Cancha inclinada

Power tends to corrupt, and absolute power corrupts absolutely
(El poder tiende a corromper, y el poder absoluto corrompe absolutamente)
Sir John Acton

Varias interpretaciones puede tener el triunfo arrollador del partido gobiernista en la “madre de todas las batallas”. Estoy seguro que todos estamos hartos de las viejas prácticas políticas (el casicazgo) irrespetando todo procedimiento del debido proceso e interpretando la ley ajustandose a la conveniencia del político de turno. Ante todo eso queremos cambios. El virtual triunfo del los oficialistas se debe mas al rechazo de estas viejas prácticas “mafiosas” a las que tanta alusión hace el ejecutivo. Se dice que ganó en forma limpia el partido gobiernista. Con el corazón ardiente y los ojos vendados la gente así lo hizo. Pero detrás de todo esto, ¿se jugó limpio? ¿Acaso no se hizo justamente lo que se critica? La constitución que actualmente nos rige a sido irrespetada una y mil veces, incluido por el actual gobierno, a vista y paciencia de todo el mundo. Aun así ganó. A pesar de que la gente este cansada de las prácticas mańosas, se hizo exactamente lo mismo. Parece ser que los nuevos actores van tejiendo su propio rabo de paja. Los poderes del Estado se concentran cada vez mas en una sola mano. Gravísima responsabilidad, mas que nada por la forma como los ha obtenido. A diestra y siniestra se entrega subsidios, bonos, créditos, aletas de tiburón y hasta nuevas provincias. A pesar de que el Vicepresidente de la República, Lenín Moreno, dijera que esto no fue mas que una estrategia de campańa, y que las provincializaciones no son la solución [1].

Se explica que la gente quiere cambio, por ende el virtual triunfo de PAIS es un rechazo a las prácticas mańosas, a pesar de que se ganó con la misma mańosería. Lo que no se entiende es que la gente quiere una constitución nueva, a pesar de que un gran porcentaje de la población no ha leído la Carta Magna actual, por ende, ¿como se puede cambiar algo que no se ha leído? Ante todo esto, se puede decir que estamos frente a un grupo de populistas y sociolistos altamente alfabetizados, y a mas de hábiles y carismáticos, muy tecnificados.

El poder legislativo, palmo a palmo se ha ido ganando una mala reputación. Lamentable. Aun asi seguimos viviendo en democracia y bajo una constitución. Y, con todos sus defectos, ¿porqué se pretende irrespetar una vez más la constitución cerrando uno de los poderes del Estado, como es el Congreso Nacional? Lo lógico y ordenado sería que esto suceda una vez que sea aprobada la nueva Carta Magna bajo un referendum y luego de que se escoja bajo elección popular a los nuevos congresistas. Pero que va, dirán muchos, una raya más al tigre, demos la estocada final, o mejor dicho pateemos al perro en el piso y hagamos leńa del árbol caído. Yo pensé que ya se había acabado la guerra, ¿no que se ganó la madre de todas las batallas?. Si no es así, entonces se seguirá comprando lealtades, mańosamente, continuando con los subsidios, bonos, créditos, y un largo etcétera, incrementando el gasto fiscal, que a la larga perjudica a la economía nacional que podría destruir la dolarización (si es que no es eso lo que se busca, claro, sin querer queriendo). Con esto, aparentemente se pretende aprovechar la popularidad y el momento para luego de que sea aprobado el referendum, se llame a elecciones generales y barrer en las alcaldias y prefecturas. Todo esto con la cancha inclinada.

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La fiesta del chivo

Un artículo de Mary Anastasia O’Grady publicado originalmente en el Wall Street Journal: “Ojo con los venezolanos que traen regalos”, se reprodujo en el Cato Institute. Con el precedente y fetichismo de cambiar constituciones en la región andina, habrá que ponerle asimismo ojo a lo que suceda en Montecrisiti. En Bolivia la asamblea es un caos y Venezuela rumbo al socialismo.

VENEZUELA ¿Llegamos a la fiesta del chivo?
Por Carlos Alberto Granier* – Cato Institute
Septiembre 27 de 2007

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La trampa de las malas ideas

Bryan Caplan acaba de publicar este libro The Myth of the Rational Voter: Why Democracies Choose Bad Policies (Hardcover) y el Profesor Franklin López nos hace una explicación de cual es la lógica de la tesis central del libro de Caplan aplicado a nuestra realidad Ecuatoriana en este artículo distribuido por Aipe.

La trampa de las malas ideas

Por Franklin López Buenaño
Quito (AIPE)- Bryan Caplan, joven economista y profesor de la Universidad George Mason, sostiene que hay países que caen en la trampa de malas ideas. Caplan describe así la trampa: malas ideas engendran malas medidas y las malas políticas resultan en pobres desempeños económicos. Lamentablemente, los pobres resultados económicos, en lugar de dar paso a buenas ideas, llevan a los pueblos a refugiarse en ideas cada vez peores, con resultados cada vez más nocivos. Este proceso conduce, tarde o temprano, a regímenes extremistas y a crisis económicas profundas. A esto hay que añadir que las malas ideas también desembocan en gobiernos despóticos y gobernantes megalómanos. Esto es precisamente lo que ha ocurrido en el Ecuador. Las malas ideas que se iniciaron con el cepalismo en la década de los años 60 han culminado en un régimen que propone un proyecto político destinado a lanzar a la economía por un despeñadero.

El proceso por el cual un país cae en la trampa de las malas ideas es extremadamente complejo. Veamos un caso hipotético, aunque no alejado de la realidad. Una mala idea es aquella que sostiene que los empresarios explotan a los obreros pagando sueldos de miseria. Para corregir el problema, se impone un salario mínimo (una mala medida). Si el empresario puede transferir el aumento de este costo a los consumidores lo hace (mala consecuencia económica). El aumento de precios se atribuye a los especuladores que supuestamente acaparan el producto (mala idea). Se recurre entonces al control de precios (mala medida). El control de precios propicia mala calidad de productos, contrabando y mercados negros (malas consecuencias económicas). Estos males se imputan a la falta de moralidad de los ciudadanos o a la falta de conciencia social de los empresarios (mala idea). Para remediar la mala calidad, se establecen regulaciones, normas, superintendencias (malas políticas). Estas medidas aumentan aún más los costos de producción (mala consecuencia económica).

El proceso es complejo porque una misma causa tiene varios efectos. Por ejemplo, si los empresarios no pueden transferir a los clientes el costo del salario mínimo, reducen el empleo (mal resultado económico). La reducción del empleo se atribuye al afán de lucro de los empresarios (mala idea). Para evitar el despido de trabajadores se imponen leyes laborales que lo hacen prohibitivo o demasiado costoso (mala política). Los empresarios reducen sus planes de inversión o expatrian capitales (mal resultado económico). La fuga de capitales se atribuye al poder económico del sistema financiero internacional (mala idea). Entonces se imponen controles a la salida de divisas (mala política). El resultado es menor inversión nacional y extranjera. En cada uno de estos eslabones hay ramificaciones y en esta complejidad se pierden las conexiones entre causas y efectos.

Los socialistas pretenden ser dueños de “la preocupación por los pobres”, lo cual no es verdad. No existe ser humano –en sano juicio– que no sienta esa preocupación. Pero han logrado convencer que los de la “derecha” están más preocupados por sus intereses propios que por “el de los demás”. Y que ser de derecha es ser “egoísta”, mientras que ser socialista es ser “altruista”. Nada más lejos de la realidad, pero una mentira repetida cientos de miles de veces suena a verdad.

La gran diferencia no está entre el egoísmo y el altruismo; la gran diferencia radica en el “cómo”. Y es en el cómo donde el socialismo se ha equivocado de principio a fin. Mientras la izquierda pretende derrotar a la pobreza redistribuyendo riqueza o ingresos, sostenemos que la pobreza se reduce generando más riqueza y esto se logra permitiendo que cada uno, dentro del derecho y la igualdad ante la ley, busque y se afane en lograrlo como más crea conveniente. Esta gran diferencia hace que el socialismo sea inviable e ineficaz para lograr precisamente lo que usa como bandera de lucha: erradicar la pobreza.

La premisa que caracteriza a la izquierda es la redistribución de la riqueza o del ingreso. Esa propuesta implica que hay que “quitar a unos para dar a otros”, pero –por muy buenas las intenciones que estén detrás– es allí dónde se origina la trampa en la que cae el socialismo. La trampa se origina en la mala idea de que la riqueza es un fenómeno de suma cero y la redistribución del ingreso es la mala práctica que predomina y que ha llevado al pueblo a malos gobernantes como Correa y Chávez.

___* Profesor de economía de la Universidad San Francisco de Quito y Tulane University, Nueva Orleáns.

Ecuador, camino al despotismo

Por Franklin López Buenaño* – AIPE

Una de las constantes del presidente Rafael Correa del Ecuador es su continua confrontación con los que él tilda de pelucones, con la prensa o con Jaime Nebot, el alcalde de Guayaquil. Estas confrontaciones de Correa no son simples manifestaciones de un estilo o de su personalidad, más bien parecen formar parte de una estrategia para desviar la atención, mantener ocupados a los comentaristas de oposición y así evitar el debate sobre su “proyecto político”, plasmado en su propuesta de una constitución. De esa manera busca que su socialismo del siglo XXI, lleno de eslóganes patrioteros, llegue a la Asamblea sin haber pasado por un amplio debate y, por ello, con mayores probabilidades de lograr sus objetivos personales.

Y es que el problema fundamental no es la personalidad de Correa. Sin negar que su clara manipulación de las instituciones, su maniqueísmo y sus tendencias al autoritarismo agraven la imagen del socialismo del siglo XXI, hay que hacer hincapié en que el verdadero mal está en el “proyecto político” de Correa, de sus allegados y corifeos. Es más, Correa no es un fenómeno aislado, es el resultado de un proceso histórico que inexorablemente termina en regímenes liderados por personas con perfil psicológico como el suyo.

El proceso se inicia con el avance de las ideas socialistas. Ser “socialista” o “de izquierda” en América Latina parece ser una etiqueta a lucirse con honor. No importa que el socialismo en su versión más radical haya sido causa de más de cerca de 100 millones de muertos, según “El libro negro del comunismo”. No importa que gobiernos autodenominados de izquierda hayan sufrido fracaso tras fracaso y algunos estrepitosos. No importa que el Movimiento Popular Democrático (MPD), el partido comunista del Ecuador, controle el sistema de educación pública del país y como consecuencia la educación sea deplorable. No importa que el sistema de seguridad social no llegue sino a un 20 por ciento de la población, además de ofrecer pensiones de miseria y cuidados médicos desastrosos. No importa que las empresas públicas como Petroecuador, las telefónicas, o las eléctricas sean antros de corrupción, de ineficiencia, de desperdicio y despilfarro de miles de millones de dólares. Nada de esto importa porque a la izquierda no se le “pega nada”, es como si estuviera recubierta por una capa de teflón.

La premisa que caracteriza a la izquierda es la redistribución de la riqueza o del ingreso. Esta propuesta implica que hay que “quitar a unos para dar a otros”, pero—por muy buenas las intenciones que estén detrás—es aquí dónde germinan los fracasos del socialismo. Sin embargo, es una propuesta que virtualmente hipnotiza a la mayoría de los ecuatorianos.

Se ignora que para llevar a cabo la “redistribución” hay que utilizar el poder del gobierno. Pero el poder es como un imán; es un atractivo semejante al dinero, al sexo o a la glotonería. Hay cierto tipo de personas—a las que se podría llamar megalófilos—que lo buscan afanosamente. El perfil psicológico de estos individuos puede ser nocivamente marginal como el de los narcisistas o extremado como el de los megalómanos. Correa merece ser clasificado entre estos últimos, es maniqueísta (el que no está conmigo está contra mí), dogmático (la verdad es mi verdad) o sabelotodos (tengo un PhD). Es curioso que los megalómanos también tengan personalidades muy carismáticas, son grandilocuentes (dan discursos de horas y horas de duración), logran mimetizarse con el público, dicen lo que quienes les escuchan quieren oír y mueven a las masas. Fidel Castro, Hugo Chávez, Hitler, entre otros, exhiben este tipo de personalidad.

La búsqueda de la redistribución desemboca irremediablemente en medidas cada vez más coercitivas y para implementarlas requiere de personalidades y personajes atraídos por el poder. Es por ello que en países como Venezuela y Ecuador hayan aparecido Chávez y Correa. Ellos no son un fenómeno aislado, son producto de un proceso, proceso nacido de la mala identificación de las causas de los problemas y de las malas políticas adoptadas. Y esta es la trampa del socialismo o de la izquierda en la que han caído y caen personas de buena voluntad y cordura. Cuando Correa fracase, porque su fracaso es inevitable, ¿habremos sido capaces de aprender para no volver a caer en la misma trampa?

*(Franklin López Buenaño es Profesor de Economía de la Universidad San Francisco de Quito y de Tulane University, Nueva Orléans.)

Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
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COMO ERAN LAS COSAS ANTES

Para aquellos que critican las privatizaciones y llaman Satán al intento de concesionar servicios, los invito a visitarme en Tegucigalpa. Aquí el servicio de recolección de Basura todavía pertenece al Municipio y sus empleados.  Tengo 2 semanas que no recogen la basura en el barrio, las esquinas están repletas de bolsas de basura.  Como los defensores de los animales no permiten matar perros callejeros, la basura es asaltada a toda hora y desperdigada a los cuatro vientos por los caninos.  Pase por el patio municipal y hay un par de recolectores nuevos, pero como lo maneja un ente político, hay tronchas, coimas, sindicatos, negociados que ocurren a toda hora,  mientras la maquinaria donada nueva se pudre, otros declaran emergencias para hacer que los amigos tengan contratos.  Como he recordado el Guayaquil de los Bucaram, el Ecuador casi olvidado que hoy a huevos nos quieren hacer vivir otra vez, el agua es racionada, como es político el manejo, nadie quiere elevar las tarifas o cobrar a políticos ricos e invasiones lideradas por algún sapo, que canjeo el servicio por algunos votos.  ¡¡¡Ojala se puedan dar un paseo por acá y explicarme como es que queremos regresar a esto!!!