Pero, por sobre todo, ser éticos

Publicado Originalmente en Diario Expreso

Grave crisis vive la República. Inseguridad social, angustia familiar, desasosiegos personales, desempleo, ausencia de cobertura médica y fondo de jubilación, lo que, en no pocos casos, derivan en depresión, emigración, suicidios, violaciones, robos y sicariatos, tienen causa, cercana y remota, en la mala formación y pésima educación. El engaño, la mentira, la estafa en la obtención de títulos profesionales tienen grave soporte en la impunidad que se convierte en escándalo social cuando los delincuentes (n.n. de cuello blanco) tienen apoyo y encubrimiento de parte de autoridades, obligadas a sancionarlos. Sólo se habla de “combatir la corrupción”. Nada sobre cómo prevenirla. No se forma férrea conciencia moral y cívica para ser ético y productivo. Todo mundo grita contra la corrupción. Pero cuando alguien enfrenta a los corruptos y se niega a encubrirlos, (como yo, que me negué a firmar títulos profesionales falsos) es motejado de tonto y “no práctico”.

El no poder satisfacer necesidades personales y familiares tiene mucho que ver con la educación, buenas costumbres, usos y hábitos familiares que se ha impartido en los últimos 38 años. A título de revolución educativa se eliminó el examen de ingreso a la Universidad, se deterioró la secundaria y se engañó a la juventud. En la década del 80 colapsó la sociedad cuando se eliminó de la educación media “urbanidad, moral y cívica” pese a que por Ley, como diputado, en 1991 yo elaboré e impulsé su enseñanza obligatoria en escuelas, colegios y universidades. No se cumple.

Con ineficaz pedagogía se imparte conocimientos caducos que no priorizan la producción y desarrollo integral. Las estructuras educativas involucionan. Se debe modernizar y moralizar la enseñanza en escuelas, colegios y universidades. Se crea una mentalidad proclive al empleo dependiente. El título de bachiller refleja a un graduado frustrado buscador de empleo en áreas laborales saturadas con escasas alternativas y mínimas remuneraciones.

Lo aprendido en 6 ó 12 años hace al bachiller incapaz de “producir”. Su mentalidad, limitada a “conseguir empleo” carece de creatividad emprendedora. Las asignaturas tradicionales se readecuan reduciendo la carga horaria. No mejoran contenidos y pénsum académicos, escasos de creatividad, inventiva, emprendimiento, técnicas de comunicación, voluntariado y moral pública para formar emprendedores creativos, ingeniosos y éticos. No se motiva la creación de formas propias de subsistencia y trabajo independientes.

Motivar iniciativas empresariales y factibilidad de proyectos, viabilidad, producción, competitividad, creatividad y autenticidad. Enseñar a gerenciar. Enseñar contabilidad empresarial, pasivos, activos, manejo de proveedores, calidad, costos, insumos, mercadeo, ventas, comercialización, técnicas de ventas y publicidad. Aprender a competir en mercados externos.

Estimular habilidades, talentos y vocaciones dirigidas al emprendimiento y solidaridad social, según su vocación, profesión o actividad, sea abogado, ingeniero, médico, periodista, taxista, panadero, etc. Impartir valores y principios como honestidad, honorabilidad, dignidad, justicia, equidad, respeto, lealtad, honor, responsabilidad, amor a la patria y sus gestas heroicas. Ser virtuosos. Enseñar a hablar. Expresarse con autoestima y seguridad en sí mismos. Ejercer voluntariado para el desarrollo social y partícipes del progreso de su entorno. Aprender de Singapur, Taiwán, Japón, Corea del Sur, Birmania, Vietnam, China, que fomentan la educación “útil” hacia la investigación, la creación de empresas con énfasis en valores morales, inventiva y creatividad. Pero, por sobre todo, ser éticos.

Los llantos del silencio

Publicado Originalmente en Diario Expreso

Un médico lector, quien ha trabajado en una organización internacional
humanitaria, con gente muy pobre, me comenta que, por no permitirse el
aborto, hay niños que aspiran cemento de contacto y trabajadoras
sexuales. Que, por engendrar un bebé, niñas y adolescentes tienen una
calidad de vida miserable. Que son rechazadas por su propia familia.
Que, por abortos realizados por quienes no son médicos, cientos mueren
en lugares insalubres. Que la violada sufre por el resto de su vida
viendo en su hijo la cara de su agresor. O prefieren que nazca para
abandonarlo. Que, “mientras no evolucionemos en nuestra mente (permitir
el aborto) seguiremos siendo pobres, enfermos, atrasados, con
hipocresía espiritual o, como dirían muchos, tercermundistas”.
                   
Este médico confunde efecto por causa. Cree que la pobreza, los
embarazos y las drogadicciones son causados por no abortar. Matar
nonatos no cambia el problema social ni la economía. No genera riqueza
ni elimina la pobreza. Para superar lacras humanas hay que trabajar y
producir más y mejor. Hay que educar. Es moral. Son buenas costumbres.
Es, sobre todo, calidad humana. Es solidaridad, con la vida.
                   
“Si una madre puede matar a su hijo, nada podrá impedir que nos matemos
unos a otros”, dijo la Madre Teresa de Calcuta. (1910-1997), al recibir
el Premio Nobel de la Paz (1979). El aborto pone en peligro la paz en
el mundo. No puede haber paz sin respeto de la vida inocente e
indefensa de los niños que no han nacido”.

“Quien busca la paz defienda la vida, desde el momento en que surge
hasta el ocaso natural. La mayor violencia de hoy, es el aborto. Hay
violencia cuando un niño es eliminado por su propia madre”.

Si las madres oyeran los gritos de su hijo, ninguna abortaría. El
neonato, o feto como se lo califica, es un inocente que, asimismo no se
puede defender ni impedir su ejecución. Aislado en el mundo del
silencio, sus llantos no llegan a su madre ni a quienes los destruyen.
No hay estridencia. No puede protestar.

El aborto provocado es ejecución, sin piedad, de quien sólo depende de
su madre, que lo lleva en su seno. ¿Quién protege a ese inocente, si su
madre lo desprecia hasta el paroxismo de su muerte? ¿De qué se acusa al
nonato, para matarlo? ¿Tiene culpa por ser engendrado?

Sólo el humano es capaz de destruir. Hasta la bestia más feroz protege
y cuida, arriesgando su propia vida, la del ser de sus entrañas.

Amor es respeto a la vida del hijo por sus padres y parientes. Por
médicos, educadores y periodistas. Nadie puede afirmar si el nuevo ser
será bueno o malo. Es la naturaleza. Son los genes y sus ancestros ¿Es
que no hay derechos humanos para el feto nonato? A ese crimen le llaman
aborto. Es en este instante cuando más necesita de su madre. Y en el
frenesí de su extravío hacen, de la violencia y del aborto, el
bienestar.

Dicen que, cuando en Francia se debatía sobre el aborto, un legislador
aludió a un padre alcohólico y sifilítico y la embarazada tuberculosa y
sifilítica ¿Propondrían a la madre el aborto?, preguntó. “La
ayudaríamos a abortar”, dijeron. Acaban de matar a Beethoven”.

El feto no es una cosa. Es más que un genoma. El feto vive y con
capacidad, en sí mismo, para desarrollarse. Genera su propia sangre y
placenta. El parto y el nacimiento son actos propios del feto. La madre
ayuda.

Más de 50 millones de abortos se producen al año. ¡Qué barbarie! Los
niños abortados no cantarán con Violeta Parra (¿abortista?): “Gracias a
la vida que me ha dado tanto. Me dio dos luceros que cuando los abro,
distingo lo negro del blanco. Cuando miro al bueno, tan lejos del malo.
Gracias a la vida que me ha dado tanto. Me ha dado la risa y me ha dado
el llanto. Así yo distingo dicha de quebranto”.

El aborto es un holocausto nazi

Publicado Originalmente en Diario Expreso

El médico alemán, Josef Mengele (1911-1979), del Partido Nacional-Socialista, jefe del Campo de Concentración en Auschwitz, fue “El Monstruo” y “El Ángel de la Muerte”, (por su cara de inocencia). Era especialista en abortos ilegales (asesinatos de bebés no nacidos). Pero Hitler legalizó el aborto, la esclavitud, el apartheid, los asesinatos de recién nacidos, de judíos, gitanos, la esterilización forzada y la eutanasia. Mengele fugó a Argentina y montó una clínica de abortos. Detenido después de matar a una joven en su clínica, un juez lo liberó. Vilis Kruze, oficial del SS nazi, trabajó como abortista en Ohio y Hawái. Decían que “se puede quitar al doctor del campo de matanza, pero no puedes quitarle el campo de matanza al doctor”.

“Feto”, es el niño nonato. El aborto es el tratamiento preferido para el embarazo no deseado. Y en una violación, yo pregunto ¿qué culpa tiene el niño de la perversión del padre? El Juramento Hipocrático dice “no administraré a la mujer supositorios para provocarle aborto; mantendré puros mi vida y mi arte”.

En Estados Unidos, México, y otros países matar bebés nonatos es “legal y seguro”. Médicos y dueños de clínicas dicen “Hago lo que es legal”. Igual decían los médicos en Auschwitz.

En Nurmberg, los médicos dijeron que eran inocentes porque no violaron ley alguna. “Los juristas en Berlín nos dijeron que era legal”. De las enfermeras se dijo que “no actuaron mal, porque fueron protegidas por la ley”. Ergo: “Los nazis no cometieron crimen en Auschwitz”. Los eufemismos usados por Nazis y abortistas son macabros y semejantes. “Infecciones no vistas”, “tumor canceroso”. “La salud” de la mujer.

El nazismo realizó más de 500.000 abortos legales, por año. Los asesinos eran “doctores” y la matanza “promoción de la salud”. Los campos de exterminio eran “centros de reubicación”. Los de nonatos “centros de salud reproductiva”. En Auschwitz los consejeros genéticos eran “protectores de la familia”. La matanza de niños inválidos, “operación quirúrgica”. La de niños hiperactivos “una cura”. Un “Comité para el registro de enfermedades hereditarias y genéticas” decidía cuáles niños serían ejecutados y cuáles no. Eran “Instituciones de Especialidad en Niños”. En Estados Unidos, para el fisco (IRS) las clínicas de aborto son “organizaciones caritativas” para “promover la salud”. La entidad nazi para la eutanasia, era “Fundación de beneficencia para el cuidado institucional”.

La Cámara de Médicos de Berlín pidió el aborto, pues “La salud de la madre es primero”. Para Hitler los judíos eran “raza parásita”. Para los abortistas el niño es “mero parásito”. Con los nazis, el resultado final era “la terminación” de los judíos. El aborto o resultado final es la “terminación” del embarazo. La mentalidad y lenguaje entre nazis y abortistas es idéntico.

Himmler dijo que matar judíos era “exterminar una bacteria”. La abortista Natalie Shainess, que el embarazo no deseado es “una bacteria ajena”. El médico de Auschwitz, Fritz Klein, dijo ser “un doctor bueno, que con bisturí quita un apéndice lleno de pus”. “Los judíos son apéndice lleno de pus en el cuerpo de Europa”. El abortista, doctor Alan Guttmacher, comparó la destrucción del feto con el “quitar un intestino gangrenoso”. “Un bebé abortado es basura”.

La Academia Americana de Pediatría dice que el aborto es deber de médicos para “proveer cuidado y tratamiento” a embarazos no deseados. “El aborto es la cultura de la muerte. Sus víctimas son millones. Envilece la sexualidad humana y desvirtúa el amor más sublime, como es el amor materno, al otorgar a la madre el absurdo derecho de matar al niño que lleva en su seno”. El aborto es un holocausto nazi.

Armando de la Torre

Publicado Originalmente en Diario Expreso

Lo conocí hace 25 años (1983), cuando, invitado yo por Manuel Ayau,
rector de la Universidad Francisco Marroquín participé, como expositor,
en un evento académico. Armando de la Torre, (n. Nueva York 1926, de
padres cubanos) impresiona y cautiva por su talento y transparencia en
la cátedra. Estudió en Francia. En Estados Unidos enseñó Sociología y
Filosofía. Doctor en Filosofía y Letras de la Universidad de Múnich.

Es “toda una geografía del saber, una memoria sin fondo y la biblioteca
infinita de Borges. Es “el sabio en pleamar y en la playa de su
madurez”. “Por su vasta cultura podría ser un maestro de la
Escolástica, del Renacimiento y de la Ilustración. Quisiera estar cerca
de él todo el día para aprender algo nuevo” dijo Francisco Pérez de
Antón, en el prólogo de su libro “Cien obras en mil años”.

También es autor de “La agonía del éxito”, “Por qué surgen y cómo se
curan las crisis económicas”, “La Ética del Lucro”. Experto en estudios
económicos del Derecho y en análisis económico de las opciones públicas
(Public Choice). Editorialista. Erudito en Lope de Vega, Tirso de
Molina, Calderón de la Barca, Cervantes, Víctor Hugo, Shakespeare.

“No estoy totalmente de acuerdo con ningún libro. Ni siquiera con la
Biblia”. A los 6 años, dice, leyó Pinocho… que lo hizo llorar “Yo
mojaba las páginas cuando la princesa de los cabellos de oro se moría”.

Fue Prefecto de Estudios del seminario Pío Latinoamericano en Roma.
Jesuita por convicción, dejó de serlo también por convicción. “La razón
humana no puede abarcar a Dios, el hombre es un ser finito y Dios es
infinito”. “Dios está con los pobres (pero también está con los ricos).
Eso es teología de la liberación del siglo XX. Sencillamente, Dios está
con el hombre”, afirma Armando.

Jurista, enciclopédico, políglota, sabio en Historia, Ciencias
Políticas, Economía, Literatura, lenguas clásicas y Teología, es
Director de la Escuela Superior de Ciencias Sociales (pos-grado), de la
Universidad Francisco Marroquín. Doctor Honoris Causa en Filosofía y
“Premio Robert Nozick”, por su excelencia académica. Fue director de
Investigación Científica de la Universidad Rafael Landívar, en
Guatemala.

“Le temo a los mediocres con poder, a los que hay que acabar”. “Me
frustran la falta de competitividad y los hombres sin carácter. La
tenacidad es lo primero que se debe aprender en las escuelas. Prefiero
un analfabeta con carácter, que un licenciado universitario sin
carácter”. “En un sistema de justicia se eliminan los privilegios,
incluyendo los de los empresarios”. “Recordemos: o todos hijos o todos
entenados”, enfatiza.

Armando es honesto, solidario, íntegro, afectuoso. Su charla sencilla
trasluce un discurso moral. “El mejor gobierno es el más cercano al
pueblo. De ahí la importancia de los gobiernos municipales. Estoy de
acuerdo con la globalización de la educación, de la técnica, del
conocimiento, pero en absoluto desacuerdo con la globalización del
poder. Estoy en contra del dominio de los países grandes sobre los
pequeños”. “La gente que sale en busca de oportunidades es valiosa. El
país que pierde emigrantes pierde activos, pierde talentos porque,
aunque sean analfabetas, es gente de empuje, gente que trabaja”,
afirma.

Orador elocuente, fascinante, profundo, didáctico, aclamado en foros
académicos. Es mi privilegio ser su amigo personal y el honor de haber
sido invitado a hospedarme, por varias ocasiones, en su hermosa
residencia de la zona 14 en Guatemala. Su talentosa, gentil y bella
esposa Martha Buonafina y sus hijos Virginia e Ignacio, son el refugio
de paz de este aguerrido luchador por la libertad.

Mecenas verdes

Por Rómulo López Sabando

Publicado originalmente por Diario Expreso.

El Oriente es un mito, dijo Galo Plaza. Burócratas y políticos tan mal lo tratan que su riqueza es el paraíso de pocos y el infierno del Ecuador. Del frenesí y voracidad petroleros viven los gobiernos que depredan al pueblo. Además, a nombre del Estado, nos endeudan sin beneficio alguno para la Amazonía. Deudas que nadie paga con sus bienes propios ni responden por los ingresos y gastos petroleros. Los pueblos amazónicos sufren deforestación y contaminación. Arrasan su vida, animales y vegetación.

La Amazonía es mito, fábula, delirio, fantasía y falso paraíso del petróleo que no ha disminuido la pobreza sino que aumenta la corrupción. Es falso que el petróleo disminuya la pobreza. Había una vez cuatro individuos llamados «Todo el mundo», «Alguien», «Nadie» y «Cualquiera» Siempre que había un trabajo importante por hacer, «Todo el mundo» estaba seguro de que «Alguien», lo haría. «Cualquiera» podría haberlo hecho, pero «Nadie» lo hizo. Cuando, «Nadie» lo hizo, «Alguien», se puso nervioso porque «Todo el mundo» tenía el deber de hacerlo. Al final, «Todo el mundo» culpó a «Alguien» cuando «Nadie» hizo lo que «Cualquiera» podría haber hecho.

Así, la culpa de todos es la culpa de nadie. Y esta es la tragedia de nuestro país. El mundo pierde bosques y selvas. Para evitarlo algunas ONG y otros como Johann Eliasch, magnate sueco de 45 años, «harto de oír a los políticos hablar y hacer nada» adquirió en Brasil una parcela de selva amazónica casi el doble de Hong Kong y la vigésima parte de Guayas. (1.900 Km2) con la intención de protegerla. Decepcionado por las políticas públicas sobre medio ambiente decidió intervenir privadamente en defensa del planeta comprando tierra.

Otros magnates compran parcelas en Brasil. Su ejemplo despierta debate, con aplausos y duras críticas. Son formas diferentes de lograr un mismo objetivo. Eliasch es dueño de la marca deportiva Head y familia de potentes empresarios. No cuenta cuánto pagó por las tierras adquiridas en el noroeste de Brasil, cerca de la ciudad de Manicoré. Pero, el precio no importa. Lo que cuenta es el motivo: La defensa de la Amazonía no es sólo un asunto de biodiversidad. «La deforestación es una de las mayores fuentes de emisiones de CO2». «Comprar y proteger selva pluvial es el camino por el cual un particular puede tener un impacto directo y significativo en la lucha contra el cambio climático», dice. Con Eliasch ya no se puede talar.

No hoteles ni resorts en la parcela del sueco. Pero ha concedido a los locales el derecho de cosechar gratis frutos en su tierra. Douglas Tompkins y su esposa Kristine McDivitt compraron en Patagonia miles de kilómetros cuadrados, con una inversión de US $ 190 millones. Se destinan a parque natural. Son ex empresarios, fundadores de las marcas Esprit, North Face y Patagonia.

Las críticas caen sobre el valor estratégico de las tierras. Algunos especulan sobre segundas intenciones para aprovechar los recursos naturales. Otros, en Chile, alegan que las posesiones de la pareja cortan en dos el país, ya que se extienden desde el océano hasta los Andes. «Las polémicas son inaceptables», dice Juan Carlos del Olmo, Secretario General de WWF/Adena. «Yo estuve en esas tierras, vi la explotación salvaje que hacían algunas empresas. Nadie decía nada. Luego llega alguien con la intención de proteger, y todos se le echan encima».