Revoluciones que liberaron el mundo

Por defender los derechos individuales, a liberales y libertarios se los mal interprete de creerse autosuficientes, falso. La sociedad está compuesto por individuos que interactúan entre si y al garantizarceles sus derechos a través de la igualdad ante la ley (que no es lo mismo igualdad de resultados), intercambiando libremente productos y servicios, demuestra que la criticada autosuficiencia es una falacia. Los pobres en una economía de mercado, donde se respete la propiedad privada bajo un Estado de Derecho, tienen la oportunidad de prosperar por medio de su propio esfuerzo e iniciativa. El descubrimiento de la ‘división del trabajo’ que observó Adam Smith en La Riqueza de las Naciones (1776) es más productivo que trabajar en forma aislada (autosuficiencia), fomentando la cooperación social, instituciones sociales, la civilización misma. El siglo XIX veía como se llevaba a cabo la Revolución Industrial. Más adelante, los británicos Cobden y Bright en la década de 1830, llevaron a cabo una campaña contra el proteccionismo que mantenía los precios altos privilegiando a los patricios, logrando convencer posteriormente al gobierno de turno. El sistema socialista-nacionalista-comunista, por otro lado, pretende por medio de un megamonopolio repartir privilegios entre su circulo íntimo. El siglo XX fue testigo del fatal experimento del Nacional-Socialismo alemán y la Unión Soviética comunista (se lo ve en Cuba y ahora en Venezuela). En 1989 fue derribado el muro de Berlín y en noviembre de ese año se dió en Praga la Revolución de Terciopelo. Los países que estuvieron tras la cortina de hierro, aplicando la economía social de mercado, son cada vez más prosperos. Un caso excepcional es el de Estonia. En estos momentos de confusión y ansiedad por cambiar para bien nuestro país, el estimado lector puede leer a continuación una experiencia contada por quien no sólo ganara el premio por la Libertad, sino que sacó adelante a todo un pueblo.

Los milagros económicos los hace la gente, no el gobierno de un país
Por Mart LaarCato Institute
Octubre 25 de 2006

Cuando usted quiere que cambie su país, no puede hacerlo solo, ni siquiera con la ayuda únicamente de su gobierno. Solo la gente de un país puede hacer realmente posible los cambios. La tarea de un gobierno es apoderar a la gente, confiar en la gente, y darle la libertad de elegir y hacer que se produzcan los milagros.

Mart Laar es ex Primer Ministro de Estonia y ganador del Premio Milton Friedman por la Libertad del 2006.

Este es el discurso que Mart Laar dio al recibir el Premio Milton Friedman por la Libertad en mayo del 2006.

Queridos amigos, señoras y señores:

Tengo el alto honor de aceptar el premio Milton Friedman. Este premio no es solo para mí; sino también para toda la gente que hizo posible el milagro de Estonia. Cuando usted quiere que cambie su país, no puede hacerlo solo, ni siquiera con la ayuda únicamente de su gobierno. Solo la gente de un país puede hacer realmente posible los cambios. La tarea de un gobierno es apoderar a la gente, confiar en la gente, y darle la libertad de elegir y hacer que se produzcan los milagros.

Yo crecí en una sociedad donde no había libertad. En una sociedad libre, es difícil comprender lo que realmente significa la libertad. Usted comprende lo que significa la libertad solo cuando la ha perdido. Y cuando usted vive en una sociedad donde la libertad no existe, únicamente entonces se da cuenta de cuán valiosa es.

El libro de Milton Friedman, Libertad de Elegir, no es el único libro de economía que he leído, pero si fue el primero. Los libros de economía marxistas realmente no cuentan porque todos están equivocados. Ronald Reagan una vez dijo cuando le pidieron que explicara la diferencia entre Marxistas y no Marxistas, dijo que Marxistas son aquellos que han leído los libros de Karl Marx y anti-Marxistas son aquellos que los han entendido. Cuando se vive en una sociedad comunista, no es difícil entender cuán equivocadas están estas teorías.

Estonia recibió muchos consejos de otras naciones sobre como ser libre. Varios países occidentales, incluyendo EE.UU., nos dieron consejos sobre cómo expandir el gobierno, aumentar los gastos, incrementar los impuestos y sobre cómo hacerlos progresivos. En este contexto, debo decirles que fue muy útil recordar los tiempos de la Unión Soviética porque la primera vez que yo escuché el nombre de Milton Friedman fue en la época soviética cuando leí en algún periódico o en alguna propaganda soviética sobre ese peligroso economista occidental llamado Milton Friedman. En ese tiempo, yo no sabía nada sobre las ideas de Friedman, pero yo estaba seguro que si era tan peligroso para los comunistas, debía ser un buen hombre.

Todavía recuerdo cuando vi por primera vez la traducción en mi idioma del famoso libro de Friedman. Recuerdo observar el título Libertad de Elegir mientras pensaba que las palabras “libertad” y “elegir” eran absolutamente impensables para los comunistas.

Cuando leí el libro, las ideas me parecieron muy lógicas. En ese momento, yo desconocía que había pocos países que habían implementado esas ideas. Friedman enfatizó que la mejor manera de estimular el progreso económico era mediante un impuesto único y libre comercio para que se abran los mercados. Pero lo que más me impresionó de su libro era su confianza en la libertad y en la gente. Era muy claro que solo trasladando el poder del gobierno a la gente es que un país puede realmente lograr algo pues el gobierno no crea milagros, la gente lo hace. La única tarea del gobierno es darles la oportunidad a la gente para que eso suceda.

Pensar sobre economía en términos de logros de la gente, fue una idea que llevé conmigo durante todo el proceso de reforma en mi país. Por supuesto, cuando empecé a introducir las reformas, me encontré con muchos expertos occidentales que decían que yo estaba absolutamente loco porque nadie había implementado las ideas de Milton Friedman, que era “engañoso”, un economista completamente de derecha que no sabia nada de cómo funcionaban las teorías económicas en el mundo real.

Yo tenía algunas dudas cuando estos economistas bien parecidos y elegantes despreciaban a Friedman. Afortunadamente yo tenía solo 32 años y a esa edad uno no confía en los expertos inteligentes y mayores que le dicen a uno lo que no se puede hacer. Para mi, Milton Friedman me parecía una buena persona, especialmente cuando recordaba lo mucho que lo odiaban los comunistas. Y así encontré el coraje para presionar por lo que yo creía, conduciría a mi país a la libertad.

Estas ideas han sido muy exitosas. Realmente le hemos devuelto el poder a la gente en Estonia. Los hemos liberado para tomar decisiones que permitan que el país se mueva hacia adelante. Los resultados son asombrosos. Cuando uno observa a Estonia hoy, es difícil recordar claramente como era en 1992. El gobierno no es responsable por esos cambios sino la gente. Una buena política gubernamental puede ofrecer a la gente la oportunidad de crear algo, ser innovador, mirar hacia el futuro, soñar y hacer realidad esos sueños. Creo que de eso se trata la libertad. El papel del gobierno es dar a la gente la oportunidad de abrir la economía y crear un sistema impositivo que no castigue a la gente que trabaja más y gana más dinero, sino que estimule a la gente a hacer algo con sus vidas.

El último premio Milton Friedman se otorgó al brillante economista Hernando de Soto, quien persuasivamente argumentó contra la confiscación de la propiedad propuesta por Karl Marx en el Manifiesto Comunista. Me siento muy orgulloso de aceptar este premio por argumentar contra otra tesis de Karl Marx, el sistema de impuesto progresivo. Ese sistema de impuesto se opone a lo que significa la libertad. Yo realmente apoyo y estimulo a todos ustedes a promover la idea de una revolución impositiva tal como la que hicimos en Estonia, no solo en Europa Central y en Europa del Este, países en donde considero que en los próximos cinco años todos se moverán hacia un impuesto “único” a la renta, sino también en otras partes de la civilización occidental. Si no hacemos esto, no tendremos libertad.

El sistema de impuesto progresivo fue central en la visión que tenia Marx del mundo. Y me da mucha pena ver que en el mundo occidental la manera de pensar de Marx todavía es tan popular. El comunismo no está muerto en el Occidente. Cuando camino por las calles de Nueva York veo camisetas con los rostros impresos del Che Guevara, Mao Zedong y Lenin, los más grandes asesinos del siglo XX y realmente no comprendo. ¿Es este un país libre? ¿Ha muerto realmente el comunismo?

Hay países donde todavía el comunismo florece y no estamos haciendo lo suficiente para explicar lo que el comunismo realmente significa y lo que ha hecho a través de la historia en nombre de su ideología. China, aún con sus modestas reformas económicas, es todavía una dictadura donde la palabra democracia es prohibida y no hablamos mucho sobre eso. Creo que una de las razones por las cuales continuamos viendo dictaduras populistas en América Latina es precisamente porque no se han atrevido a declarar que el comunismo es tan malo como el Nazismo o cualquier otra ideología maligna del siglo XX. Hemos subestimado el poder de estas malas ideas.

En el mundo occidental se criticó fuertemente al Presidente Ronald Reagan cuando él denominó al comunismo el imperio del mal, pero yo recuerdo mis propios sentimientos cuando lo escuché decir esas palabras; él fue el primer político que yo escuchaba, que no tenía miedo de decir la verdad. Todos debemos ser lo suficientemente valientes para decir la verdad.

Felicito a Cato Institute por el trabajo que están haciendo alrededor del mundo para promover la verdad sobre la libertad. Quisiera que esta tarea difícil avance en el mundo. Sin libertad, nuestras vidas serían vacías y sin significado. Libertad es lo que nos da las herramientas para conseguir las cosas en la vida. Libertad es lo que levanta nuestro espíritu. Y en este contexto, yo solo puedo agradecer otra vez a Milton Friedman, al Cato Institute y a todos ustedes que han apoyado estas ideas alrededor del mundo. Cuando todos nos movamos en esa dirección, podremos hacer del mundo un mejor lugar para vivir.

Traducido por el Instituto Ecuatoriano de Economía Política.

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