Armando de la Torre

Publicado Originalmente en Diario Expreso

Lo conocí hace 25 años (1983), cuando, invitado yo por Manuel Ayau,
rector de la Universidad Francisco Marroquín participé, como expositor,
en un evento académico. Armando de la Torre, (n. Nueva York 1926, de
padres cubanos) impresiona y cautiva por su talento y transparencia en
la cátedra. Estudió en Francia. En Estados Unidos enseñó Sociología y
Filosofía. Doctor en Filosofía y Letras de la Universidad de Múnich.

Es “toda una geografía del saber, una memoria sin fondo y la biblioteca
infinita de Borges. Es “el sabio en pleamar y en la playa de su
madurez”. “Por su vasta cultura podría ser un maestro de la
Escolástica, del Renacimiento y de la Ilustración. Quisiera estar cerca
de él todo el día para aprender algo nuevo” dijo Francisco Pérez de
Antón, en el prólogo de su libro “Cien obras en mil años”.

También es autor de “La agonía del éxito”, “Por qué surgen y cómo se
curan las crisis económicas”, “La Ética del Lucro”. Experto en estudios
económicos del Derecho y en análisis económico de las opciones públicas
(Public Choice). Editorialista. Erudito en Lope de Vega, Tirso de
Molina, Calderón de la Barca, Cervantes, Víctor Hugo, Shakespeare.

“No estoy totalmente de acuerdo con ningún libro. Ni siquiera con la
Biblia”. A los 6 años, dice, leyó Pinocho… que lo hizo llorar “Yo
mojaba las páginas cuando la princesa de los cabellos de oro se moría”.

Fue Prefecto de Estudios del seminario Pío Latinoamericano en Roma.
Jesuita por convicción, dejó de serlo también por convicción. “La razón
humana no puede abarcar a Dios, el hombre es un ser finito y Dios es
infinito”. “Dios está con los pobres (pero también está con los ricos).
Eso es teología de la liberación del siglo XX. Sencillamente, Dios está
con el hombre”, afirma Armando.

Jurista, enciclopédico, políglota, sabio en Historia, Ciencias
Políticas, Economía, Literatura, lenguas clásicas y Teología, es
Director de la Escuela Superior de Ciencias Sociales (pos-grado), de la
Universidad Francisco Marroquín. Doctor Honoris Causa en Filosofía y
“Premio Robert Nozick”, por su excelencia académica. Fue director de
Investigación Científica de la Universidad Rafael Landívar, en
Guatemala.

“Le temo a los mediocres con poder, a los que hay que acabar”. “Me
frustran la falta de competitividad y los hombres sin carácter. La
tenacidad es lo primero que se debe aprender en las escuelas. Prefiero
un analfabeta con carácter, que un licenciado universitario sin
carácter”. “En un sistema de justicia se eliminan los privilegios,
incluyendo los de los empresarios”. “Recordemos: o todos hijos o todos
entenados”, enfatiza.

Armando es honesto, solidario, íntegro, afectuoso. Su charla sencilla
trasluce un discurso moral. “El mejor gobierno es el más cercano al
pueblo. De ahí la importancia de los gobiernos municipales. Estoy de
acuerdo con la globalización de la educación, de la técnica, del
conocimiento, pero en absoluto desacuerdo con la globalización del
poder. Estoy en contra del dominio de los países grandes sobre los
pequeños”. “La gente que sale en busca de oportunidades es valiosa. El
país que pierde emigrantes pierde activos, pierde talentos porque,
aunque sean analfabetas, es gente de empuje, gente que trabaja”,
afirma.

Orador elocuente, fascinante, profundo, didáctico, aclamado en foros
académicos. Es mi privilegio ser su amigo personal y el honor de haber
sido invitado a hospedarme, por varias ocasiones, en su hermosa
residencia de la zona 14 en Guatemala. Su talentosa, gentil y bella
esposa Martha Buonafina y sus hijos Virginia e Ignacio, son el refugio
de paz de este aguerrido luchador por la libertad.

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