El día sin ruido

Por Rómulo López Sabando

Publicado originalmente en El Expreso de Guayaquil y El Independant

Ignacio Carvallo, el 24 de mayo, en El Universo, trajo a mi memoria gratos recuerdos. Dijo que “A Guayaquil llegan supuestas iniciativas que por acá, desde hace 42 años, son realidad. Y lucen hechos irrefutables. Buen humor causa la noticia quiteña referente a colegiales que piden al Gobierno establezca una fecha para el Día sin Ruido. ¡Si en Guayaquil, la “Fundación contra el Ruido y el mensaje inmortal del maestro doctor Fernando López Lara determinan que cada 6 de agosto sea el Día contra el Ruido!

Es fecha histórica. “Desfiles de colegiales, universitarios, clubes de la Unesco y líderes sindicales, médicos, que desde Guayaquil han tocado la conciencia nacional cada 6 de agosto. Testigos, los locales estudiantiles, el Colegio y la Federación de Médicos, hasta con certámenes de ilustraciones. Conseguimos se entienda el daño de la contaminación auditiva (sordera) que padecemos”, afirma Carvallo.

Fernando López Lara, mi tío querido, (1904-1999), hermano de mi amado padre Pío, fue un médico eminente. Científico mundial. Pionero en el hallazgo, en el Ecuador, del Ácaro Asmógen Dematohagoides teronnyssinus, inmerso en el polvo doméstico de las habitaciones, causante de alergias rinofaringeas, asmas, gripes y afecciones del tracto respiratorio.

Aprendí mucho de él. Tanto que hace 20 años, cuando yo vivía con mi familia en Hong Kong recordé los sabios consejos del tío Fernando y releí su trabajo científico sobre los ácaros, que se impregnan en las vías respiratorias causando ahogos y asma.

Nicolás, el quinto de mis hijos, quien desde muy pequeño padecía asma, tomaba 17 remedios orales y tenía al pie un tanque de oxígeno. Con simple lógica.

Si el ácaro va en el polvo doméstico, me dije, hay que evitar respirar aire contaminado con polvo. Como los remedios orales agotan su eficacia y se vuelven inocuos a la afección y perjudiciales a la salud, aunque mi decisión causó alarma familiar, los boté por el inodoro, suspendí el tanque de oxígeno y le enseñé a mi hijo (de 7 años) que se ponga en las fosas nasales vaselina simple, 5 veces al día.

Milagro. Respiró mejor. Nunca más ha usado tanque de oxígeno ni toma remedios para el asma. Cuando le conté al doctor López Lara mi “travesura científica”, se soltó una carcajada y me felicitó. Por supuesto que él siguió monitoreando al niño en su alimentación causante de las reacciones alérgicas. Mi hijo es, ahora, todo un señor, con excelente salud.

Fui “su abogado”, (a los 18 años) desde que inicié estudios de Derecho. Confió siempre en mi criterio. En su casa de Chile y Manabí yo le hice los Estatutos de lo que él fundó y bautizó como Impal (Instituto Médico Pedagógico para la Audición y Lenguaje), que después se trasladó a Durán. En Ecuador no existían “terapistas del lenguaje”. Envió a estudiar a México a Aura Celeste Cornejo Cousin, hija de su amigo Justino Cornejo. Fue la primera en Ecuador.

Y cuando ejercí la presidencia de la Cámara de Industrias de Guayaquil, (1978/85) los sábados y domingos yo abría los salones institucionales para, discretamente, acoger a niños y adultos sordos, mudos y sordomudos quienes recibían, gratuitamente, clases del doctor López Lara y de expertos internacionales que él traía. Aprendieron a hablar y a comunicarse. Fui padrino de algunas bodas, entre sordomudos, celebradas en la Cámara.

Por su bondad, dejaron de ser mal vistos. Fue presidente fundador de la Asociación Ecuatoriana de Alergología y Ciencias Afines y de la Sociedad Ecuatoriana de Otorrinolaringología y Broncoesofagología, (Guayas). Pionero de la Otorrinolaringología y de la Lucha contra el Ruido en el Ecuador. Vale reeditar su libro (1996) “El Ruido y la Salud”.

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