CRÓNICA: LA CUARTA PÁGINA PIEDRA DE TOQUE

COMENTARIO ABA:  Publico esto, por que creo que Chavez, Correa, Evo y Daniel Ortega representan lo peor de America Latina, aquel que sabiendo algo mas que los demas, siendo un poco mas educado; no trata de ensenar a los demas a cambiar el sistema caduco en el que vivimos. Estos caracteres, tratan de crear un nuevo sistema, igual de injusto y cruel, que esta vez les sirva.  En fin se aprovechan de los mas pobres y de la ignorancia. Somos los demas testigos mudos de este crimen contra los mas pobres.
El comandante y el Rey
La salida de Juan Carlos I, tras las interrupciones e insultos de Hugo  Chávez, tuvo la virtud de rasgar el velo de hipocresía que rodea las  Cumbres Iberoamericanas . MARIO VARGAS LLOSA 18/11/2007
-EL PAÍS.ESPAÑA  Es verdad que una imagen vale mil palabras y, una secuencia de imágenes,  diez mil. El incidente que ha inmortalizado la sesión de clausura de la  última Cumbre Iberoamericana celebrada en Santiago de Chile, divulgado al  mundo por las cámaras de televisión, dice más e ilustra mejor sobre el  caudillo venezolano Chávez y congéneres, así como sobre las relaciones de  España con América Latina, que decenas de sesudos ensayos.
  Conviene a España tener relaciones privilegiadas con países que encarnan  la civilidad y la libertad  Los mejores guionistas de Hollywood no lo hubieran hecho tan bien si  querían abrir el espectáculo con la imagen -entre cómica y siniestra- de  un espadón tercermundista en plena acción. Interrumpiendo al presidente  del Gobierno español que, tímidamente, se atrevía a recordar a los  mandatarios latinoamericanos que "nacionalizar empresas no garantiza  nada", el comandante Hugo Chávez se apodera del micro y se dispara en  insultos contra José María Aznar, quien alguna vez habría invitado a Venezuela a algo tan ignominioso como integrarse "al primer mundo",  propuesta fascista que el caudillo tropical rechazó, claro está, porque  "somos humanos y los fascistas no son humanos.
Creo que una serpiente es  más humana que un fascista o que un racista". La estupidez conceptual se  enriquece si quien la emite se expresa con la vulgaridad del comandante  Chávez y su gesticulación cuartelera. Hasta aquí nada que sorprenda,  aunque, sí, mucho que entristezca y avergüence, si quien presencia la  escena es latinoamericano y, sobre todo, venezolano.
Entonces, Rodríguez Zapatero pide la palabra a Michelle Bachelet -la presidenta de Chile dirige la sesión- y, extremando el respeto de las  formas y buscando con verdadera angustia las palabras más prudentes, trata  de dejar sentada su protesta por la "descalificación" que se ha hecho de  un ex presidente "que fue elegido por los españoles". Digo "trata de"  porque, pese a sus educadas maneras, hasta en dos oportunidades es  groseramente interrumpido de nuevo por Hugo Chávez, quien, como la  presidenta Bachelet le ha cortado el micro, levanta virilmente la voz a  fin de que ninguno de los presentes se libre de escucharlo.
A estas  alturas, el Rey de España, al que literalmente hemos visto demudarse y  enrojecer a lo largo de toda esta escena sin poder ocultar la irritación  que le produce, irrumpe con su contundente "¿Por qué no te callas?" que,  por un instante, deja al soldadote de marras quieto y mudo, como sin duda  le ocurría en el cuartel cuando su superior lo aderezaba de carajos. La  presidenta Bachelet introduce un inesperado toque de humor al sugerir con  meliflua voz a los presentes "que eviten los diálogos".
Otro tercermundista y comandante entra en escena, esta vez un Daniel  Ortega maltratado por los años con una calvicie acelerada y una panza  capitalista, para desgañitarse atacando a España por los bombardeos de  Estados Unidos contra Libia, por las supuestas depredaciones de Unión  Fenosa y contra los embajadores españoles por conspirar contra el Frente  Sandinista… hasta que el Rey de España se levanta y deja sentada su  protesta abandonando la sesión.
La enseñanza más obvia e inmediata de este psicodrama es que hay todavía  una América Latina anacrónica, demagógica, inculta y bárbara a la que es  una pura pérdida de tiempo y de dinero tratar de asociar a esa civilizada  entidad democrática y modernizadora que aspiran a crear las Cumbres  Iberoamericanas. Esta será una aspiración imposible mientras haya países  latinoamericanos que tengan como gobernantes a gentes como Chávez, Ortega  o Evo Morales, para no mencionar a Fidel Castro. Que sean o hayan sido  populares y ganaran elecciones no hace de ellos demócratas. Por el  contrario, muestra la profunda incultura política y lo frágil que son las  convicciones democráticas de sociedades capaces de llevar al poder, en  libres comicios, a semejantes personajes. Ellos no asisten a las Cumbres a  trabajar por el ideal que las convoca. Van a utilizarlas como una tribuna  para internacionalizar la demagogia y las bravatas con que mantienen  hipnotizados a sus pueblos y, por eso, esas Cumbres están condenadas al  > fracaso y al circo. Antes, la estrella indiscutible de ellas era Fidel  Castro y sus espectáculos anti imperialistas, que enloquecían de felicidad  a los gacetilleros amantes de escándalos. Ahora que Castro dejó de ser  caudillo para convertirse en analista internacional -el único que en Cuba   habla y despotrica con envidiable libertad- el histrión preferido de la  prensa amarilla es Chávez, émulo y ventrílocuo de aquél.
Claro que hay otra América Latina, más decente, honrada, culta y  democrática que la representada por estos energúmenos. Estaba allí, en esa  sesión de clausura, invisible y muda, como siempre en estas ocasiones en  la que los caudillos, hombres fuertes, "comandantes" y payasos se apoderan  de las candilejas. ¿Por qué callan y se dejan ningunear y eclipsar de esa  manera si ellos son infinitamente más respetables y dignos de ser  escuchados que aquéllos? No sólo porque algunos están sobornados por los   petrodólares que derrocha el venezolano a diestra y siniestra. A menudo lo  hacen porque temen ser víctimas de las diatribas y descalificaciones de  aquellos matones, que les pueden soliviantar a sus extremistas criollos y,  también, aunque parezca mentira, porque ellos, que sólo son gobernantes  civiles que tratan mal que bien o bien que mal de ajustarse a las  limitaciones que les señalan las leyes y constituciones, se sienten  mandatarios de segunda frente a esos dioses omnímodos que no tienen otro  freno para sus excesos y bellaquerías que su soberana voluntad.  La salida del Rey de España tuvo la virtud de rasgar el velo de hipocresía  que circunda las Cumbres Iberoamericanas a las que, en apariencia -no en   la realidad- asisten jefes de Gobierno y de Estado dignos del mismo  respeto y consideración. Falso de toda falsedad: el señor Chávez tiene unas credenciales que lo exoneran de toda respetabilidad civil y democrática, pues, el 4 de febrero de 1992, traicionó su uniforme y actuó con felonía intentando un golpe militar contra un Gobierno constitucional  y legítimo en el que decenas de oficiales y soldados venezolanos murieron  defendiendo el Estado de derecho . Levantarse contra un Gobierno  constitucional es el peor crimen que pueda cometer un militar y por eso el  comandante Chávez fue juzgado, condenado y enviado a la cárcel. Que en  lugar de pasarse allí muchos años fuera amnistiado por el presidente Rafael  Caldera y luego premiado por una mayoría de venezolanos con la Presidencia  de la República no lo absuelve, sólo muestra hasta qué punto estaba  turbado ese electorado que se dejó seducir por los cantos de sirena de un  demagogo y que está ahora lamentándose amargamente de su error.
Lo absurdo, lo delirante de lo ocurrido en Santiago de Chile es que el  comandante Chávez eligiera, para descargar sus iras y convertir en blanco  de su mojiganga tercermundista, a España, un país cuyo Gobierno ha hecho  esfuerzos denodados para llevarse en paz con él, e, incluso, echarle una  mano internacionalmente cuando todo el Occidente democrático lo censuraba  por sus atropellos a los derechos humanos y sus complicidades con las  satrapías fundamentalistas. ¿Alguna otra enseñanza que sacar de todo esto? Que, como es evidente que a los tigres y a las hienas no se las aplaca con venias y sonrisas y  echándoles corderos, conviene mucho más a un país democrático como España  privilegiar en sus relaciones a países que representan la civilidad, la  libertad, la legalidad, y con los que tiene la seguridad de una  cooperación real y de largo plazo, que tratar por todos los medios de  ganarse la amistad de quienes representan las antípodas de lo que,  afortunadamente para los españoles, es hoy España. Ni la Cuba de Fidel  Castro ni la Venezuela de Chávez merecen ser, hoy, los amigos dilectos del  Gobierno español, y sí, en cambio todos esos discretos y esforzados  gobiernos que, en el resto del continente latinoamericano trabajan por  sacar a sus pueblos de esa barbarie del subdesarrollo que representan no  sólo los bajos índices de crecimiento y las vertiginosas desigualdades de  ingreso, educación y oportunidades, sino, también, la demagogia y la  matonería políticas encarnadas en Ortega y Chávez que las televisiones de  todo el mundo pusieron en evidencia en la clausura de la Cumbre  Iberoamericana. 
Es posible que, al reaccionar como lo hizo, el Rey de España transgrediera  el protocolo. ¡Pero qué alegría nos deparó a tantos latinoamericanos, a  tantos millones de venezolanos! ¿La prueba? Que he escrito este artículo  arrullado por los animados compases del flamante pasodoble que ahora  entonan y bailan en todas las universidades venezolanas, que se titula  ¿Por qué no te callas? y cuya tonadilla y letra llueven sin tregua sobre  mi computadora.
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