La deuda en la Constitución

Por Rómulo López Sabando

Publicado originalmente en el diario Expreso

Inmerso en escándalos financieros y políticos, en el país se repite un error conceptual que amerita rectificar. La "tasa de interés" no es el "precio" del dinero. Es el precio del crédito. El precio del dinero es el inverso de su poder adquisitivo. Es decir, su poder de compra. Y este está determinado por el "costo" del dinero que depende de su volumen o "masa monetaria" la que, por el creciente e improductivo gasto público, aumenta (se infla). Es decir, el dinero compra menos (inflación). Suben los precios de todo.

Con mayor gasto público, generalmente dadivoso y antieconómico, se bloquean las ofertas de bienes y servicios que no satisfacen la demanda (escasez). El precio del dinero se deteriora. Hay carestía. Advienen la especulación y el mercado negro.

Para mejorar el poder de compra (o "precio") del dinero, sueldos, ahorros, etc. de los más pobres, hay que aumentar la oferta de bienes y servicios. Esto es posible mediante la producción industrial, comercios y trabajos que mejoren los servicios en calidad y variedad, lo que, de suyo, impulsa la oferta y variedad de fuentes de trabajo. Entonces el "precio" del dinero tendrá mayor valor adquisitivo. Los precios de las cosas bajarán. La producción aumenta con inversión que compita, sin monopolios ni privilegios privados ni públicos.

Las tasas de interés no se pueden bajar por decreto ni por manipulación, acuerdos o imposiciones. La mejor forma de bajarlas es aumentando los ofertantes del crédito, lo que, además, estimula su variedad y eficiencia.

Para pagar sus deudas, el Estado aumenta los impuestos y adquiere nuevas deudas que, generalmente, derivan en corrupción. En 36 años el Gobierno, aparte de sus enormes ingresos petroleros, nos endeudó en USD 81.591 millones y pagó USD 127.308,6 millones. De 1970 a 2006 la principal política pública ha sido el "endeudamiento agresivo". Tecnócratas vinculados a prestamistas internacionales se han enriquecido, destruyendo la producción y convertido la democracia en picardías financieras.

¿Dónde está el dinero de la deuda externa? En qué se invirtió, si no hay empleo, producción ni recursos para pagar a maestros, médicos y empleados aunque sí para pagar a la tecnocracia dorada y a los acreedores. La deuda externa ha sido onerosa, ineficiente, improductiva y sin contenido social. Genera desempleo, miseria y corrupción. El dinero de la deuda es inflacionario y su pago (el "servicio") disminuye al gasto social.

Endeudar al Estado es pésimo negocio para el pueblo que sufre insatisfacción, pobreza y coraje. Lucrativo para los endeudadores. Las deudas del Estado deberían pagarla sus gestores (Ministros, subsecretarios, presidentes) y no el pueblo. Sus fines, parecen sociales. Grandes obras de infraestructura (Elefantes blancos), minimizan la educación, la salud y la generación de empleo. Por esto, lo obvio, necesario y económico es aplicar políticas públicas que impulsen la producción masiva interna, mediante inversión cuyo riesgo no lo pague el pueblo sino los inversores quienes asumen la contingencia incierta de ganancia o pérdida.

El dilema, entonces, es entre "inversión de riesgo" o "deuda pública". Es el mismo dinero e igual proveedor.

Como "inversión de riesgo", si es mal manejada, pierde el inversor. Y, si es bien administrada, gana el Gobierno, se reduce la emigración y los pobres dejan de serlo. El dinero que entra como préstamo tiene el efecto de un alucinógeno y se debe pagar con intereses (servicio de la deuda). El dueño no pierde. El dinero que entra como inversión de riesgo, auditado por el Estado, reduce la inflación. Ergo: en la nueva Constitución se debe priorizar la inversión de riesgo y evitar la deuda pública que causa pobreza y corrupción.

Tras bastidores

En defensa de la libertad de expresión, el diario La Hora publica el día de hoy datos relacionados con el juicio que el régimen le sigue por el editorial vandalismo oficial, para lo cual publica también un video.

El editorialista César Montúfar, entrevistado por CRE Satelital, menciona que el ataque (terreno que domina el régimen) a la prensa responde a una «estrategia», ya que esto le da popularidad, y pedirle a Correa diálogos o consensos es pedirle que se suicide políticamente, conjetura en el artículo la palabra del cambio del día de hoy en El Comercio. Para esto considera que los medios deberían de llevarlo a otro terreno, osea empezar a pedirle cuentas de su gestión.

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Escuela de manipulación

Como si fuera poco, luego de haber descabezado a la mayoría opositora legislativa para reemplazarlos por los diputados del mantel, tener un TSE de línea gobiernista, una JB controlada, un TC eliminado y ataques a los medios de comunicación, aparecen los pativideos. Desde la toma de juramento presidencial, hay una continuidad en actos que son más que ilegítimos. Para todo hay justificaciones. El fin justifica los medios, no importa si es ilegal, ya no importa nada. Todo vale. ¿Acaso eso no es corrupción? Con el pretexto de que otros lo han hecho, solucionado el problema. ¿No iba ser este el gobierno que iba a combatir, precisamente lo que está sucediendo? ¿Se va a seguir permitiendo este tipo de atropellos?

Sobre el útimo caso, el de los videos, la estrategia táctica del ministro aludido, es atacar y hacerse la víctima, como el titular en el Diario Expreso, «Yo no tengo ningún interés en el cargo». El propio amigo del ministro, aparece con un titular en Ecuador Inmediato, León Roldós: «Video de Patińo fue un show», confirmando lo dicho al ministro eludir el comentario, cuando aparece otro titular en el mismo medio, Ministro Patińo: Declaraciones de León Roldós se deben al momento político. Sin embargo, varios analistas, que se han caracterizado por su objetividad, han hecho una lectura de lo sucedido. En el IEEP, aparece un artículo, La verdad sobre la deuda externa ecuatoriana y ayer Guillermo Arosemena en su columna del Diario Expreso de Guayaquil, da también su punto de vista.

Con la excusa de aprender lo que sucede en el mercado especulativo, de filmar para guardarse las espaldas (y en un hotel) para luego, probablemente, atrapar a los especuladores (¿tenemos un ministro de economía o un detective?), se jugó con el mercado. Por ingenuidad, astucia o negligencia, el país pierde credibilidad. Por último, dejo una columna de opinión, de alguien a quien el presidente dice siempre respetar. Si el parlamento oficialista no actúa, y quienes integran los órganos de control se sienten comprometidos con el gobierno, al menos que el lector, haga su propio juicio de valor y vea desde una postura objetiva lo que está sucediendo.

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Elocuencia del populismo verbócrata

En política es común la verbocracia, en unos países más que en otros. Si existe la plutocracia, partidocracia y cleptocracia, hay que ponerle uno más, que va de la mano con los populistas (de izquierda a derecha). La verbocracia para que sea efectiva tiene ir con gestos para impresionar, captar y persuadir a la audiencia, es decir, ser elocuente. De ahí se produce el efecto mágico del encantamiento. Mientras el populismo amenaza a latinoamérica, bajo el sedante verbal, el trabajo honesto se vuelve difícil, lo contrario para el político y sus seguidores.

Por un lado están los socialistas, comunistas, izquierdas en fin, que buscan el igualitarismo, los cuales, olvidan que el ser humano en si es diferente y el querer ordenar la vida de sus semejantes, a travéz de políticas económicas redistributivas, se toman atribuciones casi divinas, pretendiendo que quitandole al talentoso le hacen un bien al pobre, lo que de a poco termina en resignación, volviendo al que menos tiene dependiente del sistema y (claro, como no) están los políticos para “ayudar” en el trabajo de quitarle al próspero para darle al pobre. Lo que a larga no ve el pobre es que es pobre de oportunidades, y estas políticas redistributivas solo benefician a quienes están con el régimen socialista, y el efecto de reasignación es contraproducente, ya que ahuyenta a los talentosos, quienes terminan emigrando en busca de oportunidades laborales, como empleado o emprendedor (quien crea plazas de trabajo). Incoherente y contradictorio también es, que las izquierdas, que dicen defender los servicios públicos, defienden tanto la educación y salud pública que sus hijos estudian y se atienden en institutos privados. Hablan de viviendas populares, pero viven en barrios apartados. El pueblo cree y sin darse cuenta, va camino de servidumbre.

El lado que debería, en política, representar el contrapeso es la ahora conocida como la derecha perdida. Bajo su dominio, ha estado ausente el estado de Derecho (rule of law), la defensa de las libertades individuales, principalmente el derecho de propiedad y las garantías del debido proceso, asi como la denominada economía de libre mercado. Estos principios básicos, paradójicamente, han sido deshechos, ya que la derecha a participado de los golpes de Estado desde 1995. Las principales instituciones del estado, especialmente la función judicial, ha servido para perseguir enemigos políticos e inclusive se dice que se ha manipulado para amasar fortunas. El control deficiente de sectores claves por parte del Estado se ha dado, paradójicamente, por medio de la derecha, a travéz del chantaje legislativo y terror judicial. También se ha visto la toma de ventaja y preferencias en torno a las políticas económicas, protegiendo a sectores privilegiados, con sucretizaciones y devaluaciones asistiendo a exportadores ineficientes (perjudicando al consumidor via inflación), también manteniendo subvenciones y aranceles proteccionistas. Con todos estos antecedentes, se le ha dado los argumentos para que en la actualidad, grupos opositores tomen ventaja del asunto.

Se pensaba que el actual gobierno que había ganado la segunda vuelta con un discurso característico de las izquierdas modernas, iba ser de corte chileno o al menos brasilero, pero finalmente se dejo seducir por el chavismo de corte castrista. Así tenemos ahora un régimen especialista en abrir frentes de batalla, de legitimar su razón de ser y estar. Sus actos, muchos ilegítimos, tienen justificativos y como dice el dicho popular, mientras se inventaron las excusas, todo el mundo quedo bien. El caso de los pateovideos no deja de ser la excepción en el actual régimen, el fin justifica los medios; no importa si hicieron espionaje filmando al mejor estilo del reality show, El Gran Hermano, y que dijeron no pago, no pago la deuda y al final pagaron, pues todo era parte del show investigativo. Luego se usa la estrategia de Castro, Chávez y Bucaram, atacar en forma enérgica haciendose la víctima a la vez, acompańado (eso si) de turbas encendidas como escudos humanos. Los diputados del mantel harán el resto.

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Usura, anatocismo o crédito

Por Rómulo López Sabando

Publicado originalmente en diario Expreso y el Independiente.

La batalla del presidente Correa contra las "tasas de interés y comisiones" que cobran bancos y empresas comerciales "privados" es sólo una parte del problema, pues todos, comercio, industria, banca, agricultura, educación, ciencia, tecnología, empleados, desempleados, gobernantes, gobernados, sin excepción, dependemos de monopolios ineficientes y corruptos, estatales unos, privados otros, que encarecen costos y elevan los precios: petróleo, energía, luz, agua, comunicaciones, servicios, transporte, etc.

Pero lo que ahora se debate no es el "precio, ni el costo del dinero". El "interés" (medido por la "tasa") no es el "precio del dinero" sino el "precio del crédito". El "precio del dinero" es el inverso de su poder adquisitivo. Esto es, su capacidad de compra. Si compra poco, es oneroso. Si compra mucho es socialmente eficiente. Ergo, las "tasas de interés" no son el "precio del dinero" sino el "precio del crédito". Teóricos y banqueros yerran, pues la "teoría del dinero" explica el origen y variaciones del poder adquisitivo del dinero. En cambio, la "teoría de la banca" (distinta a la "teoría del dinero"), explica cómo realizar el negocio de intermediación en el mercado del crédito.

Nuestra "capacidad económica" está dada por las disponibilidades de efectivo. Pero nuestra "capacidad financiera" resulta de factores psicológicos, de rendimientos, de resultados, familia, amistades, influencias, poder político o social, el "mercado amarrado", etc. (¿Como el cuento de la burra amarrada?).

Los bancos y las ventas "a crédito" no están en el campo monetario, aunque sus negocios sean las monedas o el dinero. Su accionar no es "económico". Es "financiero". Dan crédito. Parece que ayudan. Pero, en realidad venden cosa y dinero ajenos. Son intermediarios. Si la democracia se regula con más democracia, la "tasa de interés" baja con más competencia. Rompe oligopolios bancarios y comerciales por múltiples ofertas de servicios y crédito.

Los mayores vicios en el "mercado del crédito" son la usura (chulco, agio) y el anatocismo (capitalización de intereses) que distorsionan los "precios del crédito", elevan los "costos financieros" y, por ende, los precios al consumidor.

La usura y el anatocismo fueron vetados por Justiniano: Ut nullo modo usurae usurarum a debitoribus exigantur. Están prohibidos por la Constitución, el Código Civil y el Código de Comercio. Son delitos sancionados por el Código Penal.

La Ley 2000-4, Trole 1, (R.O.34/13 III/2000), ordenó el desagio, esto es, la reliquidación de los intereses indebidamente cobrados a través de este mecanismo ilícito". "Las tasas activas de interés legal y de mora también serán desagiadas" ordenó la Ley.

Pero, hasta ahora, el mayor usurero es el propio Estado y el manejo bancario impuesto por el Banco Central. Filanbanco (Previsora), no reconoce pagos porque carece de archivos. Si el deudor pierde comprobantes, pues debe pagar otra vez. Y, ante ficticios saldos, cobra intereses sobre intereses que los capitalizan con más mora, pese a estar pagadas las deudas originales. Cobra "intereses de mora" sobre intereses capitalizados. (Así le hicieron a Rafael Correa y a miles de clientes). Y por ello los rayan y estigmatizan como morosos en la AGD.

Pero el Gobierno, en proyecto enviado al Congreso, elimina los bonos AGD, a cargo del Banco Central, para no reconocer intereses de usura que, por más de mil millones de dólares, engordan su presupuesto. Y "el costo del dinero (del crédito) estará expresado únicamente en la tasa de interés efectiva", para las ventas a crédito, más los impuestos de ley y gastos previamente acordados con el usuario. Y, si exceden, serán sancionados por usura y multa cinco veces el crédito otorgado.