La ética del lucro

Diario Expreso

El 18 de septiembre, Alfredo Escobar San Lucas, Director Comercial de
Porta, dirigió una carta al Director de este diario quejándose que, en
mi artículo del 16/Septiembre/2008, yo critico a Porta, según él, “de
manera injusta”, por mi rechazo al millonario sistema de ingresos usado
para lucrar con la venta de tarjetas prepago que, también según él,
origina estafas a los usuarios por inescrupulosos ofreciendo falsos
premios ligados a falsos concursos.

Dice que el usuario debe “llamar al *611, escuchar la grabación y estar
alerta ante cualquier intento de estafa. Y que, a pesar de sus
esfuerzos para evitarlo, están fuera de su alcance las acciones de
individuos con malas intenciones. Por ello, no responden por las
estafas inferidas a sus clientes.

Pero esos multimillonarios ingresos, de corrupto origen, (dinero
sucio), generados por estafadores, que les aumentan sus ventas en
tarjetas prepago, con dinero de usuarios estafados, son aprovechados en
Porta, sin indemnizar a los perjudicados.

Cuando abordaba yo un avión a Washington, Escobar que viajaba a México
a la sede de Porta se me acercó y, cortésmente, me reclamó. Lo escuché
atentamente y le sugerí leyera por Internet el martes 23 mi artículo
sobre “Responsabilidad empresarial”.

Nadie en el mundo civilizado, excepto Ecuador, es estafado, sin derecho
a reclamo, con aquello de “llame a un (*), comenté. No es nuestra
culpa, nada podemos hacer”. ¿Y los ingresos indebidos de Porta logrados
con “ayuda” de estafadores, ¿qué ?, pregunté.
                    La responsabilidad empresarial nunca termina, le dije. La ética es parte de la libertad empresarial.

Sin ética, los negocios (negación del ocio) y el lucro (logro) se
tornan indebidos y hasta corruptos. Es dinero sucio que resulta de una
estafa. Igual al lucro del narcotráfico, secuestro o sicariato.

Porta evade su “responsabilidad compartida” para con sus usuarios.
Arguye que hace “esfuerzos” y “advertencias”. “No entregues a nadie tu
código secreto”. Genial.
La conducta moral del empresario implica el deber de resarcir al
usuario, que le beneficia con el consumo. La libertad de negocios se
sustenta en el riesgo empresarial de ganar o perder.

Límite ético al lucro es no engañar ni usar la fuerza. El dilema está
entre la codicia y el talento moral de servir bien al cliente quien, en
el márquetin eficiente, “siempre tiene la razón”.

La libertad y acción empresarial son éticas sólo si el empresario
responde por los resultados de su negocio.

Los “intereses creados” (poderes fácticos), de los privilegiados por el
Estado con monopolios (grandes empresarios, dirigentes sindicales,
burócratas corruptos y políticos), impiden el acceso de nuevos
competidores.

Como mercadólogos y publicistas engañan al usuario, la competencia no
solo de tres (oligopolio), sino de muchos, es necesaria.

                    Y el Gobierno y sus entes de “control” (¿?), ciegos, sordos y mudos.

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