciones,
si renunciase a sus métodos de opresión y se postrase humildemente ante
la libertad, sería obligatorio seguir combatiéndolo por inepto […] Se
me anclaron, con ésta, dos firmes conclusiones: el socialismo y la
miseria dolorosa y depravada de las masas, son inseparables. La
opresión y la miseria siguen al socialismo como la sombra al cuerpo”

Personalmente tuve una muy estrecha relación con Eudicio Ravines
y lo presenté en distintas tribunas en Buenos Aires, en Guatemala y en
México. En muchas ocasiones el orador debió sortear incidentes de
diverso calibre. Por ejemplo, cuando en mi calidad de asesor económico
de la Cámara Argentina de Comercio lo presenté ante una audiencia
colmada de gente en la sede de la institución, siendo presidente
Armando Braun, ni bien Ravines comenzó con las
primeras palabras de su disertación un individuo ubicado entre el
público, rodeado de varios compinches, le comenzó a gritar groserías
imposibles de reproducir y secundado por sus adlateres.

Cada vez que mencionaba su conversión
del sistema totalitario al de la libertad se emocionaba vivamente y
decía que era como el camino a Damasco de San Pablo y que escribiendo
todos los días en diferentes periódicos de América latina y Miami y
pronunciando conferencias en todas partes donde lo invitaran intentaba
reparar el inmenso daño que había causado. A partir de su abandono de
las filas comunistas estaba perfectamente al tanto de los riesgos que
corría pero los asumió y se entregó como mártir de la libertad. Fue
asesinado en México el 23 de noviembre de 1978 a los tres meses de
haber recibido su última advertencia en una feroz golpiza que le
propinaron seis sujetos encapuchados.

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3 comentarios sobre “Eudocio Ravines:Martir de la Libertad

  1. Precision: Eudocio Ravines llegó un viernes a Guayaquil. En la noche dio su conferencia magistral en el Club del Edificio Salco.
    Pese a que sufria Mal de Parkinson fue brillante. Elocuente. Su voz era como un trueno y sus persuasivas ideas cautivaron por mas de 2 horas a los empresarios. El sabado regresó a Mexico, donde residía. Era apatrida. El gobierno peruano de Velasco Alvarado (La decada perdida) le quito su nacionalidad.
    El lunes fue asesinado. Su postrer discurso integro se publico en los diarios de Guayaquil.

  2. Pedro Beltran fue estudiante en la LSE en los 1920s y 1930s donde estudio con Hayek y Robbins. Ademas de ser uno de los mejores amigos de David Roosevelt mientras entuvieron en LSE.

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