Para mis amigos todo para mis enemigos la Ley

Enrique Ghersi de Perú recuerda la frase lapidaria de un dictadorzuelo peruano, Oscar R. Benavides.  "Para mis amigos todo, para mis enemigos la ley, ".  En el socialismo y en América Latina la ley y más específicamente la constitución son instrumentos que le dan el poder al gobernante de turno, no tienen como objetivo proteger al individuo y sus derechos. 
Por eso cada gobernante nuevo quiere su constitución a la medida y se da incluso el caso de que los dictadores muchas veces se hacen la camisa a su medida varias veces segun van aumentando su autoritarismo (se engordan políticamente).  Ahi está la razón del apuro de Chavez en sus planes de usar las dichosas asambleas para obtener plenos poderes desde el primer mandato y ahora en su tercer mandato y por supuesto no podía quedar atrás nuestro bien-amado (asi de histérico se vuelven los regímenes dictatoriales que exigen obediencia hasta en el lenguaje) Don Rafael. 
La lógica es que como la asamblea es democrática entonces la asamblea es justa.  Es decir la democracia roussoniana en su máxima expresión, cualquier cosa es válida si es democrática.  Los gringos dicen "Anything goes".  Si esto es democracia entonces no soy democrata.  Me importa un bledo serlo si la democracia se usa para justificar las peores atrocidades.   
La ley o la constitución por más imperfecta que sea hay que tratar de respetarla a menos que la misma esté en contra de los principios de la ley justa o natural.  No se defiende el estado de legalidad si no el estado de derecho, lo poco que tenemos. Lamentablemente la constitución o la ley en nuestro países es un papel mojado (como dice el amigo Dahlsson en un post escrito para un grupo de discusión) y además se cree que irrespetándola (la constitución),  sin motivo aparente, soluciona las cosas.  Que siga la fiesta (el merengue acelerao que estamos bailando) y mientras tanto el país se hunde en la vorágine, eso es el socialismo del Siglo XXI.

El Independent: Esclavitud constitucional

Link: El Independent: Esclavitud constitucional.

Por Rómulo López Sabando

Insolente, intemperante, abusivo, arrogante, grosero y prepotente. Se creía providencial. Montó una Asamblea Constituyente. Pretendía que su presidencia durase ocho años, más otra reelección. Que el Congreso se reuniera cada cuatro años, los senadores duraran 12 y los diputados ocho. Fue reelegido. Su gobierno (e impuestos) fueron calificados de “funesto, oneroso y terrible”. Su Constitución es conocida como la “Carta de la esclavitud”.

Hoy 6 de marzo se recuerdan 162 años (1845) de la revolución marcista (no marxista) que derogó la “Carta de la esclavitud” impuesta el 15 de enero de 1843 por el venezolano Juan José Flores (1801-1864) con treinta y seis asambleístas. (Treinta y dos empleados del Estado y diez militares extranjeros). Los abusos de dineros, atropellos de militares extranjeros, su sospechosa participación en el asesinato de Antonio José de Sucre Alcalá (1795-1830) y fracasada negociación limítrofe con Perú, desencadenaron la revolución.

Los “notables” (las fuerzas vivas) de Guayaquil, liderados por José Joaquín de Olmedo Maruri (1780-1847), Vicente Ramón Roca Rodríguez (1792-1858), Diego Noboa Arteta (1789-1870), Vicente Rocafuerte Bejarano (1783 1847), Gabriel García Moreno (1821-1875), el sacerdote cuencano (Fray) Vicente Solano Vargas-Machuca (1791-1865), los militares Antonio Elizalde y Fernando Ayarza, y miles más, combatieron al caribeño-venezolano y su “Carta de la esclavitud”. Rocafuerte calificó a los asambleístas de “jenízaros”, (hijos de madres extranjeras con soldados del emperador turco). “Derrocando al pérfido tirano, volverán vuestros usurpados derechos…”. Y Olmedo, el líder, dijo “Los hombres hábiles ambicionan convencer. Los mediocres o sin talento no aspiran sino a mandar”.

Los “notables” (las fuerzas vivas) de Quito, (intelectuales, filósofos, antiguos patriotas del 10 de Agosto de 1809 y del 2 de Agosto de 1810, librepensadores y anticlericales), que postulaban “la mayor felicidad posible para el mayor número de personas”, formaron (en 1833) contra Flores, la “Sociedad El Quiteño Libre” con un periódico del mismo nombre. Su ídolo, Vicente Rocafuerte, fue desterrado. Los otros fueron asesinados.

El accionar cívico y político de los “notables” (las fuerzas vivas) de Guayaquil, Quito y Cuenca respaldados por las revueltas populares en Costa y Sierra y el manifiesto militar nacionalista, hicieron la revolución marcista, derrocaron al venezolano e instalaron en Cuenca el 6 de marzo de 1845, un gobierno provisional con Chimborazo, Pichincha, Imbabura, Carchi, Manabí.

Guayaquil inició la lucha por la “autonomía” para consolidar la nacionalidad, deteriorada por el centralismo y contra 15 años de abusos y atropellos del venezolano. Ecuador fue un nombre escogido de la línea imaginaria que divide al planeta. Irreal, postizo, engañoso, obra del venezolano-caribeño, que impidió fuéramos República de Guayaquil o República de Quito. Pero esto, ya es historia. Vivimos una realidad que debemos adecuarla al siglo XXI. Ecuador nos identifica y cobija a nuestra patria. Hay que robustecerlo.

Todas las Constituciones endiosan al Estado centralista, feudal y provinciano que origina la pobreza, concentra la riqueza y corrompe la justicia. El centralismo destruyó la “revolución marcista” (la segunda independencia) que nos liberó de los venezolanos. Y lo que vino después, como se dijo de la “primera” independencia, fue, “último día del despotismo y primero de lo mismo”. Y en la coyuntura política actual ocurre “más de lo mismo”.

Si queremos salir del marasmo, inmovilidad, desgano, miseria y emigración, que nos tiene exhaustos, en la próxima Asamblea debemos archivar el centralismo (el Estado nacional) que aún rige en pleno siglo XXI. El bienestar, riqueza, posibilidades de satisfacer necesidades básicas, son viables por la cantidad y calidad de inversión competitiva en trabajo productivo. Según The Wall Street Journal, Ecuador, ocupa la posición de pobreza 108 entre 157 países.

Debemos ir al “estado de Derecho”, bajo un esquema federal, con plenitud de las autonomías y reconocimiento dinámico de las nacionalidades, etnias y diversidades indígenas y autóctonas de la Costa, Sierra y Oriente, unidos a los que nacimos y hacemos vida en nuestro territorio, que sentimos que es nuestra patria. El hambre, la desnutrición, la pobreza, los niños que trabajan, el analfabetismo y la falta de acceso al agua son temas prioritarios que se solucionarían con las autonomías y el Estado federal.

Publicado originalmente en El Expreso de Guayaquil

El sueño americano

Por Rómulo López Sabando

El Expreso de Guayaquil

¿Por qué los pobres y los no pobres del mundo huyen de su patria, se autoexilian, emigran en busca del “sueño americano”? Tienen hambre.

Buscan comida, trabajo y “oportunidades” para mejorar su vida. Equipados sólo con su inteligencia, ingenio, inventiva y ansias de competir y triunfar. No les importa morir en el intento. Con visa o sin visa. A cualquier precio y sin medir el costo. Ilegales. “Mojados”. O en manos de coyotes.

Si Martí y Bolívar son nuestros maestros y con Estados Unidos somos culturas e idioma diferentes ¿Por qué emigran a Estados Unidos, y no a Cuba o Venezuela, si hasta avión gratis tendrían? ¿Depositarían sus ahorros (remesas) en el Banco de Cuba o en el Banco Estatal de Venezuela? Cervantes explica la emigración: “Por la libertad, así como por la honra, se puede aventurar la vida”.

Es que en Latinoamérica nos educan para que todo nos lo regale el Estado. Pero trabajo, incentivos y oportunidades no existen. En cambio, en Estados Unidos, es lo contrario. Allá nada se regala. “No hay almuerzo gratis”. Los “derechos inalienables” no son demandas sobre la producción o energía de otro. Son derechos “negativos” “¡Quítenme las manos de encima!”. No se exige, de terceros, favor especial, sino la abstención de la coerción sobre “mis” ideas y acciones. Todos y, principalmente, el Gobierno, deben respetar la “libertad” de “cada individuo” y la “inviolabilidad de sus derechos fundamentales: vida y propiedad”.

Sus antepasados implantaron valores diferentes: “individualismo”, “autodisciplina” y “trabajo”. La “Declaración de Independencia” dice: todo humano tiene “derecho a la vida, a la libertad y a la búsqueda de la felicidad”.

Allá, cuando pueden, se ayudan unos a otros. Pero, cada uno debe hacer el esfuerzo de mantenerse asimismo sin depender de privilegios o “derechos especiales”. De esto deriva la ayuda recíproca voluntaria y fuerte sentido de respeto al derecho ajeno. Pero nosotros, bajo los influjos y efluvios románticos de la revolución francesa y de la prédica socialista sentamos que la “igualdad” y la “fraternidad” son prioritarias. Tanto, que subordinamos la “libertad individual” a la “solidaridad social”.

Desde el siglo XIX la energía productiva individual redujo las tasas de mortalidad y crecimiento de la población. Se disminuyó a la mitad la jornada de trabajo y multiplicó el valor y pago por el trabajo. Se elevó el nivel de vida, para sepultar al régimen comunitario y feudal. Con mínimas regulaciones, controles y restricciones gubernamentales, crecieron ciencia, tecnología, industria, agricultura y comercio. Estados Unidos, creó un ambiente de libertad, progreso, riqueza y confort, sin precedentes, que sustenta el “sueño americano”.

En Estados Unidos los “derechos” son propios e inalienables, por “nacimiento”. (“de nación” dice nuestro pueblo). No son concesión del Estado. Es el concepto del “derecho natural”, que es la base del sistema que representa libertad, individualismo, propiedad privada y el derecho a la búsqueda de la felicidad.

Aunque, algunos políticos de Estados Unidos violaron sus propias raíces constitucionales e impusieron excepciones para proteger a “mercantilistas”, ávidos de privilegios y mercados cautivos, perjudicando los derechos individuales e imponer, en el mundo, “sus intereses” contra los “derechos” de otros. El dilema entonces es entre libertad ciudadana y poder estatal. Todos debemos “responder” por el uso de esa libertad. Es decir, no hay libertad sin responsabilidad individual.

La libertad es el principio y el fin del ser humano. Es el único animal que, controlando sus instintos naturales, razona. Por su capacidad para pensar, realiza abstracciones, convierte sus instintos en “valores” y estos en “derechos”, para obtener la convivencia civilizada. Su mayor virtud y privilegio es su libertad. “La libertad no es un medio para un fin político superior. Es, en sí misma, el fin político máximo” (Lord Acton 1834-1902).

En cambio, en Latinoamérica es el Poder y generosidad del “papá” (o padrastro) Estado que, dadivosamente, nos “reconoce” la “libertad” y concesiona la “propiedad”. Los derechos fundamentales no son un derecho “propio” sino una concesión “gratuita” del Estado que, si el Gobierno no los registra, previo pago, no nos pertenecen. Es el “derecho positivo”, al arbitrio subjetivo de transitorios legisladores.

No pasa nada, no pasa nada

Me ha llegado el plan de Alianza pais o del Movimiento Gente común que es uno de los grupos parte del Correato.

Entre otras cosas:

-Se elimina la posibilidad de autonomías

-La definición del Estado, el gobierno deja de ser alternativo para dar paso a la reelección indefinida, que al final de cuentas creo que es el objetivo.

-Los malls como herramienta del capitalismo; será que convertirán el Mall del Sol y Mall el Jardín en Quito en los salones de las dichosas asambleas populares?

Luego me encuentro con un artículo de Cesar Montufar que me lo manda un amigo para justificar su argumento de que en Ecuador no pasa nada.  En el artículo Montufar pide tranquilidad, paz y objetividad para juzgar el Correato y las razones porque el cree que en Ecuador no se puede replicar lo de Venezuela.

Con respecto a la visión equilibrada de Chávez hay que recordar que el canciller Neville Chamberlain de Inglaterra hablaba del apeasement (entendimiento, apaciaguamiento) con los Nazis como uno de los más grandes logros de su gobierno en 1937.

De acuerdo a lo que dice la Wikipedia:

Neville Chamberlain is perhaps the most ill-regarded British Prime Minister of the 20th century in the popular mind internationally, because of his policy of appeasement towards Nazi Germany regarding the abandonment of Czechoslovakia to Hitler at Munich in 1938.

No pasa nada, no pasa nada, decía Chamberlain, y bueno cuando se dieron cuenta Alemania se quería comer Europa. En este caso tenemos no solamente tenemos a alguien que dice no pasa nada, sino que pretende emular lo que hace el comandante Chávez.  ¿Habrá como mantener la tranquilidad, la objetividad con tantos signos en contra?  Si tanta objetividad quieren porque insiste Don Rafael Correa en alterar los ánimos y sus lacayos (palabrita que le encanta a él y a Chavez) insisten en pintarnos una asamblea que pretende embarcarnos en el proyecto Bolivariano?

Ya que vamos como Ovejas al matadero…

A continuación reproduzco el siguiente artículo de mi padre que salió originalmente en el Diario Expreso y reproducido en el El Independant.

Autonomía constitucional

Por Rómulo López Sabando
El Expreso de Guayaquil

“¿Hasta cuándo no entenderemos que sólo sin reglamentos, sin trabas, sin privilegios particulares, pueden prosperar la industria, la agricultura y todo lo que es comercial, abandonando todo el cuidado de su fomento al interés de los propietarios?” Este es un párrafo del discurso que, sobre la “abolición de las mitas” (sistema de explotación colonial), disertó en las Cortes de Cádiz, el Padre de la Patria, doctor José Joaquín de Olmedo y Maruri).

Y en su Art. 3 de la Constitución de la Provincia Libre de Guayaquil, dice “El comercio será libre, por mar y tierra, con todos los pueblos que no se opongan a la forma libre de nuestro gobierno”. (11 de noviembre/ 1820). Los conceptos citados se resumen en una sola palabra “Autonomía”. Extraje estos pensamientos de un web-blog de Internet denominado “www.cambiemosecuador.com”.

El centralismo feudal, que rige más de 500 años, incumple la obligación constitucional (Art. 225) de “impulsar mediante la descentralización y la desconcentración, el desarrollo armónico del país, el fortalecimiento de la participación ciudadana y de las entidades seccionales, la distribución de los ingresos públicos y de la riqueza”. La burocracia central no “transfiere progresivamente funciones, atribuciones, competencias, responsabilidades y recursos a las entidades seccionales autónomas o a otras de carácter regional”. El centralismo no “desconcentra su gestión delegando atribuciones a los funcionarios del régimen seccional dependiente”. Ignoran y violan los artículos 228, 141 numeral 5 y 238 de la Constitución. Y atropellan el Art. 74 cuando retardan las transferencias de sus rentas a las universidades. Falta una Ley Orgánica para el ejercicio de las autonomías. Las autonomías “universitaria” y “municipal” no funcionan, eficientemente, por culpa del yugo colonial del centralismo feudal. Sus rentas dependen de caprichos burocráticos que detentan la “Cuenta Única del Tesoro nacional”, del Gobierno central.

El manejo de los intereses ciudadanos no lo hacen los “vecinos”, como debe ser, sino, a distancia, el Gobierno central. La corrupción es su lógica consecuencia. El término autonomía, derivado del latín y el griego, significa, “potestad que, dentro de un Estado, tienen municipios, provincias regiones u otras entidades (naciones) para regirse mediante normas y órganos de gobierno propio y que de nadie dependen.

Etimológicamente significa “norma de uno mismo”. O sea la capacidad de tomar decisiones sin ayuda de otro. También significa “Potestad de ciertos entes territoriales para regirse por órganos y normas propias, en el marco de un Estado mayor. Los Estados federales garantizan la autonomía de sus miembros”.

El país requiere de autonomías para brindar servicios, que atiendan las necesidades económicas, culturales y sociales. La autonomía es desconcentración económica y descentralización político-administrativa. Y así votó la gente, en aplastante plebiscito.

Querer ser independiente no es delito, es un derecho, una opción individual que podría ser colectiva. Es la autonomía suprema. El soporte filosófico de este ancestral y exitoso esquema de vida refleja la naturaleza del ser humano, esto es, su libertad responsable. El concepto del “Estado unitario” (libertad en papeles, esclavitud real), impuesto verticalmente por el centralismo, es peligroso germen de la secesión.

El “distrito” divide un territorio o una población, administrativa o jurídicamente para la distribución adecuada de los servicios y ordenar el ejercicio de su gobierno. La idea es re-crear la República, con un Estado eficiente y dinámico. Autonómico. No dependiente del Gobierno central. La autonomía garantiza y robustece la unidad nacional y estimula la solidaridad. A ella se someterían los pueblos que lo deseen. Y, los que no lo deseen, pues, seguirían dependiendo del régimen central. Geográficamente, el “distrito” será la célula de la integración y unidad de la patria.

Ante el avance indetenible de la autonomía, por el fracaso del centralismo feudal del Estado, los usufructuarios del Estado total, arguyen que sólo debería hacerse la transferencia de “algunas competencias” y mantener el totalitarismo del Estado central.

Recuperar la patria significa instaurar, por fin, la “autonomía” que fortalecerá al Ecuador.

El recurso de libre determinación y de soberanía indelegable, que pueden ejercer los municipios, se “impone”, ahora que vamos a una nueva Constitución.