Guayaquil Ciudad-estado

Leyendo el blog del Instituto independiente que publica editoriales de escritores latinoamericanos liberales me encuentro con el comentario de Guillermo Arosemena donde habla sobre las ciudades estado del pasado.  Al final del artículo Arosemena concluye:

Cuando Guayaquil se separó de España, Olmedo propuso hacer de la
Provincia de Guayaquil, un Estado independiente y soberano, pero su
proyecto no fue acogido; uno de los opositores, Francisco Roca, estuvo
en contra por ser un territorio muy pequeño. Actualmente están naciendo
nuevas ciudades-estados, debido a la visión de las autoridades
seccionales y sector privado. Guayaquil tiene todas las condiciones
para convertirse en otra Singapur: ubicación, población, eficiente
alcaldía, recursos y emprendimiento.

No puedo estar más de acuerdo, sobre todo últimamente que parecería que la revolución ciudadana  es imparable,  y que estamos condenados a vivir este periodo dizque revolucionario (involucionario más bien), Guayaquil tiene la oportunidad si sus dirigentes son capaces de jugar sus cartas adecuadamente de protegerla de la vorágine en la que el país se encuentra.   

Ya lo dice el día de hoy Simón Pachano cuando nos cuenta sobre la historia de la anterior revolución, la alfarista, parecería que estamos condenados a sufrir de largo no con una constituyente sino con 2 o quien sabe cuantas más.  Esta constituyente por lo visto aprobará la constitución de los alzamanos a toda velocidad sin mayor discusión y veremos como Don Rafael I gobierna.  Pues hasta ahora solo se ha dedicado a organizar constituyentes y destituir todas las instituciones vigentes. 

En que terminará todo esto nadie lo sabe, pero lo que es cierto es que para bien o para mal el país está cambiando de actores políticos, pero hasta ahora no hay evidencias de que el país haya cambiado de instituciones o actitudes.  Eso solo el tiempo lo dirá y tal como van las cosas, terminaremos haciendo lo que la revolución liberal logró hace 100 años cambiaron los actores (el conservadurismo decimonónico) por el liberalismo radical, pero el país no cambió siguió siendo el mismo.  Pasamos de venerar a la iglesia y sus jerarcas a venerar al estado.  ¿Cuándo pasaremos a respetar a las personas a los individuos? En los albores del siglo XX en esencia cambiaron los actores pero el país no cambió.  ¿Seguiremos igual venerando al estado benefactor y solo habremos cambiado de dueño esta vez en los albores del siglo XXI?

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