Acaba de pasar el 1 de mayo, día del trabajador. El presidente, cada vez más populista, participó en una marcha en la capital y se pegó uno de los tantos discursos encendidos a los que ya nos estamos acostumbrando. Sindicatos laborales y el pueblo en general salieron a las calles, a quienes llamó el presidente como las verdaderas fuerzas vivas. El presidente se comprometió en aplicar “el socialismo popular”, demandó la eliminación de la tercerización, catalogó de “estupidez” a la competencia ¿?, propuso liderar un modelo “económico socialista popular”, además de diseñar un código laboral que proteja al trabajador (El Universo). Nada más lejos de la realidad. Este tipo de ofertas de trabajo son un verdadero espejismo laboral.
Sin generalizar, dentro del pueblo, es común ver a trabajadores llegar tarde al trabajo (o cuando les da la gana), algunas secretarias contestando teléfonos con desgano, otros hablando de fútbol más de una hora descuidando el trabajo, el farandulero y chismoso se distrae hablando de la última en horas de oficina, el jornalero borrachito chupandose el sueldo (y hasta el bono), el aniñado sueldo básico gastandose más de lo que gana en la última prenda de moda, y así por el estilo.
A todo lo anterior, concerniente al trabajo, hay que agregarle el costo laboral, es decir, las dificultades que encuentra el empleador en las contrataciones y despidos. Según el índice para Hacer Negocios, el país, en relación al resto del mundo, se encuentra en desventaja, desalentando al inversionista emprendedor (nacional y extranjero), quién es el que da trabajo y paga los sueldos y salarios. Sin contar que la carga tributaria excede el 50% del ingreso del ciudadano, en donde el pueblo se ve obligado a consumir servicios que solamente el estado monopolista concede, siendo muchísimas veces de calidad deficiente, justamente debido a la falta de competencia (que el presidente cataloga de estúpida); abusando la empresa pública por ser la única en el mercado, que no hace ni deja hacer, osea que no nos deja elegir ni participar (o mejor dicho, como el perro del hortelano – no come ni deja comer). No por algo el empleo informal bordea el 50% (BCE -Banco Central del Ecuador).
Por otro lado, Suecia comienza a desarmar su esquema socialista. Este país escandinavo, gurú de la socialdemocracia, con un estado grande y nivel de corrupción menor que el nuestro, con gente dedicada y organizada, ha decidio ser un “país normal”. Los modelos suecos que los nórdicos llevaran a cabo por décadas ha dejado de ser competitivo, y por esto se ha iniciado una etapa de privaticaciones, eliminación de impuestos a los bienes personales creando incentivos y apertura económica estimulando la inversión, que en un futuro inmediato incrementará las plazas laborales y evitará la emigración de sus profesionales más calificados.
El intervencionismo y regulación estatal, así como la planificación centralizada, típico de regímenes socialistas ha quedado como un mito; los socialismos mejor estructurados como los nórdicos, descincentivaron la iniciativa privada; los menos organizados como el ruso o latinoamericano crearon privilegios, defendidos muchas veces por caudillos que con discursos nacionalistas defienden intereses creados que se refugian por medio de los gobiernos de turno, engendrando con esto corrupción que es alcahuetada por carteles y mafias.
Si se quiere aumentar las plazas de trabajo, el país entero debe dar un giro de 180°, cambiar la cultura laboral, discernir entre inversión, gasto y despilfarro, dejar de ser sabidos (empleadores y empleados) para convertirnos en creativos y proactivos, y el gobierno aplicar una política de apertura económica, donde el privilegiado sea el trabajador adecuado. Lo contrario sería crear nada más que una ilusión y el discurso del primero de mayo quedaría en buenas intenciones.

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