Cuando se habla de conceptos de ética y moral (en un sentido racional, no ligada
a la fe), mucha gente suele insistir en que éstos son asuntos centrados en la
actuación individual de cada uno, y que las organizaciones e instituciones nada
tienen que ver con la justicia porque son, básicamente, amorales.
Un
breve ejercicio de imaginación puede sacarnos de ese peligroso error. Supongamos
que ud. vive en la Alemania Nazi en 1940, y es parte del ejército. El comandante
de su batallón le ordena identificar a los miembros de cierta raza en particular
en su ciudad. Luego ya clasificados serán llevados por otros a un tren con
destino desconocido. Usted ha oído rumores de que luego de embarcados estos
prisioneros desaparecen para siempre y sus familias no vuelven a saber más de
ellos.
En este punto, ud. se plantea la siguiente inquietud: “¿Estoy
desapareciendo a esa gente, o solamente estoy haciendo mi parte la cual no es
intrínsecamente mala?”. La respuesta tiene muchas sutilezas, pero su raíz es muy
clara: no es lo mismo clasificar gente para una reunión social, que para un
gobierno totalitario. Ud. puede y debe tomar conciencia de la cadena de acciones
y la institución de la que forma parte. No es lo mismo capturar criminales -un
policía-, que capturar inocentes –un secuestrador. La técnica en particular
puede ser parecida, pero la intención y el resultado son lógicamente, distintos.
Sin embargo sobre los nazis y los secuestradores hay un amplio consenso,
por ser casi evidentes. Lo que se ha vuelto borroso tras varias generaciones de
propaganda exitosa, ha sido la forma en que otras formas de gobierno pueden ser
igualmente injustas y destructivas. Supongamos que usted quiere el nivel de vida
que su vecino se ha dado a sí mismo a través de años de trabajo industrial, pero
tener que sin esforzarse tanto y en menos tiempo que él. Una forma muy sencilla
sería crearse un puesto en el gobierno con un cargo muy importante, y hacerse
pagar un muy buen salario. La cuenta por supuesto la pagará el vecino rico, vía
impuestos. También la pagarán otros habitantes del territorio, pues ese dinero
del vecino iba a expandir su fábrica y generar nuevos empleos. Entonces existe
un daño moral y económico a la comunidad, pero ud. salió beneficiado mientras
que el industrial piensa que “paga su justa cuota a la sociedad” y los vecinos
jamás sabrán que les hubieran generado empleos mejores a los que tienen.
Sencillamente son temas éticos y económicos “invisibles”, que sólo un poco de
rigor analítico pueden mostrarnos. Pero ese rigor es precisamente lo que se ha
perdido gracias a la propaganda gubernamental del siglo XX: “Ud. se debe a los
demás y los impuestos son la forma de demostrarlo”, “Hay que devolver lo que
hemos tomado de la sociedad”, “El gobierno sabe lo que es mejor para todos”. Son
tres o cuatro generaciones de crear cargos de conciencia en los productores y
creadores y de crear dependencia en todos los demás. Es hora de decir la verdad:
las formas más sutiles de saqueo siguen siendo saqueo, de la misma manera en que
las formas más sutiles de colaborar con un régimen totalitario siguen siendo
algo inmoral. El grado es un tema secundario, el principio sigue ahí y nada va a
cambiarlo.
La razón de que un amante de la libertad sea considerado
radical, es que éste no quiere que en la sociedad existan mecanismos para que alguien sea un verdugo
o saqueador de los demás sin siquiera saberlo. “Sólo cumplía órdenes” es la
excusa más antigua del mundo, y “No tuve más remedio” es la segunda. Es evidente
y tradicional que quienes tienen una posición superior de mando tengan
responsabilidad intelectual y total sobre hechos así. Pero las acciones
masivamente destructivas necesitan de muchos brazos y cabezas con responsabilidad parcial.
Si
desmantelamos las instituciones que hacen el “bien” a unos a costa de otros, y
privilegiamos exclusivamente las relaciones consensuales, la ética se vuelve un
asunto transparente y la sociedad resultante es otra.
Sobre la situación política del Ecuador, comparto una iniciativa para incluir preguntas de bloggers en una entrevista que
este miércoles como Corresponsal del Periódico Tiempos del Mundo, tendré la posibilidad de hacer a León Febres Cordero con motivo de la crisis jurídica de Ecuador y la bronca con Lucio Gutiérrez.
León ha contratado nada menos que un avión charteado para llevar solo a la prensa extranjera a Guayaquil para dar a conocer algún comunicado importante. TIEMPOS DEL MUNDO, para quien trabajo, hará sus preguntas y motivo a recibi preguntas a través del blog http://internetenecuador.blogspot.com/
Pienso que esta “modalidad” sería interesante para dar la voz a quienes casi solo pueden ver “los toros de lejos” pero que a través de blogs podríamos patentar una nueva forma de encarar a los políticos.
Interesante análisis. Lo más preocupante de todo es que la falta de ética, contrario a lo que algunos pensábamos, no es posesión única del sector público. Con los últimos casos mundiales y locales que son los que más preocupan, la confianza en las instituciones sigue perdiendo peso. Que triste es encontrarse con pensamientos poco éticos que se han vuelto normales en el mundo empresarial. ¿O no nos acordamos por qué cayeron todos los bancos en su momento? ¿Aprenderían la lección? Realmente lo dudo. Lo peor de todo es que seguimos todos los ecuatorianos pagando por esto ya que el país no termina de despegar por estar en manos de corruptos.