Concentración de poderes

No existe tiranía peor que la ejercida a la sombra de las leyes y con apariencias de justicia. Monstesquieu (1689 – 1755)

El conocido filósofo francés perteneciente a la época de la ilustración, Montesquieu, cercano al pensamiento de Locke, es conocido por la articulación de la teoría de la separación de poderes. Se publica en Ginebra en 1748 un importante ensayo ‘El espíritu de las leyes’ y responde criticas en la publicación ‘Defensa del Espíritu de las Leyes’ en 1750. Para prevenir la concentración de poderes en una sola mano, los sistemas de gobierno emplean la separación de poderes, creados en el sistema de ‘pesos y contrapesos’ (checks and balances), término que se le atribuye a Montesquieu.

Se ha visto como el Poder Legislativo fue eliminado, o más bien reducido a un grupo de 13 personas con clara mayoría oficialista en Montecristi. NO hay un poder independiente que revise por ejemplo el desbalanceado PGE. Se quiso destituir jueces a través de un mandato. La Corte Suprema está condenada. Los magistrados de la Corte Suprema de Justicia quisieron transmitir una cadena nacional para se que conozca las “causas y efectos” de lo que acontece. Oficialmente la cadena fue cancelada, mientras Vinicio Alvarado reconoce que hay saturación en la publicidad oficial. La cerezita al pastel. ¿Alguién puede transmitir la cadena?

La cadena
Por Jorge Vivanco MendietaDiario Expreso
Guayaquil, septiembre 21 de 2008

Cuando se integre la administración de justicia a gusto y sabor del actual Gobierno, esta función del Estado tan importante, ya habrá sido entregada en bandeja de plata como lo fuera la cabeza de Bautista.

La mayoría de la Asamblea Nacional Constituyente, empujada por un diputado vehemente y, al parecer, en busca de retaliación, se fijó como objetivo reorganizar y desaparecer la Corte Suprema de Justicia para sustituirla por un mamotreto complejo que manejaría el Ejecutivo. En este plano, los vocales de la Corte Suprema están condenados; la mayoría de ellos ha movido cielo y tierra para quedarse en el cargo, para eludir las decisiones vejatorias entre las cuales está la vergonzosa imposición del sistema de sorteo para formar una Corte Suprema transitoria y de mentirijillas.

Tomó, sin embargo, una decisión decente y valiente: renunciar a sus dignidades antes de que la marcha del mecanismo perverso ideado por la Constituyente los arrolle; pero antes quiso transmitir una cadena nacional de televisión, para que el pueblo conozca las causas y efectos de lo que sucede en este campo.

Esa cadena debió aparecer el lunes pasado; pero oficialmente se hicieron las maniobras para evitar su publicidad, en franco atentado contra la libertad de expresión. En estas circunstancias, un grupo de magistrados, asiéndose de la última tabla de salvación, aceptó un diálogo con el Gobierno, en que se intercambiarían intereses burocráticos y quizá de otro orden, renunciando a transmitir la cadena. El diálogo se frustró.

Numerosos magistrados, con razón, protestan por esta actitud, rechazan la forma en que se ha actuado y, sobre todo, el sacrificio de la dignidad a cambio de una menguada permanencia hasta cuando el Gobierno les dé el golpe de gracia.

Pero, ¿por qué tanto miedo del Gobierno a esa cadena? Por cierto, no teme a lo que se diga en ella, porque eso está de antemano conocido, sino que se la transmita antes del referéndum, porque puede influir en los votantes. Esto quiere decir que no importan los principios dentro de la delirante carrera oficial por el triunfo del Sí.

Es verdad que vivimos una época de política descalificada, porque se han puesto de lado las normas morales, que hay un naufragio de partidos y, por lo mismo, falta de liderazgo. Pero se ha llegado hasta a sacrificar principios elementales de ética política. Cuando se integre la administración de justicia a gusto y sabor del actual Gobierno, esta función del Estado tan importante, ya habrá sido entregada en bandeja de plata como lo fuera la cabeza de Bautista.

Así seguimos deteriorando aspectos fundamentales. Si esto significa el cambio proclamado, vamos mal, muy mal. Nuestro gran problema es la corrupción, sobre todo en la burocracia y la actividad política; la superación de la crisis que por este motivo sufrimos, debe comenzar por la rehabilitación moral y dentro de esta gran empresa, la reinstitucionalización del país. Y eso no sucede. Las instituciones están destruyéndose de una manera alarmante. Dentro de poco, ya no habrá institución republicana que defender. ¿Eso es lo que se está planeando?

Los magistrados de la Corte Suprema de Justicia que no están comprometidos en este complot, deben publicar por su propia iniciativa el texto de la cadena televisada; que más o menos ya se la conoce; pero es indispensable que el pueblo la lea o la escuche. Así quedarán limpios los magistrados que se resistieron a inclinar la cabeza a cambio de una menguada permanencia en las funciones.

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