Los problemas del centralismo nacional-estatista

La clase política aprovecha el
Estado-Nación para generar una serie de instituciones que les permitan no sólo
manipular a las grandes mayorías, sino también saquearles sistemáticamente.

a) La
banca central, bajo el guiso de “tener una moneda propia”, permite inflar la
cantidad de dinero para beneficiar a exportadores –via tipo de cambio,
banqueros –via una relación desmejorada del tomador de créditos, y los mejor
conectados en general, a costa de grandes masas de gente que ven reducir su
poder adquisitivo salarial y sus ahorros para la vejez. En vez de oro, plata o
dinero respaldado en ellos mediante contratos de convertibilidad directa, nos
entregan papeles con rostros de militares y políticos muertos. Esto perjudica a
los menos conectados, y cuando ocurre drásticamente, genera migración del campo
a la ciudad (centro de redistribución política), generándose bolsones de
pobreza pues es imposible asimilar ritmos tan rápidos de movimientos
poblacionales. El caso local y concreto son los Guasmos en Guayaquil, o las
Favelas o Villas Miseria en Brasil y Argentina respectivamente.

b) Los
impuestos nacionales, que van a un fondo común, dejan de responder a usos
locales –en el mejor de los casos- y sirven junto con la inflación, para
financiar el aparato de propaganda estatal, las guerras o una simple
confiscación parcial de una buena parte del año productivo de cada persona, que
antes hubiese sido calificada como servidumbre[i]. Lo
que los intelectuales y comunicadores de la corte hacen es convencernos de que
en un sistema democrático, “nos lo hacemos a nosotros mismos”, por tanto no hay
saqueo alguno, si no redistribución de la riqueza. Ya que una parte del ser
humano es generosa y otra parte prefiere delegar que hacer, los impuestos bajo
la máscara de “solidaridad” han hecho que se cumpla el viejo adagio de que quien parte y reparte, se queda con la mejor
parte
. Es ínfimo el porcentaje de los impuestos nacionales que llegan a los
beneficiarios declarados. Y adicionalmente, cabe preguntarse si la clientela
política resultante (“beneficiaria”) es gente a la que se quiere ayudar a salir
de la pobreza, o a la que se quiere mantener en situación de dependencia para
que apoye al partido gobernante en la próxima elección o simplemente para que
el jefe de Estado pase a los anales de la historia por su magnanimidad con
dinero ajeno. 

c) El
proteccionismo por su parte, encuentra justificación propagandística en
“defender la industria y el empleo nacional”. Es un slogan muy útil, que
distrae al público del hecho de que si importara de otros lares lo que le
obligan a comprar del oligopolista o monopolista local, obtendría tanto el bien
A como el bien B, que pudo importar o comprar localmente. En ambos casos, tanto
el comercio como la producción del bien B generan empleos iguales o más
numerosos que el engañoso proteccionismo. Este sistema equivale simplemente al
proverbial caso del zorro cuidando del gallinero. En el Ecuador se llegó al
absurdo de prohibir de facto la importación de automóviles en el gobierno de
1984-1988. Lo triste es en este caso la línea de intelectuales de la corte
desde Lizt en el s.XIX hasta Chang en nuestros días que pretenden vestir con un
manto de nacionalismo progresista, dicha protección a un puñado de ricos a
costa de millones de familias que pierden la oportunidad de una calidad de vida
mejor.

d) Los
commanding heights o “áreas estratégicas”. Lenin se dirigió por última vez al
Comité de Comisarios del Pueblo para enfrentar las críticas a

la N.P

.E. diciendoles a sus
camaradas que “mientras tengamos los altos de control de la economía, las
grandes industrias y recursos, el socialismo no estaría en riesgo”[ii]. Los
analistas liberales más brillantes de nuestro continente como lo son Enrique
Ghersi y Guillermo Yeats, han destacado que la propiedad del subsuelo en manos
del Estado-Nación ha generado círculos viciosos de exclusión, corrupción y fortunas
mal habidas. El Banco Mundial
recientemente publicó un estudio[iii]
sobre el mismo fenómeno: los regímenes autoritarios y represivos de los
derechos individuales, se ven potenciados y fortalecidos cuando sube el precio
mundial de los bienes administrados por el Estado. Yerran los analistas que
consideran neoliberales o capitalistas las economías latinoamericanas, cuando
las áreas estratégicas (término guerrerista, dicho sea de paso) son propiedad
del Estado en la mayoría de ellos. Los Estados, al contar con una fuente de
ingresos independiente de impuestos o mejor aún, tasas, pueden salirse con la
suya en una serie de atropellos a la razón y la justicia, siendo el caso más
representativo en los albores de siglo XXI

la Venezuela

de nuestra
región, superando con creces a los regímenes represivos de Medio Oriente en su
alcance.

e) La
inflación legal que genera el Estado-Nación es abrumadora para cualquier
pretensión de vivir bajo un imperio de la ley y no de los políticos. El fijarse
no en la justicia o precedente de una ley –iusnaturalismo o consuetudinarismo– si no en el mero procedimiento,
como propuso Kelsen, llevó a la corrupción del derecho y a daños sociales
incalculables en Occidente. La receta kelseniana permite perfectamente atropellos
como los de Lincoln y Hitler, pues basta con que se siga el procedimiento
estatalmente asignado al Estado, y tenemos una legislación con total
legitimidad democrática.  Qué distinto
del common law, que se sometía al sentido común de juez y los presentes, o el
iusnaturalismo, que medía una ley o contrato contra estrictas formas de respeto
al individuo. En el Ecuador, se calcula
que hay más de 70.000 cuerpos legales activos. 60% han sido emanados desde el
Poder Ejecutivo, en forma de acuerdos (mandatos) ministeriales, decretos-ley y
similares. Pero peor que la existencia de un cuerpo de legislación inflado e
inevitablemente por tanto, contradictorio, es la aplicación arbitraria de la
legislación por parte de funcionarios de baja categoría, en instancias
cotidianas, dañándose profundamente la posibilidad de pensar y actuar a largo
plazo. Esto afecta no sólo la producción y el ahorro, si no el carácter
cultural mismo de una sociedad.

f) La
educación masificada. Los Estados-Nación requieren de ciudadanos obedientes de
cada ley o decreto que emerjan de su aparato. Jurar amor a una bandera, entonar
un himno, usar billetes nacionales, son apenas pequeños indicativos de lo que
representa el Estado-educador. Desde sus inicios, la educación estatal ha sido
mucho más una herramienta de adoctrinamiento y adormecimiento, germen del
hombre-masa, que de formación de individuos productivos y auténticamente
solidarios. Baste el dato de que Inglaterra llegó hasta el 95% de alfabetismo
funcional hasta los 1820’s en que el Estado empezó a “ayudar”, y ahora el
analfabetismo funcional bordea el 20% en ese mismo país[iv].
Pero se le incluye bajo el apartado de “expoliación” pues educarse y hacerlo
bien entre los 5-16 años de educarse, no vuelve más en la vida de una persona,
y es un costo de oportunidad, un robo mayor.

g) La
torpeza administrativa, pues los intelectuales de la corte nos han convencido
de que obtenemos “servicios” del Estado, y no contraprestaciones por impuestos,
y además la propia maquinaria estatal no responde al sistema de precios lo cual
como nos enseñó el mejor economista de la historia, Ludwig von Mises, aisla al
productor u ofertante, del consumidor o beneficiario, impidiendo la asignación
inteligente de recursos, la creación de valor agregado y otros defectos que la
ausencia de competencia evidencian en nuestros países. Las largas filas, el
maltrato al usuario y la deplorable situación de las instalaciones son
testimonio inequívoco del fenómeno.

(Parte del capítulo "Decentralización Profunda" para Políticas Liberales Exitosas 2)


[i] Los siervos de la gleba,
en el medioevo, pagaban al señor feudal por “protección” un 20-30% de sus
cosechas. ¿Cuánto toleramos ahora y por qué no nos sentimos siervos de nadie?
He ahí la ilusión democrática que crea el Estado-Nación.

[ii] Documentado en el libro
ganador del Pulitzer “Commanding Heights”, de Daniel Yergin.

[iii] El caso venezolano, se
encuentra en:  www.people.hbs.edu/rditella/papers/WPVenFeb16.pdf

[iv] Vease “Education without the State”, James
Tooley, IEA, Londres

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