Traición a la patria

Por Rómulo López Sabando

Publicado originalmente en Diario Expreso

Patria, viene del latín "patris", familia o clan, pater, padre. Es la tierra natal. Nos vincula por cultura, valores y afectos.
Patria es tierra sagrada, es historia, es vida presente y aspiraciones de país y pueblo. Une el nacimiento con la sangre de nuestros ancestros e hijos.
Es lo más preciado y de mayor valor para el humano. La patria no se puede ver, tocar ni cambiar. Es incorpórea, imperceptible, inmaterial, invisible, espiritual, etérea, sutil, Por ello se expresa mediante sus "símbolos", que son sagrados. Los símbolos de la patria son la Bandera, el Escudo y el Himno. Les debemos respeto, veneración y sumisión. Irrespetarlos es el más grave delito.

Los símbolos de la patria sustentan a la nación, (donde nacimos), que nos ubica en el mundo. La nacionalidad nos identifica. Es como el nombre y apellidos.
El que carece de nacionalidad es un apátrida, es decir carente de patria. No tiene madre ni padre. Es un hijo de nadie. En el ámbito jurídico-político, la nación es el sujeto político en el que reside la soberanía que constituye al Estado. La cultura de la nación identifica la patria con sentido ético-político. La patria es el soporte del Estado, del país, del territorio y habitantes de ellos.

El patriotismo es el amor a los símbolos patrios. Simbolizan las glorias y heroísmos de nuestros antepasados.
Los símbolos patrios están por encima de la República y de la democracia. Son superiores. El Escudo, la Bandera y el Himno son imagen y representación de la patria. Los derechos y los intereses (personales y provincianos) de los ciudadanos, al igual que sus negocios, conveniencias políticas y afanes económicos se subordinan a la patria y a sus símbolos sagrados.

La bandera azul y blanco liberó a la patria. Parió a Ecuador. Le dio identidad. Rigió desde 1820 y fue enarbolada en 1830 para fundar la República del Ecuador. En 1860 García Moreno la cambió por la bandera amarillo, azul y rojo que Eloy Alfaro reiteró el 7 de noviembre de 1900, al sancionar el decreto legislativo del 31 de octubre.

El repudiable y execrable ultraje que, contra la bandera azul y blanco, madre de la patria, irrogaron energúmenos, falsos ecuatorianos, bestias, salvajes, frenéticos, endemoniados, poseídos, sicópatas, es un acto de alevosa traición a la patria. Es deslealtad, perfidia, infidelidad, ingratitud. Es cobardía, canallada, villanía.

Llevaron la bandera para insultarla y cometer el crimen. Se aseguraron que, agazapados en las turbas, en anonimato, no serían identificados y, cual jauría enfurecida, perpetraron el más terrible delito patrio. Pero, gracias a la prensa y a la TV, se conoció la saña, premeditación y en pandilla con que, deliberadamente, ultrajaron a la patria. Fue un asesinato atroz, con premeditación y alevosía, agravante de la responsabilidad penal. Infamia.

"Son of a bitch", se dice en inglés a estos energúmenos de tan baja calaña. Su ralea amerita no sólo la sanción del Código Penal sino un juicio de traición a la patria, castigado con cadena perpetua. Los que vejaron a la patria, no merecen mantener la nacionalidad. Es la mayor ofensa, ultraje, injuria, insulto, de que se tenga memoria.

Después de semejante agravio, ¿cabe seguir cantando?: "Patria, tierra sagrada de honor y de hidalguía, que fecundó la sangre y engrandeció el dolor. ¡Cómo me enorgullece poder llamarte mía, mía, como mi madre, con infinito amor! Por tus cruentos martirios y tus dolientes horas, por tus épicas luchas y tu aureola triunfal, por tus noches sombrías y tus bellas auroras, cúbrenos siempre ¡oh patria! con tu iris (bandera) inmortal".

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