Desafiando al progreso

“El odio como factor de lucha”, palabras que pronunciara Guevara en un “Mensaje a la Tricontinental” se deja entrever en fervientes seguidores. Los mundiales elogios que recibe la ciudad de Guayaquil, gracias a la administración del nominado a mejor Alcalde del mundo, son minimizados y obstaculizadas sus obras por el hecho de ser de la oposición. Un editorialista contrario a las ideas que llama neoliberales describe más en su artículo.

Nebot y el transporte
Por Jorge Vivanco Mendietaexpreso.ec
Mayo 7 de 2008

El poderoso frente que con el estímulo oficial se ha formado contra el alcalde de Guayaquil Jaime Nebot Saadi, trata de minimizar las obras en bien de Guayaquil y aún obstaculizarlas, en una actitud increíble en un gobierno de jóvenes como el actual que, con el objeto de destruir políticamente a un ciudadano considerado de la oposición, y así obstruye una labor de desarrollo de la ciudad más grande y la más poblada del país.

El poderoso frente que con el estímulo oficial se ha formado contra el alcalde de Guayaquil Jaime Nebot Saadi, trata de minimizar las obras en bien de Guayaquil y aún obstaculizarlas, en una actitud increíble en un gobierno de jóvenes como el actual que, con el objeto de destruir políticamente a un ciudadano considerado de la oposición, y así obstruye una labor de desarrollo de la ciudad más grande y la más poblada del país.

La labor del Alcalde de Guayaquil, dije alguna vez, trasciende lo partidista e ideológico; un alcalde es servidor y hay que exigirle obras de beneficio ciudadano y en este caso las estamos viendo, al punto de que la alcaldía de Nebot así como la de León Febres Cordero serán registradas por la historia de Guayaquil y del país, como las más fecundas y positivas. Redimieron a la ciudad y la pusieron entre las más bellas de América del Sur.

Hace poco, una entidad internacional declaró que el aeropuerto de Guayaquil era uno de los mejores del mundo dentro de su categoría por sus instalaciones, la avanzada tecnología que se aplica y que se traduce en la seguridad al usuario, al que se lo rodea de comodidades. Esta obra que está a la vista de todos, ha sido y es objeto de una actitud mezquina y es blanco de menguadas maniobras políticas. Pero allí está la realidad.

La Metrovía con sus diversas líneas, la última de las cuales acaba de inaugurarse, es la solución al transporte urbano de Guayaquil. Si en Quito la causa principal de la congestión de sus calles es el aumento explosivo de los vehículos y la topografía tan difícil, en Guayaquil es el crecimiento desordenado de la ciudad y la formación de barrios marginales que exigen servicios, entre los cuales uno de los más importantes es el del transporte. Con la Metrovía, se han desocupado las calles principales y su sistema permite un servicio seguro, decente y regular, con la característica especial de que en esta empresa participan los propios transportistas. La reforma se hizo sin perjudiciales e innecesarios enfrentamientos.

La Terminal Terrestre es una de las mejores -si no la mejor- en Latinoamérica; sus instalaciones modernas, funcionales, pulcramente manejadas, dan comodidad y sentido de dignidad a los usuarios, que son de miles diarios, de todo el país; esa obra fue y es objeto de censuras, sospechas, desdenes, etc.

Desde luego, para la mayor eficiencia del transporte masivo de Guayaquil, han contribuido las ya construidas obras de desarrollo urbano, entre ellas los combatidos pasos elevados o puentes a desnivel; ahora constituyen el complemento natural para la prestación del servicio.

Mientras se lanzan truenos y centellas contra la administración municipal de Guayaquil desde el sector oficialista, la ciudadanía, la mayoría, está conforme con la obra y se manifiesta elocuentemente en el pago de los impuestos, especialmente los prediales; el habitante de Guayaquil va a buscar la ventanilla, y en ella es bien atendido; el dinero administrado en forma tal, que de cada dólar, 85 centavos son para obra municipal y los 15 centavos para el mantenimiento de la administración. Esa es la fórmula ideal para que una urbe cumpla con su objetivo que es dar servicio a los habitantes, resolviendo problemas colectivos desarrollándose y embelleciéndose.

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