Rafael el Irascible

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Carlos Alberto Montaner se defiende las acusaciones de Rafael Correa de que la HRF que actualmente está defendiendo el caso de la prisión ilegal de Guadalupe Llori, sea una organización apoyada por el.  Sin embargo lo más interesante del editorial de Montaner es la siguiente frase (el subrayado es mio):

Un ex
compañero del presidente, profesor de la Universidad San Francisco de
Quito, me advirtió que nunca lo haría: ”este señor es incapaz de
reconocer un error”. No conoce la duda ni la rectificación. Luego me
explicó que es una persona afectada por una arrogancia patológica, y me
remitió una entrevista que acaba de hacerle el periódico argentino
Página 12. El propio presidente Correa, prisionero de un extraño
orgullo, se describe en esos papeles como una persona ”irascible”.
Alguien gobernado por la ira, no por la razón ni el sentido común.

Me
pareció una sorprendente autoinculpación. El señor Correa dice ser un
católico militante y debe saber que la ira es uno de los siete pecados
capitales desde que San Gregorio, entonces Papa, compiló la lista en el
siglo VI. ¿No le ha advertido su confesor que la ira lo conducirá
directamente al infierno a menos de que se arrepienta sinceramente y
renuncie a esa manera de ser y comportarse? Dante, que fue el gran
teórico de estos vicios del espíritu, lo definió muy bien en La divina
comedia: ”la ira es el amor por la justicia transformado en venganza y
resentimiento”. ¿Es así como el presidente Correa se enfrenta a las
infinitas injusticias que aquejan a Ecuador? ¿Con venganza y
resentimiento?

Me pareció un retrato fiel y brillante de Correa, que solo gobierna con el higado y no con la razón.  Toda esta irá la ha volcado contra Guayaquil (resentimiento que no hace el mas mínimo esfuerzo de ocultar) y los pelucones, las gorditas horrorosas y quien sea que se oponga a su proyecto totalitario. 

Por lo pronto el caso de la HRF a favor de Guadalupe Llori ha sido acogido por otra organización de derechos humanos la; International Society for Human Rights (ISHR), y está si con trayectoria mucho más larga. Esta organizacion fundada hace 36 años, cuenta, aproximadamente, con 30.000 miembros en 26 países (ver su sitio web).
Tiene estatus consultivo dentro del Consejo Europeo en Bruselas y en la ONU.
¿Qué dirá Alexis Ponce ahora, que tambien son unos desconocidos?  Mas abajo les dejo el editorial de Montaner.

La ira de Rafael Correa

Por Carlos Alberto Montaner

Leo en un cable de AP que Rafael Correa, presidente de Ecuador, calificó de
”sinvergüenzas” a los directivos de la Human Rigths Foundation. ¿Por
qué? La institución, radicada en New York, le había remitido varias
cartas, muy bien razonadas, denunciando ciertas penosas violaciones de
los derechos humanos ocurridas en el país. Lamentablemente, en lugar de
utilizar la información para corregir esos atropellos, se escudó tras
la coartada nacionalista, optó por ofender a los activistas
internacionales y les dijo que se metieran en sus propios asuntos.

Me
entero, por el mismo despacho periodístico, que el señor Correa,
además, intentó defenderse con un argumento curioso: ”entre los
miembros de la HRF se encuentra gente de derecha retrógrada como Alvaro
Vargas Llosa y Carlos Alberto Montaner”. Naturalmente, HRF no tardó en
responder: ”Carlos Alberto Montaner nada tiene que ver con nuestra
organización”. Y así es: jamás he tenido el menor vínculo con este
grupo, ni conocía el informe sobre Ecuador, aunque, tras leerlo, me
resultó muy persuasivo y descubrí que HRF cuenta con un prestigiosísimo
elenco de asesores internacionales. También debo desmentir, por
supuesto, que forme parte de la ”derecha retrógrada”. Si el señor
Correa se hubiera tomado el trabajo de leer Fabricantes de miseria, uno
de los libros que he escrito al alimón con Alvaro Vargas Llosa y Plinio
Apuleyo Mendoza, probablemente entendería mejor lo que es una verdadera
visión liberal de la economía y la sociedad y lo que pensamos de la
“derecha retrógrada”.

En todo caso, esperé un par de días a que
el presidente se disculpara públicamente por el injusto ataque que me
había hecho. Fue en vano. Un ex compañero del presidente, profesor de
la Universidad San Francisco de Quito, me advirtió que nunca lo haría:
”este señor es incapaz de reconocer un error”. No conoce la duda ni
la rectificación. Luego me explicó que es una persona afectada por una
arrogancia patológica, y me remitió una entrevista que acaba de hacerle
el periódico argentino Página 12. El propio presidente Correa,
prisionero de un extraño orgullo, se describe en esos papeles como una
persona ”irascible”. Alguien gobernado por la ira, no por la razón ni
el sentido común.

Me pareció una sorprendente autoinculpación. El
señor Correa dice ser un católico militante y debe saber que la ira es
uno de los siete pecados capitales desde que San Gregorio, entonces
Papa, compiló la lista en el siglo VI. ¿No le ha advertido su confesor
que la ira lo conducirá directamente al infierno a menos de que se
arrepienta sinceramente y renuncie a esa manera de ser y comportarse?
Dante, que fue el gran teórico de estos vicios del espíritu, lo definió
muy bien en La divina comedia: ”la ira es el amor por la justicia
transformado en venganza y resentimiento”. ¿Es así como el presidente
Correa se enfrenta a las infinitas injusticias que aquejan a Ecuador?
¿Con venganza y resentimiento?

Es una pena. Entre todos los
defectos que pueden tener un gobernante, la irascibilidad está entre
los peores. Se gobierna con la cabeza y con el corazón, no con el
hígado. Los romanos lo consignaron con total claridad: la principal
virtud del buen gobernante es la prudencia. Hay que saber ponderar las
consecuencias de los actos de gobierno. Insultar al adversario, o al
que postula una idea diferente, no es una muestra de carácter, sino de
limitaciones morales e intelectuales. Tampoco fue una buena idea
dejarse llevar por la ira y rechazar el esfuerzo conciliatorio del
Centro Carter para poner fin al conflicto entre Colombia y Ecuador. El
presidente Uribe, que no es una persona iracunda, tenía la mano
extendida. No fue inteligente rechazarla. La ira nunca es inteligente.

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