Recientemente algunos medios de comunicación han servido de palestra para una riña pública al más puro estilo de la politiquería ecuatoriana. En un bando se encuentran representantes de la vieja guardia política guayaquileña y en el otro un empresario quiteño que ha construido un imperio alrededor del negocio bancario. El trofeo para el ganador de esta riña será la subsistencia o la caída de un banco que representa el 27% del sistema financiero nacional. En el medio está el Ecuador y, aunque se pudiera percibir de otra forma, esta disputa va más allá del regionalismo, rompe una vez más la barrera de la irresponsabilidad, y amenaza con coartar los intereses nacionales.