Cómo bajar los precios

Por Rómulo López Sabando

Publicado originalmente en El Expreso de Guayaquil

Los precios de productos y servicios suben por: 1) alza de los costos, 2) disminución de la oferta, 3) aumento de la demanda, 4) especulación y, principalmente, por 5) los mercados cautivos.

Los “costos” suben por ineficiencias propias y por ineficiencias agregadas. “Propias” son las de los productores y las “agregadas” son de los proveedores de insumos y del Estado. Para las primeras, la solución es interna. Las “agregadas” dependen del Estado, que “otorga” y asume los monopolios de los insumos. Todo monopolio es ineficiente, sea privado, mixto o estatal.

La “oferta” disminuye por los “mercados cautivos”, al igual que la incertidumbre, ausencia de confianza para el ahorro e inversión, lo que genera más aumentos de precios.

La “demanda” aumenta 1) cuando el poder adquisitivo del ingreso mejora por aumento real (no nominal) de los ingresos (sueldos, salarios, etc.). Y, 2) cuando el circulante monetario aumenta, por la “inflación” del gasto público.

La inflación acelera la demanda y el consumismo. Nuevos aumentos de precios, que destruyen el “poder de compra” del ingreso. Cada día se compra menos con más dinero. Es decir, devalúa el dólar. Esto se conoce como “carestía” que, a su vez, disminuye la oferta causando “escasez”.

Los mercados cautivos activan la especulación dando lugar a nuevas y sucesivas alzas de precios. Más carestía, más escasez. Los “controles de precios” generan el “mercado negro”.

Si queremos que los precios bajen, 1) hay que aumentar la oferta. Es decir, incentivar la producción. 2) Para lograr esto, hay que “reducir” los impuestos. 3) Abrir las puertas a la inversión (de riesgo). 4) Someter los monopolios a la competencia y eliminar los “mercados cautivos” (incompetencia), con reducción de tributos. No es verdad que la empresa nacional sufre. Al contrario, se dinamiza y crece ante el desafío de la competencia, que beneficia al consumidor.

Todas las “estructuras de costos y precios” están sometidas a los intereses de los monopolios. Los estatales, que son ineficientes, onerosos y corruptos (energía, luz eléctrica, teléfonos, combustibles (gasolina, gas, diésel, búnker), seguridad social, transporte aéreo, etc., elevan los costos. Privatizarlos es peor. Hay que ponerlos a competir, sin ventajas.

La “protección” del Estado a los monopolios, (públicos, privados o mixtos) genera “lucro indebido” en perjuicio de los consumidores. Imponen mercados cautivos, evaden la “competencia” y elevan “sus” precios.

Por ello, para impedir que suban los precios, hay que abrir los mercados a la competencia y no caer en la trampa de “protección” y seudo- pactos con monopolios (públicos o privados) que alteran los precios a su favor, sin criterio económico y con daño social irreversible.

En el presupuesto del año 2000, el gasto público era de 1.950 millones de dólares. Meses después,  entre el Congreso y el Gobierno “debatían”  para aprobar el gasto de 2001,  que llegó a 4.950 millones de dólares. La controversia entre ministros era perversa y pueril. “¿Hay o no hay déficit?”.

En el 2002 superó los seis mil millones de dólares. Ahora estamos arriba de los once mil millones. ¿De dónde sale tan escalofriante cantidad de dólares, si ya el Gobierno no puede emitir dinero? Pues de nuevas deudas externas, nuevas deudas internas (emisión de bonos), más impuestos y el petróleo.

Para que bajen los precios y crear empleo, hay que aumentar la oferta, incentivar la producción, reducir los impuestos, abrir las puertas a la inversión “de riesgo”. En síntesis, someter los monopolios a la competencia y eliminar los mercados cautivos.

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