El mito del gasto público

Los economistas al servicio de la corte -que por suerte parecen ser menos cada vez, nos enseñan que el gasto público (estatal, no se refieren al público como suma de individuos) es la fuente del pleno empleo y por ende del bienestar de una nación sensible y progresista.

Esto es sencillamente, una mentira.

Todo tiene un precio, nada es gratuito, y el dinero que toma el Estado para unos lo tiene que obtener a costa de otros.  El resultado es el desincentivo a la producción, la injusticia inherente a la redistribución y la confusión ético-económica manifestada en múltiples efectos.  Aquí un artículo del economista Frederic Bastiat que nos puede aclarar el panorama.  Todo lo que el Estado consume ahora, se resta del consumo privado y de la inversión.  Este último rubro es vital si se quiere una economía que produzca más bienes y servicios el año siguiente.  Pero claro, un puente o coliseo es visible y genera votos.

El espejismo petrolero

El boom petrolero tuvo una serie de efectos graves en nuestro territorio:

– Crecimiento del tamaño del Estado
– Independencia del Estado frente al contribuyente
– Falsas perspectivas laborales y financieras en las familias ecuatorianas
– A consecuencia de ello, una explosión demográfica a un ritmo que impedía educar, expandir la salud, la vivienda y transmitir valores civilizados a los nuevos habitantes
– La destrucción de la estética de las ciudades, empezando por los centros de distribución de riqueza proveniente del petróleo
– Una economía dependiente de un producto particular y luego 15 años -al menos- de crisis y «ajustes».
– Un cambio en la cultura a favor del parasitismo y la regulación de sectores libres de la sociedad

El reciente precio «favorable» del petróleo, ¿qué implicaciones tendrá a futuro?

¿Más Estado, Mejor Estado o Menos Estado?

La mayoría de ecuatorianos ya está conciente de que politizar y burocratizar más nuestras distintas actividades no es la solución. Por lo tanto, hay un cierto consenso, salvo el caso de ciertas excepcionales mentes fascistas o socialistas (valga la redundancia filosófica), de que la respuesta no es ni puede ser nunca tener más Estado.

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Etica y educación

Con frecuencia se escuchan argumentos como «Eso no es aplicable aquí» o «Eso no funcionaría en Ecuador».

Para poner las cosas en contexto, recordemos que pueblos que eran considerados corruptos e incorregibles, dados a la bebida y al ocio hace 3 generaciones, ahora son potencias industriales y tecnológicas (hablo de los llamados Tigres Asiaticos).

– Inglaterra en los 1700 era pobre
– Suecia en los 1800 era pobrísima
– Taiwan en los 1960’s era más pobre y desorganizada que Venezuela
– Irlanda hasta hace apenas 15 años era considerada un caso perdido, un país tercermundista en medio de la desarrollada Europa.

Una vez ubicados en ese contexto ético-económico, quiero señalar que se debe respetar los principios de la paz social, es decir la ética, para cualquier propuesta educativa. Esto implica abandonar el facilismo mental de proponer que lo haga el gobierno o se haga desde el gobierno. Debe hacerse con liderazgo, no desde las jefaturas de turno. Así tendrá mérito, habrá una conciencia de conservar los logros, y además no se dependerá del partido de turno para sostener una educación de calidad.

Al respeto quiero proponer la lectura de «El caso del pueblo y la escuelita» para aportar al tema general.