Hacia la sociedad de propietarios y no de proletarios, parte I

José Carlos Rodriguez, desde Madrid, nos cuenta sobre la medida (auténticamente progresista, es decir, libertaria) de Lula da Silva en Brasil para incorporar de súbito a cientos de miles de habitantes de las favelas a la sociedad con pleno derecho. Con derecho de propiedad reconocido, sobre lo que es suyo por derecho. Ciertamente muchos de los asentamientos fueron invasiones -ojalá contra propiedad estatal- y por eso la clase política tarda en reconocer lo que el derecho hace con el paso del tiempo: la propiedad de facto debe convertirse en propiedad reconocida de jure.

Ghersi y su Instituto Libertad y Democracia de Perú calculan que un porcentaje mayoritario de nuestra vida económica se hace informalmente, si bien sin la mirada vigilante, tramitadora, tributadora, entorpecedora del Estado, también al margen de protección contra estafas, robos o simplemente generándose riqueza de forma muy tosca. Lo que caracteriza a una economía avanzada, es el grado de sofisticación de sus instrumentos de propiedad. Una bolsa de valores en la cual participen activamente cientos y miles de empresas locales, títulos de propiedad, deuda, financiamiento, etc. que permitan un mejor flujo de recursos hacia donde son requeridos (en lugar y tiempo) para crear valor (ergo riqueza socialmente disponible), cuya señal es la ganancia. Las áreas de la economía donde más rentabilidad hay frente a un riesgo similar, son aquellas donde más valor agregado hace falta (diferencia entre costos y precios, es decir, entre lo creado y los elementos para crearlo). Sin el rol elemental de un gobierno que es la protección de persona y propiedad (los frutos de su esfuerzo) permitiendo esa seguridad jurídica y sofisticación de la economía, no hay posibilidad de mejorar la división del trabajo, del conocimiento (por eso fugan los profesionales, falta de inversiones locales y foráneas que requieran…profesionalización de las actividades) y que así finalmente, grandes capas de la sociedad avancen. La propiedad es la clave de la civilización, pues permite ascender satisfaciendo necesidades la escala de Maslow, desde las biológicas (alimento, cobijo, seguridad) hacia las más propiamente humanas: lo que Aristóteles llamaba los bienes de orden superior: arte, ciencia, espiritualidad y recreación.

Postdata: A los miembros del combativo Foro de Sao Paulo, alguien debería contarles lo que José Carlos dice tan claramente: hay otro camino, otro sendero. Es cierto, otro mundo es posible, pero uno distinto al del estatismo privilegiante que destruye un establishment sólo para crear otro: el del capitalismo popular, la economía competitiva e incluyente y ante todo nuestra inserción sin peros ni pares en la globalización.

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