Evolución o involución

El Ecuador entero comulga por el cambio. Pero, ¿estamos frente a un cambio de época? o ¿estamos frente a una época de cambios?. Nuestro cambio futuro, ¿depende de la Asamblea? o ¿depende del presidente?. Al respecto, la historia contemporánea describe dos modelos, 1) la igualdad de derechos para toda la población; y, 2) la eliminación de las diferencias sociales a través de la igualdad de resultados (pasandose por alto el esfuerzo individual eludiendo la simulación del y los advenedizos que toman ventaja de esto –¿ingenua e inocentemente consciente(s)?) por encima de la igualdad ante la ley. Interesante artículo para tomar apunte a continuación.

Óvulo y esperma del redentor
escrito por Bernardo Acosta –hoyonLine
miércoles 18 de abril de 2007

¿Por qué el Ecuador no es tierra fértil para la democracia y, en cambio, vivimos en una búsqueda constante del “hombre fuerte”, del salvador?

El óvulo de nuestra mitología política apareció en el período de independencia. Los intelectuales sudamericanos de entonces recibieron la influencia de los promotores de las Revoluciones Norteamericana de 1776 y Francesa de 1789. Sin embargo, la mayoría se empapó más con las ideas de esta última. Letrados, como Eugenio Espejo, leían principalmente a Montesquieu, Voltaire y Rousseau. Ambas revoluciones coincidieron en su intención de enfrentar al poder y destruir el statu quo, pero difirieron en el modelo que lo reemplazaría. La Revolución Norteamericana tuvo como objeto garantizar la igualdad de derechos para toda la población a través de la sustitución del dominio británico por la Ley.

La Francesa fue más filosófica, pero menos práctica. Su planteamiento central fue cómo eliminar las diferencias sociales y lograr el mismo modo de vida para toda la población que estaba harta de las distancias con la aristocracia. La solución, siguiendo lo sostenido por Rousseau, era conceder el poder al revolucionario motivado por su sabiduría, ética y noble espíritu luchador. Este supuesto jefe iluminado entonces promovería la felicidad ciudadana a través de la igualdad de resultados, mas no la igualdad ante la Ley.

Implícita en la meta de la Revolución Francesa está aquella concepción tan antidemocrática de que no importa el camino sino el fin. También se encuentra el redentor, aquel ser casi mesiánico que sabe más que el resto y, por tanto, tiene la capacidad de imponer el proceso que él considere necesario para llegar a la felicidad colectiva. Y aparece, además, el concepto más injusto de igualdad, el que se sustenta en la subjetividad del justiciero supremo.

Tal fue la influencia francesa que el libertador Bolívar, al redactar la primera Constitución de Bolivia, se nombró presidente vitalicio. ¿Dónde habrá estado la democracia?

Este óvulo se ha juntado continuamente con el esperma que ha surgido de esa clase política de intereses voraces, de actitud infiel y de proceder holgazán, para fecundar el caudillo perenne de nuestra historia política. ¿Qué ecuatoriano está conforme con la labor del Parlamento? ¿Cómo estarlo? Así, la mala práctica de los dirigentes políticos ha alimentado el repudio a la democracia y la fe popular en el redentor.

Por el legado de la independencia y la incapacidad de promover políticos responsables, los ecuatorianos hemos vivido en esa rueda de hámster que resulta la sustitución de un monarca con otro. Justamente para legitimar estos procesos totalitarios, los caudillos han recurrido al perpetuo cambio de Constitución.

Correa pregona un cambio de época. Nada más falso que aquello. Este Gobierno es tan bolivariano -en el estricto sentido de la palabra- como la gran mayoría que lo ha precedido, tan tradicional como el pasillo.

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