La Constitución

EL Presidente Correa, empezó la idea de la constituyente por dos razones:

  • eliminar un congreso opositor y
  • lograr una constitucion que aumentara sus poderes y redujera los de la opocision. 

Entre los poderes buscados aparentemente esta: reeleccion, poder destituir al congreso, mejor control de las fuerzas armadas, etc.  Hoy en un artículo Francisco Carrion, desnuda, como la falta de planeamiento y de gente capaz, ha resultado en una constitución que probablemente haya que rehacer en poco tiempo y que en lugar de dar mas poder al presidente crea mas burocracia, mas controles y más confusión por la inminente superposicion de poderes y funciones.  Adjunto el articulo de Francisco Carrion de El Comercio de hoy.  Como vemos estamos en manos de una tarea de ignorantes que llenos de buenas intenciones, pero por su falta de humildad, de conocimientos y de experiencia nos llevan por el camino de la destrucción y la miseria.

Por Francisco Carrión Mena

Podría sonar paradójico pero me temo que el más afectado, de lo que, en algunos ámbitos, parece que va a salir como Constitución de Montecristi, es el propio Presidente de la República. Me explico. Para empezar, si la Carta Política que se apruebe es tan reglamentaria y dispersa en asuntos muy específicos, como parecería va a suceder, el presidente Correa y los presidentes que vengan verán reducida su capacidad de gestión pues disposiciones no sólo legales sino constitucionales se lo impedirán.

Todo parece indicar que se viene una Constitución de coyuntura y no una con proyección de futuro, incluyente, precisa, que no permita interpretaciones, que tenga en cuenta a las minorías y sus distintas ideas del país como conjunto. Cuando mañana necesariamente se creen partidos políticos, se institucionalice una nueva forma de hacer política, con una oposición racional, esas mismas instituciones creadas coyunturalmente se volverán contra el Mandatario y contra su administración haciéndola no sólo ineficiente sino inmanejable.

Un ejemplo, se dice que se crearán dos funciones del poder del Estado adicionales a las tres clásicas –Ejecutiva, Legislativa yJudicial- con atribuciones que lejos de facilitar el funcionamiento del Gobierno y supuestamente de democratizarlo, lo entorpecerán. Es que una función de Veeduría social y otra de Contraloría, como han sido anunciadas,  generarán confusión, superposición de responsabilidades, incremento de burocracia y, lo más grave y común, pugna de poderes. Además, los pesos y contrapesos indispensables en una democracia podrían diluirse con cinco funciones y llevarnos a un caos institucional.

Otro ejemplo. En materia de política exterior, respecto de la cual el Presidente es –y así debe ser en la nueva Constitución- el máximo responsable de su formulación y ejecución, su capacidad se vería seriamente disminuida si se aprueban algunos artículos que ya se conocen como el de la ratificación de los tratados. Si es el futuro Congreso el que “aprobará o improbará” (palabra que ni siquiera existe) los convenios internacionales suscritos por el ejecutivo no en tres o cuatro sino en ocho materias, pocos serán los que finalmente entren en vigencia conociendo la escasa agilidad y el desinterés que en estos temas tienen los legisladores.

¡Qué decir de la prohibición de celebrar convenios que acepten jurisdicciones extranjeras en lo relativo a controversias en su aplicación! Ecuador y su gobierno se estarían excluyendo de llegar a acuerdos  favorables a sus intereses,  encerrándose en un mundo irreal marcado por una inevitable globalización, que podría beneficiar al país y limitando, así, la acción del Presidente.

Creo que, en algunos campos, lo que se está redactando, al contrario de lo que piensa el oficialismo, va a atar las manos del ejecutivo y del propio Presidente y a dificultar su capacidad de administrar el Estado que ahora más que nunca debe ser ágil y acorde con la realidad del mundo. Hay mucha novelería en Montecristi.

Anuncios