Recetas Socialistas

Las recomendaciones colectivistas que se usa para distribuir riqueza, en realidad distribuyen pobreza y corrupción (el derecho esta por encima de la ley). Las rentas son administradas por un eje central el cual decide a quien quitar y a quien dar, apareciendo con esto los grupos de interés, es decir los “buscadores de rentas” (rent seeking), concepto creado por Gordon Tullock y el laureado James Buchanan. “Las economías que distribuyen rentas no existen sin rentistas que las buscan” (Rumbo a la libertad, por Álvaro Vargas Llosa, 1ra. edición, pág. 93). En cualquier sistema en donde las decisiones se tomen por mayorías, siempre habrá una tendencia a intercambiar votos, donde se arman coaliciones para aprobar proyectos que beneficien a grupos privilegiados que tienen influencia en la esfera política, pasando por alto el derecho de los consumidores. Medidas que se disfrazan con retóricas nacionalistas que hacen poner la piel de gallina a quienes se dejan sorprender, de izquierda a derecha, donde se pasa de monopolios públicos a privados y viceversa (dependiendo del turno). Las recetas salieron en su momento de organimos multilaterales que recomendaban entre otras cosas devaluaciones y aumento de impuestos lo que provocó un descontento general y el rechazo de las masas incluido grupos socialistas. Paradójicamente esas medidas rechazadas que evidencian estar equivocadas aparecen nuevamente de parte de grupos que las repudiaron en su momento. Si la experiencia confirma hechos, ¿podemos cambiar? o, ahora si va funcionar…

¿Más recetas socialistas?
Por Alberto Benegas Lynch* – Cato Institute
Febrero 1 de 2008

El ex marxista Bernard-Henri Lévy apuntó en su libro Barbarie con rostro humano: “He dicho que el socialismo es un engaño y una decepción; cuando promete, miente, cuando interpreta, yerra”. El socialismo es “el crematorio de la libertad” como bien ha dicho el gran Jean-Francois Revel. Recluta incautos y canallas para alimentar la insaciable voracidad del poder.

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Volver al futuro

En el tiempo que he venido residiendo en el exterior, he tenido la suerte de conocer varias ciudades y países, he aprendido mucho no solo en la escuela si no viajando. La clase media y baja varia en cada destino, y la pobreza extrema la volví a ver cuando me acercaba a latinoamérica. Por motivo de las últimas fiestas regresé a mi terruńo y antes de llegar, por falta de conexión aérea pasé dos noches en Caracas. Si los checos se quejan por como conducen, los invitaba a conocer mi país, pero los llaneros nos ganan largo. El taxi es carísimo en relación al precio del combustible, ¿porqué? le pregunté al taxista venezolano, a lo que me contesta que la vida es cara, ¿qué es caro? le volví a preguntar, contestándome sin vacilación ¡el trago y las mujeres!, otro en cambio se quejaba del precio de la leche, como una consecuencia de la fijación de precios, como sucede con el bolívar, la moneda local, pues esta también se ha fijado existiendo un mercado negro de dólares, o “dólar libre” como le llaman. Antes de embarcarme, pude ver la propaganda oficial, como preparandome para mi destino final: “construyendo el socialismo bolivariano” y “Venezuela ahora es de todos”.

El aeropuerto de la capital y su ciudad no ha cambiado mucho, a primera vista Quito es muy agradable. Al llegar al puerto principal a uno lo recibe el nuevo aeropuerto de Guayaquil que es de primera, o su terminal terrestre que es de lujo, y el servicio de la metrovía mucho mejor; una excelente impresión para quien llega. El malecón 2000 todo un atractivo turístico. Lo que me dejó pensativo fue ver el centro de la ciudad, de Escobedo y Nueve de Octubre hasta el Malecón, varios locales cyber, cabinas telefónicas y servicios de transferencias de dinero, además de las casas de cambios, bingos y casinos. Algunos locales vacios tienen el aviso «se alquila» ya varios meses. Pregunté a los que pude como veían la situación y la mayoría (creo que todos) no fueron optimistas. Unos amigos veían con agrado el actuar del gobierno, que no todo es malo y que la prensa es corrupta. No puedo negar que me sorprendió escuchar aquello, aunque no del todo, pues existe un alto gasto publicitario del oficialismo (del erario nacional, osea de todos), que lo vi hasta en la sopa. Pude ver la marcha del 27 de diciembre en Guayaquil, luego de haber escuchado la noche anterior a un presidente furibundo, que en un mitin donde terminara afónico invitaba a cualquier marcha en la provincia vecina y que allí los esperaba, para al día siguiente partir (otros dijeron huir) a la capital y obstruir la entrada a la provincia de Manabí a miles de personas. El poder cambia de manos y se concentra en un nueva élite.

La planificación centralizada de la economía se lo viene arrastrando en la historia, lo recuerda Enrique Ghersi cuando citó el trabajo de Claudio Bellis, La tradición centralista de América Latina, pues se pasa de la autoridad del cacique a la del Rey centralizada a través del virrey. El autoritarismo y la improductividad de José Ignacio García Hamilton, lo relata también documentadamente. La economía planificada, centralista, comunista o socialista, es peor que la enfermedad, pues lo que ha venido existiendo es una economía mercantilista, asistencialista, a través del monopolio estatal y los oligopolios que premia lealtades. De (neo) liberal la economía nacional no tiene nada al ubicarse en los últimos lugares del ranking de libertad económica y de hacer negocios. El experimento de la asamblea está pasando la factura, una muestra es el haber obtenido el menor crecimiento económico en la región junto con Haití. Además de que la asamblea está dilatando el trabajo de escribir la nueva constitución, pues hasta ahora no hay un artículo, dando motivos para pensar de que está hecha y que se espera hasta el último para presentarla y aprobarla en forma inmediata por motivo de tiempo eludiendo la discusión en el pleno. Los entendidos hablan de una ausencia del Estado de Derecho y de vivir una dictadura, cuando la asamblea no cumple con el estatuto que fue votado mayoritariamente.

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Cómo bajar los precios

Por Rómulo López Sabando

Publicado originalmente en El Expreso de Guayaquil

Los precios de productos y servicios suben por: 1) alza de los costos, 2) disminución de la oferta, 3) aumento de la demanda, 4) especulación y, principalmente, por 5) los mercados cautivos.

Los “costos” suben por ineficiencias propias y por ineficiencias agregadas. “Propias” son las de los productores y las “agregadas” son de los proveedores de insumos y del Estado. Para las primeras, la solución es interna. Las “agregadas” dependen del Estado, que “otorga” y asume los monopolios de los insumos. Todo monopolio es ineficiente, sea privado, mixto o estatal.

La “oferta” disminuye por los “mercados cautivos”, al igual que la incertidumbre, ausencia de confianza para el ahorro e inversión, lo que genera más aumentos de precios.

La “demanda” aumenta 1) cuando el poder adquisitivo del ingreso mejora por aumento real (no nominal) de los ingresos (sueldos, salarios, etc.). Y, 2) cuando el circulante monetario aumenta, por la “inflación” del gasto público.

La inflación acelera la demanda y el consumismo. Nuevos aumentos de precios, que destruyen el “poder de compra” del ingreso. Cada día se compra menos con más dinero. Es decir, devalúa el dólar. Esto se conoce como “carestía” que, a su vez, disminuye la oferta causando “escasez”.

Los mercados cautivos activan la especulación dando lugar a nuevas y sucesivas alzas de precios. Más carestía, más escasez. Los “controles de precios” generan el “mercado negro”.

Si queremos que los precios bajen, 1) hay que aumentar la oferta. Es decir, incentivar la producción. 2) Para lograr esto, hay que “reducir” los impuestos. 3) Abrir las puertas a la inversión (de riesgo). 4) Someter los monopolios a la competencia y eliminar los “mercados cautivos” (incompetencia), con reducción de tributos. No es verdad que la empresa nacional sufre. Al contrario, se dinamiza y crece ante el desafío de la competencia, que beneficia al consumidor.

Todas las “estructuras de costos y precios” están sometidas a los intereses de los monopolios. Los estatales, que son ineficientes, onerosos y corruptos (energía, luz eléctrica, teléfonos, combustibles (gasolina, gas, diésel, búnker), seguridad social, transporte aéreo, etc., elevan los costos. Privatizarlos es peor. Hay que ponerlos a competir, sin ventajas.

La “protección” del Estado a los monopolios, (públicos, privados o mixtos) genera “lucro indebido” en perjuicio de los consumidores. Imponen mercados cautivos, evaden la “competencia” y elevan “sus” precios.

Por ello, para impedir que suban los precios, hay que abrir los mercados a la competencia y no caer en la trampa de “protección” y seudo- pactos con monopolios (públicos o privados) que alteran los precios a su favor, sin criterio económico y con daño social irreversible.

En el presupuesto del año 2000, el gasto público era de 1.950 millones de dólares. Meses después,  entre el Congreso y el Gobierno “debatían”  para aprobar el gasto de 2001,  que llegó a 4.950 millones de dólares. La controversia entre ministros era perversa y pueril. “¿Hay o no hay déficit?”.

En el 2002 superó los seis mil millones de dólares. Ahora estamos arriba de los once mil millones. ¿De dónde sale tan escalofriante cantidad de dólares, si ya el Gobierno no puede emitir dinero? Pues de nuevas deudas externas, nuevas deudas internas (emisión de bonos), más impuestos y el petróleo.

Para que bajen los precios y crear empleo, hay que aumentar la oferta, incentivar la producción, reducir los impuestos, abrir las puertas a la inversión “de riesgo”. En síntesis, someter los monopolios a la competencia y eliminar los mercados cautivos.

Impuestos contra el desarrollo

Los emprendedores ecuatorianos funcionaban ya un 45% en la informalidad (el tan mentado "subempleo") dado que el entorno formal les desalentaba en vez de darles garantías sobre propiedad y contratos, base jurídica de cualquier economía avanzada (sea la sueca o la irlandesa, la costarricense o la chilena, el sistema jurídico es condición sine qua non). Por si el impuesto a la renta progresivo (produzca más y le castigarán más), el reparto obligatorio de utilidades (ya sabe, por si acaso lo de la plusvalía marxista sea cierto), los aranceles, el IVA, los aportes al IESS, los trámites, etc etc, no fueran suficientes, la Asamblea dominada por Alianza PAIS se propone agravar las cosas. Aquí un breve análisis de los aspectos que más saltan a la vista y lo que implican.

Veamos por otro lado una breve tabla de lo que le sucede actualmente (aún antes de la nueva ley tributaria de claro espíritu confiscatorio) a una empresa que empieza con un modesto capital de usd 10.000.

Finalmente, una comparación de la relación clarísima entre el nivel de impuestos y el crecimiento de un país (En Ecuador sin contar con el IESS, las empresas pagan un 37,53% en la franja marginal):

Años: 1989 – 1994

Irán:
Tasa Impuestos: 75 %  – 90 %       
Crecimiento Anual PIB (1980 – 1990): -1.2

Camerún:
Tasa  Impuestos 60%            
Crecimiento Anual PIB (1980 – 1990) -0.7

Singapur:
Tasa Impuestos: 33-40%
Crecimiento Anual PIB (1980 – 1990):  2.6

Indonesia:
Tasa Impuestos: 35%
Crecimiento Anual PIB (1980 – 1990):  3.7

Hong Kong
Tasa Impuestos: 25-29%
Crecimiento Anual PIB (1980 – 1990):  5.7

(Del artículo "Lección de Economía 202" por Francisco Endara)

Si tomamos en cuenta que para duplicar el nivel de ingresos de las familias es necesario crecer a un 6% en promedio (y China nos demuestra una vez más que con impuestos bajos y liberalización de sectores clave se puede crecer al 9% promedio) durante 12 años, vemos claramente cómo nuestra economía monopolizada por el Estado, por empresas privadas que obtienen mercados protegidos de toda competencia gracias a favores estatales (disfrazados a veces de "estándares de calidad") y con poquísima protección jurídica a la propiedad y los contratos, está muy lejos de dar un salto al desarrollo. Duplicar los ingresos disponibles significaría (en 12 años apenas) que todo lo que ahora las familias ecuatorianas adquieren usando el total de su presupuesto ("vivir mes a mes") sería ya sólo el 50% del presupuesto familiar. Eso significa más riqueza disponible para invertir o simplemente para el disfrute de bienes tangibles e intangibles que ahora son impensables en la práctica. Con 25 años (una sola generación) de 6% promedio el Ecuador tendría un PIB per cápita de 15.000 usd, estando casi a la par de España o Nueva Zelanda. Eso implica oportunidades inmensas de empleo reponiendo (pues crecer 6% implica mantener el 100% previo, y la mayoría del empleo está ahí, en la reposición de capital) y creando nueva riqueza. En vez de ahuyentar capitales y talentos, nuestro país estaría atrayendo de ambos y veriamos cambios que ahora sólo podemos imaginar en nuestra calidad de vida.

La muerte y los impuestos

Por Rómulo López Sabando

Publicado originalmente en El Expreso de Guayaquil

Tres mil años a/C, el Estado egipcio vivía de los impuestos. En la Biblia (Antiguo y Nuevo Testamento) se habla de los impuestos para financiar la opulencia de los nobles y de los templos.

Miguel de Montaigne (1533-1590), mercantilista, afirmó que la economía es un juego de suma cero en la que los países haciendo guerras comerciales pueden enriquecerse empobreciendo a los vencidos.

Los caprichos del gobernante, sus guerras de conquistas y los conflictos comerciales, sustentan los abusos impositivos en el mercantilismo (intercambio de privilegios por favores del Gobierno).

Para pagar sus gastos fiscales Felipe IV, de Francia, impuso duros tributos, confiscó bienes, cerró negocios rentables, devaluó la moneda y destruyó el poder adquisitivo Colbert (1619-1683) zar económico de Luis XIV (1643-1715), decía que “el arte de tributar consiste en desplumar un ganso, de tal manera que se obtenga la mayor cantidad de plumas con la menor cantidad de graznidos. El pueblo es un descomunal ganso a desplumar con tanta eficacia como sea posible”.

En 1848, Marx en el Manifiesto Comunista promueve el impuesto progresivo (gravar con mayores tasas a los ricos para darles beneficios a los pobres). Así el proletariado iría despojando a la burguesía de la totalidad del capital.

Cien años de aplicar el “impuesto progresivo” para distribuir el ingreso, han sido catastróficos, según el Banco Mundial. En los países desarrollados, donde la distribución del ingreso y el nivel de vida son mejores, 20% de la población más pobre recibe 5,8% de los ingresos del país; mientras el 20% más rico, 45%. En países socialistas de América Latina, el 20% más pobre recibe en promedio 3,3% del ingreso y el 20% más rico 55%. Venezuela, con un Gobierno socialista rico, el 20% más pobre recibe 4,8% del ingreso y el 20% más rico, 50%.

En la Carta Magna (1215), quedó establecido que los impuestos se utilizarían sólo para casos excepcionales y previo consentimiento del pueblo, representado por el Congreso, pues su obligación era proteger los bienes y la vida de sus dueños.

Juan de Mariana (1536-1624), de la Escuela de Salamanca, propuso el tiranicidio como “derecho natural”, contra los impuestos, (1598). “Como la propiedad es privada, la intervención del soberano en cuestiones económicas privadas sin el consentimiento de sus dueños es tiranía. Los impuestos opresivos y la inflación (cuando se destruye la base metálica de la moneda) es robar a los súbditos”. Murió en prisión y sus libros quemados públicamente.

La muerte y los impuestos son ineludibles, decía Benjamín Franklin, (1706-1790). “Yo soy La Muerte, no los impuestos. Yo sólo vengo una vez”, dijo Voltaire.

Cuando los ingleses gravaron con impuestos a las colonias surgió la revolución y advino la independencia de los Estados Unidos que fue el detonante de su creación. “Not taxation without representation” (Ningún impuesto se acepta sin el consentimiento de los ciudadanos).

En 1765 el virrey de Bogotá creó la Aduana que indignó a los quiteños que, al son de campanas, la incendiaron. Quito no tenía aduanas ni estancos. La revolución de las Alcabalas (el 2% de cuanto se vendiera en el mercado y comercio, y la “Guerra de Quito” contra los estancos de alcohol y tabaco) generó levantamientos populares contra los impuestos. Motivaron el 10 de agosto. Históricamente, por los impuestos y las devaluaciones monetarias es que surgen las revoluciones.

Como decía Maquiavelo: “Nunca toques el bolsillo a tus súbditos, si lo puedes evitar. Puedes tocarle cualquier cosa, hasta el padre o la madre, pero no le toques el bolsillo”.