Cambalache

Por Rómulo López Sabando

Publicado originalmente en El Expreso de Guayaquil

En una muy importante asamblea del máximo organismo de cierta actividad, señera en la vida nacional, un millonario n.n., autor convicto de gigantescas estafas a cientos de jóvenes ciudadanos, junto con uno de sus múltiples abogados que gestionan para que la impunidad prevalezca y perdone las sanciones penales, (que no caminan), tuvo la audacia de presentarse para sufragar, en el seno del indicado organismo, suplantando al votante legítimo.

Al descubrirse que el acto electoral podría ser viciado de nulidad, el Pleno de sus miembros, por unanimidad, tomó la sabia decisión de interrumpirlo y reiniciar los comicios, pues se corría el riesgo de que ello seria más tarde alegado por el infractor como una “prueba” de que, pese a su espuria condición y calidad, al estar su fraudulento voto en las urnas, se lo habría reconocido como miembro de la comunidad, sin tener los requisitos legales, profesionales y académicos requeridos.

Afortunadamente el acto comicial fue rescatado y su valor jurídico y ético es incuestionable. Los nuevos personeros designados gozan del respaldo legítimo y total de la comunidad a la que se deben. Y los infractores, furtivamente, desaparecieron.
Tan grave fue la situación creada por los intrusos que, de haberse permitido su votación ilegal y audaz, ello hubiese también podido consolidar los delitos y neutralizado los justos reclamos de cientos de perjudicados.

Han transcurrido más de 3 años desde que el organismo pertinente sancionó al infractor clausurando al principal de sus “negocios” con el cual se cometieron los delitos, pero no hay los enjuiciamientos penales que la ley ordena.

El autor de los delitos, que llevó su estafa a uno de los tribunales constitucionales desaparecidos, no logró “lavar” sus estafas, pese a estar amparado por jueces cuestionados por diversas causas y favorecidos en sus procesos, al igual que el infractor que sigue campante como aquella antigua propaganda de un embriagante producto.

Las violaciones a la ley son múltiples. La oferta ilegítima y las estafas, están en la impunidad. No hay firmeza en la sanción para perseguir se cumplan los artículos 11, 13, 44, 46, 103, 104 de la Ley pertinente , y 31 y 47 de su Reglamento general, así como Resoluciones técnicas “RCP-S01-032-05-A” y “RCP-S01-032-05-B”, vulnerados y escritos en el papel.

La usurpación de dignidades e instituciones carece de sanción. La impunidad hace tabla rasa de los valores y derechos constitucionales, mientras organismos internacionales ubican a Ecuador como país de mayor corrupción en América.
La vida social sufre los estertores de la bondad, la verdad, el honor, la honestidad ante los embates de la maldad, la mentira, el deshonor y el pillaje. La desvergüenza es la “norma”. Quien actúa bajo principios de integridad y honradez es considerado el “tonto del grupo”.

Don   Enrique Santos Discépolo hace más de 70 años, en hermosa y popular melodía dijo: “Es lo mismo ser derecho que traidor, ignorante, sabio, choro, generoso o estafador… ¡Todo es igual! ¡Nada es mejor! Lo mismo un burro que un gran profesor. Los ignorantes nos han igualado. Si uno vive en la impostura y otro roba en su ambición, da lo mismo que sea cura, colchonero, Rey de Bastos, caradura o polizón. ¡Qué falta de respeto, qué atropello a la razón! Cualquiera es un señor, cualquiera es un ladrón. El que no llora no mama y el que no afana es un gil. No pienses más; siéntate a un lado, que a nadie importa si naciste honrado… Es lo mismo el que labora noche y día como un buey, que el que vive de los otros, que el que mata, que el que cura, o está fuera de la ley”.

Memento (1964)

Hoy como ahora Guayaquileños madera de guerrero (pelucones de antaño como diría el Sr. Presidente) reclamaban contra los abusos de los gobiernos dictatoriales.

Memento_2

Por si no lo pueden leer

"1964

En septiembre y bajo el liderazgo de Joaquín Orrantia González, en ese entonces Presidente de la AEA, se realizó una campaña de oposición a la instauración de medidas que grababan con impuestos a los contribuyentes de Guayaquil y de la provincia del Guayas.  Esta protesta contra la decisión de la Junta Militar que gobernaba al país, contó con el apoyo de las Cámaras de la Producción, diarios, emisoras radiales y público en general.  La acción fue considerada por las autoridades como un acto subversivo, por lo que ordenaron prisión para Joaquín Orrantia, John Gómez Ycaza, Carlos L. Plaza Dañín, Galo Martínez Merchán, Bolivar Ulloa Sutil, Alfonso Aguilar Ruilova y Roberto Gilbert Elizalde, entre otros.  Los detenidos fueron conducidos hasta una unidad naval que los llevaría hacia las Islas Galápagos, donde en aquella época cumplían condenas los delincuentes.  Entonces el ambiente de la ciudad se convulsionó.  La ciudadanía, con predominante presencia femenina, se volcó a las calles en señal de protesta y ejerció presión, al punto que se decretó el inmediato retorno y la puesta en libertad de los prisioneros."

A veces la realidad es más extraña que la ficción y los tiranuelos se olvidan que si bien es cierto en Guayaquil se ponen Presidentes y en Quito se los botan, tambien cuando es necesario sabemos botar Presidentes como lo hacen en la capital.   La pelea es peleando.

🙂 la propina para la suegra que me mandó este pedacito de historia.

Fastos y nefastos

Por Rómulo López Sabando

Publicado originalmente en El Expreso de Guayaquil

Ayer, 28 de enero, se cumplieron 96 años del asesinato (1912) del liberal Eloy Alfaro, programado por el “progresismo”, el centralismo estatal y el mercantilismo económico.

Impuso la libertad y el Estado laico, a despecho de estatistas y totalitarios. Por reducir impuestos y suprimir privilegios de militares, clérigos y burócratas, perdió la vida en el intento. Jamás traicionó sus ideales de liberal ni incumplió promesas de campaña.

Hoy, 29 de enero se recuerdan 66 años de la mutilación del territorio del Ecuador con el Protocolo de Río de Janeiro (1942) que, para favorecer al Perú, nos impusieron, por la fuerza, Brasil, Argentina, Chile y Estados Unidos, cuando las provincias del sur (Loja y El Oro) estaban invadidas, desde hacía un año, precisamente por Perú.

Jurídicamente, el Protocolo de Río de Janeiro es nulo, de nulidad absoluta, no solo porque se impuso por la fuerza y con territorios invadidos sino que se firmó con una “realidad geográfica” distinta a la verdadera.

Se suponía, (y así lo dice el Protocolo), que existía un divortiun aquarum entre los ríos Zamora y Santiago con la Cordillera del Cóndor como límite natural.

(El divortiun aquarum es, desde las altas cumbres, una línea divisoria de aguas que limita una cuenca hidrográfica. Separa a las cuencas vecinas y es útil como límite entre dos espacios geográficos).

Pero en febrero de 1947, Estados Unidos, con su Fuerza Aérea, al medir por aire la zona, descubrió que el divortium aquarum entre los ríos Zamora y Santiago no existe, pues en su lugar aparece el río Cenepa, que corre entre los ríos Zamora y Santiago. Es decir, no hay uno sino dos divortium aquarum: uno entre los ríos Zamora y Cenepa, y otro entre los ríos Cenepa y Santiago. La Cordillera del Cóndor separa los ríos Zamora y Cenepa, más no los ríos Zamora y Santiago.

Sólo estas dos causales (fuerza y error) evidencian su total invalidez y nulidad absoluta, en cualquier tribunal de derecho del mundo.

Tumbes y el río Marañón, que desde la época de la Real Audiencia eran parte de nuestro territorio, fueron usurpados por el Perú, en sucesivas y traidoras invasiones. Son hechos nefastos en la historia del Ecuador.

En 1910 el héroe liberal Eloy Alfaro proclamó lo que, por décadas, fue la consigna sagrada de la patria: “Tumbes, Marañón o la Guerra”.

Y el jueves 24 de enero de 2008, Guayaquil entero se paralizó. El pueblo se desbordó por aceras, portales y calles transversales a la 9 de Octubre. Desde el puente 5 de Junio hasta el río Guayas la gente inundó también las plazas del Centenario, San Francisco y el malecón.

Hombres, mujeres, jóvenes, ancianos, minusválidos, en bicicletas y sillas de ruedas, con muletas y cargados, pelucones, peluconas, urbanos, marginales, ricos, pobres, empleados, desempleados, ambulantes, amas de casa, empresarios, alumnos, profesores, costeños, serranos, orientales, cholos, montubios, negros, asiáticos, longos, indios, chagras, socialistas, liberales, sin distinción de creencias políticas o religiosas, todos residentes en Guayaquil, caminaron, con alegría, en una gigantesca “marea humana”, nunca antes vista en esta ciudad ni en ninguna otra del país. Vibraron de civismo y coraje.

Al son de “guayaquileño madera de guerrero”, con enérgica hidalguía, oleadas de gentes reclamaron respeto a su ciudad, a su autonomía, al municipalismo y a la libertad. Fue un plebiscito. Un mandato democrático. Su presencia y sus proclamas expresaron la voluntad popular. El 24 de enero Guayaquil votó. Guayaquil advirtió. Con puños cerrados contra el vilipendio, corearon “su” lema de “Guayaquil independiente”.

La corrupción está en la ley

Por Rómulo López Sabando

Publicado originalmente en Diario Expreso de Guayaquil

Políticos, intelectuales y gobernantes repiten que somos
inmensamente ricos, en recursos naturales, pero con población
paupérrima y corrupta. Dicen que para combatir la corrupción y llegar
al nirvana del bienestar, el Estado debe robustecerse, con más dinero
para repartir como gran padre benefactor.

La
corrupción no es sólo un problema policíaco ni político. Tiene
múltiples formas y modalidades. Todos los gobiernos y medios de
comunicación realizan campañas para combatirla con programas y acciones
que la atenúan, pero no la erradican. Es un problema de hombres, dicen.
Y que hay que buscar, como Diógenes con su linterna en la mitad del
día, a los impolutos, los éticos, los buenos, pues a los malos,
corruptos y perversos (calificados así por los que autopresumen de
buenos), hay que castigarlos. Sin atinar, se dan palos de ciego, como
jugando a las ollas encantadas. La “presunción de inocencia”, (nadie es
culpable hasta que se lo demuestre) ha desaparecido frente a la
“presunción de culpabilidad” (nadie es inocente hasta que lo pruebe).

Falso que, ante la corrupción rampante, la verdad, el honor, la
bondad, la honradez no tienen cabida y que, por naturaleza, todos somos
corruptos. Por ello, dicen, no funciona la democracia.

Y nada más alejado de la verdad y de la lógica social. El punto
central es que no existe el “Estado de derecho” sino un “Estado de
legalidad”, en el que las “normas jurídicas” murieron para dar paso a
leyes y reglamentos que inventan legisladores y gobernantes,
influenciados por el positivismo, la política y la sociología más que
por el derecho, la moral y la justicia. Por ello, se dice que hecha la
ley hecha la trampa. Y ante tanto trámite, requisito, papeleo,
registro, control, extorsión y dificultades establecidas en las leyes,
la corrupción es una puerta de escape para trabajar. Millones de
ecuatorianos vegetan, se embrutecen y mueren sin desarrollar su
creatividad ni explotar el potencial de talentos con los que podrían
mejorar su vida. Pero, se robustecen los totalitarismos y enriquecen
los gobernantes.

Así, cuando algo es engorroso, oneroso y antieconómico, “la nota” es
que hay que hacerlo “por la izquierda”. Esto es, caer en, la extorsión,
el chantaje, el abuso, la coima ante la inminencia de perder no sólo el
dinero trabajado honestamente sino fracasar en el empeño de producir y
vivir honradamente. Las condenas seudo- éticas son retórica que
estimulan el cinismo, la desvergüenza y el pillaje. Esa forma de
legislar y de imponer la ley altera la vida social. Las personas
comprometen su integridad, pues se afecta a sus costos y se pervierten
sus beneficios. Se evaden las buenas costumbres y la moral. Se alteran
los medios y recursos necesarios para comprar y vender. El tiempo y la
información sufren mella y son parte del costo de las oportunidades
perdidas.

Cuando la Ley impone arbitrios de alto costo y exige demasiados
requisitos, la gente incumple y la evade. La desobediencia adquiere
niveles permanentes. El desacato se convierte en norma y la
informalidad se robustece. Los monopolios del Estado (ineficientes) son
fuente de corrupción. Energía, luz, teléfonos, seguridad social,
combustibles, aduanas. La competencia desleal de los bonos del Estado
destruyó las cédulas hipotecarias. El congelamiento de los alquileres
urbanos hizo de las invasiones el negocio sucio del desarrollo urbano.
Así nacen los barrios miseria, creados por la demagogia y reformas
agrarias que arrasan el área rural. El alto “costo de la legalidad” y
la “ley positiva”, que atropellan al Derecho y marginan a la justicia,
son la causa de la corrupción.

Desnutrición Intelectual

Por Rómulo López Sabando

Publicado originalmente en El Expreso de Guayaquil

Es posible lograr desarrollo económico mejorando la “calidad” de la educación por sobre la “cantidad” de los años de estudios, dice el Banco Mundial.

Por esto, el desafío de América Latina es el “nivel de aprendizaje” de los estudiantes. Por alcanzar la “matrícula universal” para la educación primaria, se descuida el “nivel de aprendizaje”. En las competencias estudiantiles tienen los puntajes más bajos. Sus niveles de “competencia”, en todas las materias, están debajo del mínimo. El “examen de ingreso” es la herramienta más idónea para lograr calidad en la educación. La construcción de escuelas, a veces, descuida la calidad de enseñanza.

La “calidad” de la educación influye más en el crecimiento social y económico que la “cantidad” de años estudiados. Es la responsable de perpetuar las desigualdades en los ingresos. En economía y negocios no aprendemos a “competir”. Se nos induce a depender de favores y decisiones de tecnoburócratas, teóricos, quizás con buenas intenciones pero ignorantes de la dinamia e incertidumbres de los mercados eficientes y productivos.

“América Latina tiene niveles de desigualdad en educación junto con elevados niveles de desigualdad de ingresos”, dijo Pamela Cox, vicepresidenta del Banco Mundial. “Si bien han ampliado la educación a mayoría de niños y brindan oportunidades de aprendizaje, persisten las desigualdades en los ingresos, el subdesarrollo y la pobreza”.

Por ello, se asegura que, para garantizar la calidad de la educación, lograr mayores ingresos a nivel personal y superiores tasas de crecimiento económico se requiere un entorno económico y laboral “competitivo” (de competencia) que logre mayor producción (productivo).

Es dramático observar, en el trato diario con “profesionales”, no solo imprecisiones culturales sino ignorancia en Matemáticas, Lenguaje, Ciencias, Urbanidad, Moral y Cívica así como Derecho Territorial, (soporte del patrimonio de la patria), olvidados a nivel de primaria y secundaria. Incluso en lectura, caligrafía, ortografía, dicción y cálculo revelan pobreza intelectual y práctica. El “título”, cualquiera que fuese su origen, es la llave del empleo y del “estatus”. No estudian y hasta los compran a avezados y delictuosos “empresaurios”, usurpadores de universidades y autores de falsas ofertas de educación superior. La “economía del conocimiento” nos obliga a superar la mala calidad educativa.

China, India y Europa del Este están saliendo del marasmo (desnutrición) intelectual y ético, causados por el pasado estatista, la imposición ideológica y la superficialidad académica.

Impulsan “calidad” en la educación para producir bienes sofisticados con énfasis en tecnología, historia e investigación científica, directa a la competencia mundial. Sus productos arrasan mercados por sus precios bajos, asombrosas innovaciones y estimulante utilidad social. Satisfacen las demandas populares. Crean empleo más que Ecuador, ancestral productor de materias primas, productos primarios, “comodities” o bienes con poco valor agregado.

La “sustitución de importaciones” y las teorías de “economía mixta” de la Cepal nos legaron una industria famélica, dependiente, hambrienta, esquelética. Una agricultura esmirriada, escuálida, flaca y un comercio saturado de trabas que, para subsistir, lo direccionan a la informalidad (contrabando), frente a un Estado obeso, lerdo y ladrón, que se espera lo cambie la Asamblea. El estatismo, protector del mercantilismo, impide la competencia libre, con subsidios, privilegios e “incentivos” estatales corruptos que contradicen la eficiencia, la productividad y la competitividad.