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¿Tiene alguna lógica
que el ladrón de una cámara no pueda ser apresado y que una ciclista
que es atropellada sí lo sea? Bueno, eso está sucediendo en el Ecuador,
gracias a las nuevas leyes aprobadas por ese curioso legislador que
tenemos, con una sola cabeza y cincuenta manos. |
Para algunos
ilusos socialistas, el delito es una manera con la que los pobres y
desempleados se resarcen de la explotación de los ricos. Es una forma
desordenada pero válida de “redistribución” de la riqueza. Los
delincuentes no son malos, solo son impacientes, no seamos duros con
ellos. Pero la verdad es que los ladrones no roban para “dar de comer
a sus hijitos”, sino que se gastan el botín en chongos y lujos. Además,
los pobres son en una mayoría abrumadora las víctimas de semejante
“redistribución”. Los ricos viajan en grandes vehículos, viven
en urbanizaciones inexpugnables, son protegidos por guardaespaldas.
De a pie son la mayor parte de los robados y la casi totalidad de las
violadas.
Las reformas recientemente caminan exactamente en el camino contrario
de los modelos que han tenido éxito combatiendo al delito. El caso
más famoso es el de Nueva York, donde bajo la administración del alcalde
Rudolph Giulani, con su programa Cero Tolerancia, se redujo en casi
el sesenta por ciento los índices de criminalidad. Allí se controló
y se penalizó con severidad las menores infracciones. Los delincuentes
actúan de manera progresiva, si no son sancionados por una falta menor,
se sienten envalentonados para dar el paso a una más grave y así hasta
llegar al crimen brutal. Esta es una norma de etología elemental.
Es verdad que el programa Cero Tolerancia tuvo aspectos que pueden mejorarse.
Además, al aplicarse sin más ni más en otras ciudades, no resultó
tan eficaz. Pero es obvio que cualquier modelo debe adaptarse a las
realidades del escenario. Además hay otras fórmulas, como el empoderamiento
comunitario y diversos programas de reorganización social, que parecen
más democráticas, pero cuyo propósito es el mismo: la prevención
del crimen en sus primeras instancias.
Se argumenta, ¡con qué poca lógica!, que las cárceles están sobresaturadas
y que son “escuelas de delincuencia”. Lo inteligente sería construir
más cárceles y mejorar e l sistema penitenciario, para que los rehabilitables
puedan tener una nueva oportunidad. Pero no, aquí se opta, cobardemente,
por lo fácil. Nadie quiere que un penal lleve su nombre, como ya le
pasó a García Moreno.
Mejor ¿por qué en esto también no aplicamos la “franquicia Chávez”
de demolición de una sociedad? El coronel bolivariano ha implementado
una exitosa vía para enfrentar el delito, cuyos resultados son: Venezuela
es el país con más homicidios de América Latina, después de El Salvador;
hay más muertes violentas que en Colombia, que es un país en guerra;
la proporción de asesinatos en Caracas supera a Bogotá 130 a 19; en
lo que va de 2009, los crímenes violentos han crecido en el 39%…
en fin, es un modelo altamente eficaz de acabar con un país, ¿o no
es esto lo que se quiere?
Fuente:
Diario El Universo. Publicado el lunes 13 de abril de 2009
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lo que dices es una ignorancia,
En que parte?
Omar