Momento mágico

Desde la antigüedad se busca ensalzar y crear mitologías buscando personajes para ponerlos como modelo ideal con lo cual el pueblo se sienta identificado, muchas veces exagerando la nota, llegando en nuestro caso a crear verdaderos semidioses criollos. Elias Pino Iturrieta explica que “endiosar a aquellos muertos es productivo, pues sirve para que el sumo pontífice se suba también al altar”. “Uso y abuso político de los restos de los próceres”. Si la voluntad de un ilustre es que sus restos mortales resposen en un lugar, ¿porqué la exhumación y traslado de una parte de sus restos a un lugar donde predomina su antítesis?

Chicha de huesos
Por Alfonso Reece D. – El Universo
Lunes, diciembre 3 de 2007

En el pueblo en el que crecí y el que vio discurrir y agotarse mi juventud, corría el rumor, muy probablemente cierto, de que las mujeres que elaboraban chicha ponían en los pondos en los que se fermentaba su producto huesos humanos, los que garantizaban el poder numinoso al brebaje que bebían principal pero no exclusivamente los indios. ¿Qué es esto de “numinoso”? Se refiere a las virtudes mágicas o sobrenaturales que pueden tener ciertos seres u objetos.

Lo numinoso puede hacer milagros, conceder la salud, el amor y, sobre todo, el poder. El caso es que los cadáveres de los supuestos héroes y santos de los distintos pueblos han servido, desde tiempos inmemoriales, para legitimar, apoyar o incrementar el poder, a través de ritos mágicos, idolátricos y supersticiosos. Eso lo demuestra muy bien el estudioso alemán Olaf B. Rader en su libro Tumba y poder, una obra que no tiene desperdicio y que se subtitula El culto político a los muertos desde Alejandro Magno hasta Lenin.

Rader hace un análisis histórico vasto, en realidad desde Aquiles hasta el Che Guevara, del uso y abuso político de los restos de los próceres.
Los pueblos dominados por el pensamiento mágico prefieren “la necesaria materialidad en la forma de los huesos” que las ideas. Esa es la base del culto a las reliquias, que en la Edad Media católica se convirtió en una locura, que hacía valer trapos y calaveras más que el oro y las gemas. Rader cita al escritor pagano Eunapio de Sardes, quien desprecia a los cristianos porque “andan toqueteando los huesos y creen ser mejores porque profanan tumbas”.

El poder es, según Max Weber, la capacidad de persuadir a alguien para que haga algo. Si yo soy dueño de los huesos del antepasado ilustre tengo un poder numinoso que impulsa a los creyentes en tales fuerzas “espirituales” a obedecerme. Eso es todo lo que subyace en el culto a los cadáveres de los héroes, la apoteosis de los muertos ilustres es entonces una estratagema de los más vivos de los vivos. Hubo no pocos crímenes y hasta guerras por causa de la posesión de todo un cadáver o más que sea de un trozo. Guillermo el Conquistador rechazó el pago de dos veces su peso en oro por el cadáver del rey Harold Godwinson.

Los dictadores siempre tendieron a apoderarse de los cadáveres de antecesores en los que se reflejaban; los césares lo hicieron con el cuerpo de Alejandro, y Mussolini lo hizo con los césares. El que posee los restos es el sucesor legítimo, es virtualmente su reencarnación. Y probablemente llegan a creérselo ellos mismos. Para llegar a este estado de innuminocidad es preciso demostrar que se es el hijo dilecto y solícito del héroe, lo que se logra con la celebración de brillantes exequias y la construcción de tumbas faraónicas (nunca mejor aplicado este adjetivo).

Rader también cita a Hart-mut Böhme, quien establece que en estos trasiegos de momias y construcciones de tumbas, lo que hay es un propósito de establecer “la magia como derecho constitucional”.
¡Parece que hubiera estado en Ecuador la semana pasada!

Anuncios