En el tiempo que he venido residiendo en el exterior, he tenido la suerte de conocer varias ciudades y países, he aprendido mucho no solo en la escuela si no viajando. La clase media y baja varia en cada destino, y la pobreza extrema la volví a ver cuando me acercaba a latinoamérica. Por motivo de las últimas fiestas regresé a mi terruńo y antes de llegar, por falta de conexión aérea pasé dos noches en Caracas. Si los checos se quejan por como conducen, los invitaba a conocer mi país, pero los llaneros nos ganan largo. El taxi es carísimo en relación al precio del combustible, ¿porqué? le pregunté al taxista venezolano, a lo que me contesta que la vida es cara, ¿qué es caro? le volví a preguntar, contestándome sin vacilación ¡el trago y las mujeres!, otro en cambio se quejaba del precio de la leche, como una consecuencia de la fijación de precios, como sucede con el bolívar, la moneda local, pues esta también se ha fijado existiendo un mercado negro de dólares, o “dólar libre” como le llaman. Antes de embarcarme, pude ver la propaganda oficial, como preparandome para mi destino final: “construyendo el socialismo bolivariano” y “Venezuela ahora es de todos”.
El aeropuerto de la capital y su ciudad no ha cambiado mucho, a primera vista Quito es muy agradable. Al llegar al puerto principal a uno lo recibe el nuevo aeropuerto de Guayaquil que es de primera, o su terminal terrestre que es de lujo, y el servicio de la metrovía mucho mejor; una excelente impresión para quien llega. El malecón 2000 todo un atractivo turístico. Lo que me dejó pensativo fue ver el centro de la ciudad, de Escobedo y Nueve de Octubre hasta el Malecón, varios locales cyber, cabinas telefónicas y servicios de transferencias de dinero, además de las casas de cambios, bingos y casinos. Algunos locales vacios tienen el aviso «se alquila» ya varios meses. Pregunté a los que pude como veían la situación y la mayoría (creo que todos) no fueron optimistas. Unos amigos veían con agrado el actuar del gobierno, que no todo es malo y que la prensa es corrupta. No puedo negar que me sorprendió escuchar aquello, aunque no del todo, pues existe un alto gasto publicitario del oficialismo (del erario nacional, osea de todos), que lo vi hasta en la sopa. Pude ver la marcha del 27 de diciembre en Guayaquil, luego de haber escuchado la noche anterior a un presidente furibundo, que en un mitin donde terminara afónico invitaba a cualquier marcha en la provincia vecina y que allí los esperaba, para al día siguiente partir (otros dijeron huir) a la capital y obstruir la entrada a la provincia de Manabí a miles de personas. El poder cambia de manos y se concentra en un nueva élite.
La planificación centralizada de la economía se lo viene arrastrando en la historia, lo recuerda Enrique Ghersi cuando citó el trabajo de Claudio Bellis, La tradición centralista de América Latina, pues se pasa de la autoridad del cacique a la del Rey centralizada a través del virrey. El autoritarismo y la improductividad de José Ignacio García Hamilton, lo relata también documentadamente. La economía planificada, centralista, comunista o socialista, es peor que la enfermedad, pues lo que ha venido existiendo es una economía mercantilista, asistencialista, a través del monopolio estatal y los oligopolios que premia lealtades. De (neo) liberal la economía nacional no tiene nada al ubicarse en los últimos lugares del ranking de libertad económica y de hacer negocios. El experimento de la asamblea está pasando la factura, una muestra es el haber obtenido el menor crecimiento económico en la región junto con Haití. Además de que la asamblea está dilatando el trabajo de escribir la nueva constitución, pues hasta ahora no hay un artículo, dando motivos para pensar de que está hecha y que se espera hasta el último para presentarla y aprobarla en forma inmediata por motivo de tiempo eludiendo la discusión en el pleno. Los entendidos hablan de una ausencia del Estado de Derecho y de vivir una dictadura, cuando la asamblea no cumple con el estatuto que fue votado mayoritariamente.

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