Incubación

La “política de apaciguamiento” de Neville Chamberlain fue criticada por Winston Churchill, denunciando el rearme de la Alemania Nazi (nacional socialista). Se insistió en prepararse. No fue escuchado. Otras experiencias hablan de creación de conflictos para desviar la atención del desastre evidente.

El huevo de la serpiente
Por Alfonso Reece D.El Universo
Lunes, febrero 18 de 2008

En la medida en que su proyecto político fracasa y su esquema económico se descalabra, el dictador se siente más acosado y, más temprano que tarde, va a reaccionar buscando un enemigo exterior. Ya lo vimos con Galtieri y las Malvinas.

A lo mejor, puesto que eres joven, no recuerdas la serie Kung Fu que se transmitía en la televisión. El protagonista era un actor norteamericano, David Carradine, a quien la serie marcó como un experto en artes marciales, pero él tuvo papeles mucho más memorables. Uno de ellos es el que realizó bajo la dirección de Ingmar Bergman en la película El huevo de la serpiente. La historia se desarrolla en Alemania en la década del veinte, en la cual transcurre la vida de un acróbata norteamericano y su cuñada, cuyos destinos se cruzan con el del doctor Vergérus, quien hace experimentos biológicos con personas.

El título de la cinta está basado en el Julio César de Shakespeare, en el cual Bruto dice: “debe considerársele como al huevo de la serpiente, que, incubado, llegará a ser dañino como todos los de su clase, por lo que hay que matarlo en el cascarón”.

Lo que muestra Bergman es cómo, en ese tiempo, en Alemania ya estaban dadas las condiciones morales y psicológicas que conducirían al nazismo, al Holocausto y a la guerra. Es como un huevo de serpiente, cuya cubierta transparente permite ver al reptil. Sin embargo, nadie quiso ver el peligro en esos años.

Pienso que las condiciones actuales de América del Sur son similares. El translúcido cascarón ya deja ver al venenoso reptil que se incuba. El fantasma de una guerra aparece amenazador sobre el horizonte.

El armamento comprado con 15 mil millones de dólares por el teniente coronel Chávez no está dirigido, como él dice, contra una posible invasión de Estados Unidos. Podría ser que esta ocurra, pero dado el caso, todos sabemos que la cosa terminaría en pocas semanas como terminó en Iraq: con el ejército despedazado y el dictador colgado. Es posible que en tal evento se produzca, como en Iraq, una insurgencia incontrolable, pero para que esta se dé no se necesitan helicópteros ni cazas supersónicos.

Entonces, si en un escenario previsible, jamás Venezuela podrá armarse lo suficiente para enfrentar con mediano éxito a Estados Unidos en una guerra convencional, el arsenal de Chávez está dirigido contra otros países. En la medida en que su proyecto político fracasa y su esquema económico se descalabra, el dictador se siente más acosado y, más temprano que tarde, va a reaccionar buscando un enemigo exterior. Ya lo vimos con Galtieri y las Malvinas. El rival predecible es Colombia, con el cual no faltará un buen pretexto para iniciar las hostilidades. Más todavía si va a contar con la ayuda de los grupos de bandoleros narcomarxistas colombianos.

¿Cuándo ocurrirá esto? Mucho más pronto de lo que esperamos. A Chávez, para acometer su despropósito, le es indispensable asegurarse la neutralidad de Brasil. Y solo cuenta con ella mientras Lula sea presidente, es decir antes del 2011. De cualquier manera, de darse este escenario es muy difícil que el conflicto quede restringido a los dos contendientes originales, y la vorágine absorberá a otras naciones del subcontinente.

Está claro, se ve la serpiente a través del cascarón. Desgraciadamente parece tarde para matarla en el cascarón.

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