Agresión a una “prima”

Diario Expreso

Es que no fue una golpiza. Ni una pelea cuerpo a cuerpo. Tampoco un
“tatequieta” ni una “paliza”. Fue una pateadura espectacular, que nadie
sabe qué tiempo duró. Con alevosía. En pandilla. En despoblado. Por
cada puntapié y puñetazos un coro perverso rugía, con aplausos y gritos
de júbilo. Mátala, se oía al unísono. Caída, en el suelo, sin chance a
defenderse, no pudo siquiera acurrucarse para proteger su cabeza y
rostro.

Y toda esta masacre, propia de
bestias salvajes, filmada y grabada por sus cómplices, en el paroxismo
de su maldad, (o arrepentidas, avergonzadas o asustadas por su
participación o hasta por temor a represalias o igual trato de parte de
sus compinches), a escondidas la difundieron al mundo por Internet.
Rompieron la “ley de la omertá”, la ley del silencio o el silencio
cómplice.

Ahíta de sangre, sin piedad ni remordimiento, la criminal sólo se
detuvo cuando la víctima perdió el conocimiento y su cuerpo quedó
inmóvil. Sus brazos y manos, lesionados y caídos, en vano intento por
detener la agresión, no impidieron que el pecho, estómago, piernas,
cabeza y cara fueran cruelmente masacrados, cerca de Madrid. Qué razón
o motivos tuvieron para tan brutal atropello, no cabe explicar. Se
podría caer en el error de hasta justificar tan vil y canallesca
conducta.

Que la delincuente agresora es menor de 18 años, no es eximente de
responsabilidad penal ni atenuante moral. Igual que aquel otro sicópata
delincuente que, a mansalva y en terrorífico abuso, agredió con saña a
otra ecuatoriana en un tren. Cualquier expresión o acto previos de
parte de las ofendidas, de ninguna manera justifican semejantes abusos
ni tan brutales e inhumanos atropellos. Y la noticia devoró las redes
mundiales. Los diarios, TV e Internet, en todos los idiomas, se
hicieron eco de la denuncia de la prensa y TV española.

¿Qué pasa con “la justicia”? ¿Y los defensores de los “derechos
humanos”, de aquí y allá? ¿Dónde están? Y, ¿aquellos que protestaron, a
nivel internacional, con inusitado énfasis, cuando lo de Raúl Reyes,
por qué se demoran en “protestar”? ¿O, tal vez, no sea motivo para
hacerlo?

Al margen de esto que, parecería ocurre con frecuencia contra los
inmigrantes ecuatorianos, se dice que no es pelea de “muchachos”. Es,
quizás, una actitud general con múltiples vertientes. Tan horrible y
malvado suceso trae a la memoria los atropellos de los ibéricos de hace
500 años y las perversas agresiones que, como castigo, violando los
derechos humanos, realiza la “justicia indígena”.

Ahora ha sido contra otra “prima” quien, aunque cobriza su piel e
indígena su ancestro, lleva en su sangre genes de hispanos. Es evidente
que los cientos de miles de ecuatorianos que fugaron hacia España en
busca del “buen vivir”, que aquí no encuentran, son gente de trabajo,
honorable, competitiva que produce y consume, al extremo de ser parte
del éxito económico de España y fuente de multimillonarias remesas
hacia el Ecuador, que habilitan “sobrevivir” a sus parientes.

Pero tampoco se puede desconocer que son cientos los delincuentes,
vagos, ladrones y desadaptados, pandilleros (Latin King, y otros por
ejemplo) que emigran hacia España y el resto del mundo, para “sentar
sus reales” y hacer “de las suyas” creando un ambiente adverso para los
que, honorablemente, allá trabajan.

Hay de todo. Es parte del fenómeno migratorio. Recuerdo que, cuando
estudiaba en Europa, allá por la década del 70 al 80, los españoles y
los yugoeslavos eran los ilegales, inmigrantes y rechazados por las
“sociedades europeas” que los “empleaban” en las tareas “bajas”, hasta
que la revolución económica del Estado español impulsó la libertad, la
inversión de riesgo y la producción en competencia.

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