Necesitamos libertad, pero en su sentido clásico

El Ecuador sin duda alguna es uno de los países más estatizados de la región.  Lo que no es posesión del Estado, tiene participación "mixta", altos impuestos, regulaciones asfixiantes o simplemente ocurre a espaldas de sus instituciones.  Si vamos a caminar hacia un sistema de libertades (políticas y económicas, pues son inseparables) hay que clarificar qué significa libertad, y qué no significa libertad.

Hay una deformación -mal llamada "liberalismo", por ser una mediatinta- de raices en la Revolución Francesa, que llegó al Ecuador planteando una muy sana idea y varias otras malsanas: La primera se resume en la necesaria y deseable separación entre Estado y Religión (Iglesia). Es por eso que el "liberalismo" ecuatoriano si bien consagró ciertas libertades civiles, se caracterizó más por ser un movimiento -innecesariamente- anticlerical y secularista.  Las segundas ideas que plasmó en nuestra vida nacional son precisamente lo contrario pues no son la separación, si no el matrimonio ilegítimo y destructivo entre Estado y Economía.  Es decir que nuestros "liberales" eran estatistas anticlericales, consagrados a ciertas libertades civiles como el derecho al divorcio, la libre asamblea y la libertad de expresión, que si bien son básicas, debían sostenerse en el aire, pues en la práctica la libertad requiere de propiedad.  Es decir, se puede poner una y mil veces -y auditarse por los proselitos de los "derechos humanos"- en la ley que exista libertad de expresión en la via pública.  Pero en la práctica, la via es eso, pública (propiedad de algún gobierno) y tendrá severas restricciones.  La libertad real ocurre cuando utilizo mi imprenta, mi emisora de radio, mi canal de TV o cualquier forma de medio electrónico que yo posea por propiedad, arrendamiento o préstamo, y pueda usar sin que la política (el gobierno) tenga nada que decir al respecto.  Igualmente con los contenidos de la cultura, y evidentemente en la educación básica y superior como vehículo de conocimiento y no de propaganda de ideas convenientes para el establishment político.

En resumen y para ser igualmente propositivo: un sistema de libertades civiles que no se base en un sistema de propiedad privada ampliamente dinámico y accesible a la población (capitalismo popular) con leyes protectoras y no "regulaciones", da sustento en la práctica a esas libertades y a las productivas.  No importa cuántas veces me pare yo en la plaza a ventilar mis ideas: eso no crea riqueza, empleos ni productos para la sociedad en que vivo.  Puedo esperar seguir siendo pobre.  De esa manera (independencia frente al poder), la libertad productiva alimenta la libertad política (expresión, asamblea, contrato) y viceversa.  Sólo en un sistema de amplia y fragmentada propiedad privada se garantizan esas libertades.  Si se tratan de garantizar en el terreno público, sólo tenemos una tragedia de la propiedad común, con reglas más o menos bienintencionadas que por más que se perfeccionen, son un castillo construido sobre arenas movedizas (se mueven cada cuatro años o menos).

Necesitamos un sistema de propiedad, y esa es la base del sistema de libertades que buscamos.  No pueden garantizarse éstas (vease la historia humana, en especial el fatídico s.XX) sobre la anomia estatal.

Un comentario sobre "Necesitamos libertad, pero en su sentido clásico"

  1. Estoy de acuerdo contigo. Haciendo tambien de abogado del diablo los que piensan como tu o como yo a veces nos olvidamos también de la ética. Muchos promovieron las reformas de los 90’s a medias, entregando monopolios en vez de abrir mercados, se guardaron el vuelto en las privatizaciones, y encima de todo algunos se convirtieron en los mismos dueños pese a que eso implicaba un gran conflicto de intereses. Es decir de nuestro lado tambien lo que se necesita es ética a la hora de hacer las reformas. Por eso es que el ciudadano común nunca vio los beneficios de las reformas si se hubieran hecho los cambio grandes y se lo hubiera hecho de manera transparente. En resumidas cuentas libertad para todo no solo para los derechos cíviles, libertad para tener propiedad e intercambiar y ética a la hora de reformar el estado paternalista en el que vivimos.

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