Agroenergía

Por Rómulo López Sabando

Publicado originalmente en diario Expreso.

Carlos Pareja Yannuzzelli, presidente de Petroecuador, admite que su empresa ha fracasado en cuidar los activos petroleros. Ha perdido, en cinco meses, 40 millones de dólares por el robo de cables metálicos y cortes en las tuberías. Ex trabajadores y trabajadores de Petroecuador, “Bandas de delincuentes, roban todo lo que pueden”, dijo. Y para evitar más robos a la producción contratará a las FF.AA., y “militarizar todas las instalaciones petroleras”.

Que la refinería estatal de Esmeraldas, está “en su peor momento”. Que necesita rehabilitación y mantenimiento urgentes. Que contratará a empresas transnacionales pues en el concurso para su rehabilitación no hubo ofertas. Que no se puede cerrar la refinería, porque: “Estamos en un punto muy complicado con la paralización de dos de las 14 unidades que integran esa infraestructura”.

Que la empresa estatal, afectada diariamente, “no solo es un tema de Petroecuador, es un tema de Estado. Que un corte de una tubería, el jueves en Lago Agrio, 180 kilómetros al noreste de Quito, causó un derrame con reducción de 3.500 barriles de petróleo en la producción”.

Pero pese a tan evidente incompetencia, Petroecuador, contradice al estudio “Oportunidades y Riesgos de la Bioenergía,” del Fondo de NN.UU., para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y la Cepal, que determina: “Los altos precios del petróleo y menores costos de producción en Latinoamérica facilitarán el impulso de esta industria de “agroenergía” limpia. “El mercado de bioenergía aumentará la productividad y crecimiento de la agricultura. En el mundo, carecen de electricidad 1.600 millones de personas y 2.500 millones dependen de leña, carbón vegetal y excrementos de animales para cocinar y mantenerse abrigados”.

Los costos de producción de “biocombustibles” en Brasil son la mitad que en la Unión Europea y un tercio menor que en Estados Unidos. En Latinoamérica y el Caribe la utilización de tierras subiría de 150 millones a 244 millones de hectáreas en beneficio de millones de pequeños productores rurales pobres, sin comprometer sus bosques, ni la seguridad alimentaria de la región.

En Brasil, de 340 millones de hectáreas arables 60 millones son cultivadas, 80 millones disponibles para uso agrícola y ganadero y 200 millones son utilizables como pasturas o cultivos energéticos. Un  gran desafío para superar la pobreza rural.

La producción mundial de “biocombustibles líquidos (etanol y biodiésel)” responde al 1% de la demanda mundial para transporte terrestre. Utiliza el 1% de la superficie arable mundial (14 millones de hectáreas) que podría crecer hasta un 3,8% de la demanda mundial de transportes para el 2030, sin afectar el recurso forestal ni la seguridad alimentaria mundial, utilizando tierras disponibles y tecnologías de bioenergía de segunda generación (madera, residuos forestales, pastos). La competencia por la tierra y otros recursos agrícolas podría reducirse pues abastecería el 25% de la demanda mundial”.

La percepción de que la tierra arable está copada o sin margen para nuevos cultivos es errada. En Latinoamérica y el Caribe subiría de 150 millones a 244 millones de hectáreas. Parte de esta tierra disponible se utilizaría para reducir la pobreza con cultivos energéticos en bien de millones de pequeños productores rurales”.

Pero como no consigue una compensación de 350 millones para no explotar los campos ITT (Ishpingo-Tampococha-Tiputini) y preservar el medio ambiente, entregó al Directorio las bases de la licitación internacional para sacar más petróleo. Que todo el ITT tiene 190.000 hectáreas y solo necesita 100 hectáreas, no 100.000. Que le parece “indolente decir no al ITT”, “si hay más de 20.000 millones de dólares en la superficie”, dijo Pareja.

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