El líder liberal

Por Rómulo López Sabando

Publicado originalmente en El Expreso de Guayaquil

De corta estatura y penetrante mirada, era el “Viejo luchador”, por sus imparables batallas contra gobiernos déspotas de García Moreno, Antonio Borrero, Ignacio de Veintemilla y J. M. Plácido Caamaño. Pero por sus fracasos militares, sus adversarios le decían el “general de las derrotas”.

Murió de 69 años de edad. (25/junio/1842-28/enero 1912). Ante el pago fraudulento de la deuda inglesa; entrega de tierras a acreedores extranjeros en Esmeraldas y Oriente; “La venta de la Bandera” con el buque Esmeraldas, las “montoneras de Eloy Alfaro” crecieron con Manuel Serrano y Wenceslao Ugarte en El Oro; Plutarco Bowen en Los Ríos; Mauro Ramos Iduarte, Dionisio Andrade, los hermanos Zenón y Daniel Sabando en Manabí; Carlos Concha en Esmeraldas; Pedro J. Montero, Enrique Valdez Concha y Juan Manuel Triviño en Guayas.

“Sin sacrificios no hay redención”. “La libertad no se implora de rodillas. Se conquista en los campos de batalla”.

Empresario privado, de sólida fortuna, la gastó para combatir el centralismo estatal de progresistas y conservadores e implantar la revolución y el Estado liberal de libre mercado. “Los hombres indiferentes a la desventura de la nación, aunque sean privadamente laboriosos, son los auxiliares inconscientes de las desgracias y corrupción de los pueblos”. Padre ejemplar, magnánimo, clara inteligencia, eliminó privilegios de militares y canonjías del clero. Instauró la libertad de expresión, la educación laica y gratuita, el matrimonio civil y el divorcio. Construyó numerosas escuelas públicas. Lector voraz implantó la doctrina liberal pero ante resultados electorales adversos dijo “No podemos perder con papelitos lo que hemos ganado con fusiles”.

Fue dictador para realizar cambios profundos. Elaboró la Constitución liberal que abolía la pena de muerte, consagraba la libertad de cultos y establecía la igualdad de los ciudadanos ante la Ley.

Rebelde, visionario, valeroso, de férreo carácter, “combatió en mil batallas”. Transformó el Ecuador. Levantó un monumento al liberal Juan Montalvo. Inauguró la Escuela de Artes y Oficios, el Colegio Nacional “Mejía”, la escuela de niñas en Esmeraldas y la de Bellas Artes de Quito, escuelas nocturnas, diurnas y colegios normales Manuela Cañizares y Juan Montalvo, el Bolívar de Tulcán, el Vicente Rocafuerte de Guayaquil, el “Eloy Alfaro” de Babahoyo y el Militar Eloy Alfaro. Creó la escuela de “clases”. Proveyó armamento y edificios a entes militares. Inauguró el local que ocupa, en la Recoleta, el Ministerio de Defensa. Levantó planos de nuestras fronteras.

Firmó el “Contrato Harman”, que avanzó el ferrocarril Guayaquil-Quito, hasta Colta (Chimborazo). Decidió que los restos de Sucre se veneren en la catedral Metropolitana. Mejoró la recaudación fiscal. Incorporó la mujer a la vida pública. Organizó la enseñanza universitaria.

Financió el agua potable de Quito, canalización de Guayaquil, exoneró tributos a indios de la Sierra y montubios de la Costa. Suprimió la prisión por deudas. Promovió el Derecho Público Americano. Intervino ante España por la independencia de Cuba. El pueblo se le unió frente al Perú, pero no lo respaldó en su idea de alquilar las islas Galápagos a Estados Unidos. Para impedir su retorno al poder, Eloy Alfaro fue quemado en El Ejido con Flavio y Medardo Alfaro, Luciano Coral, Ulpiano Páez y Manuel Serrano. El mercantilismo, la banca serrana antiindustrial, la violencia del clero, la impaciencia de radicales, subversión de progresistas y conservadores, la represión, ambiciones y el autoritarismo de placistas y liberales traidores, frustraron la revolución liberal.

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