Cuando yo era niño, iba con mi familia a vacacionar a Posorja, el balneario único de Guayaquil. Después los preferidos de las familias guayaquileñas fueron Playas y Salinas.
Posorja estuvo abandonada por décadas y, en los últimos tiempos, parecía un pueblo fantasma. Con la isla Puná forma el canal del Morro, de entrada al puerto de Guayaquil. Hace pocas semanas, el alcalde Jaime Nebot anunció un estupendo plan de rehabilitación e inversión a desarrollarse en la vieja parroquia guayaquileña. El 27 de diciembre comenzó el más importante desarrollo en la historia marítima del Ecuador.
«Aquí no hay dinero del Estado, aquí no hay terrenos del Estado, aquí no hay inversiones del Estado, aquí no hay riesgo del Estado. Aquí hay dinero privado, riesgo privado, terrenos privados, confianza en Ecuador, confianza en Guayaquil», dijo y detalló obras de regeneración urbana que, paralelamente, realizará en la parroquia como un muelle en el malecón y el parque turístico en el centro, que pronto se inaugurará.
La terminal se construye mediante concesión. Sin un centavo de inversión, endeudamiento o garantía financiera de parte del Estado, las españolas Alinport y Albacora promueven e invierten $ 450 millones en la construcción del primer puerto de aguas profundas de alcance intercontinental, en la provincia del Guayas.
Ignacio Lachaga, principal de Alinport, anticipó que junto a la Terminal de aguas profundas, se levantarán instalaciones industriales, una subestación eléctrica, que generará 25 megavatios, un regulador de agua potable, redes de aguas servidas, sistemas de escáner y de verificación de contenedores, salas de conferencias y otros. El espacio que ocuparán las obras es de 150 hectáreas en plena desembocadura del río Guayas.
Inicialmente operará con una línea de atraque superior a 1.500 metros y superficie para contenedores de 700.000 metros cuadrados. Un muelle de 595.000 metros, más 262.000 metros para el patio de contenedores,
Proveerá servicios baratos y competitivos. Generará empleo y recibirá buques que transportan hasta 7.000 contenedores.
Como el presidente Palacio firmó un decreto que estimula la inversión privada, el Estado mantendrá vigilancia y control sobre el desarrollo económico, la seguridad nacional y la recaudación de impuestos. Y el prefecto provincial Nicolás Lapentti anunció la ampliación de las vías Progreso-Playas y Playas-Posorja, la construcción de un distribuidor de tráfico y mejoras para la Ruta del Sol con crédito de $ 63 millones de la CAF.
Siempre me intrigó el nombre de Posorja. Y su significado encontré en el «Diccionario mitológico popular de la comunidad mestiza ecuatoriana» de Manuel Espinosa Apolo.
Posorja fue una célebre pitonisa (adivina, hechicera) Huancavilca. Su leyenda fue muy popular en la Colonia. Se cuenta que una infantil criatura apareció de pronto frente a las costas de la península de Santa Elena, en el sitio en que está la población del mismo nombre. Llegó sola en una pequeña nave de madera más liviana que la balsa.
La niña, de rasgos blancos, estaba envuelta en finas mantas de algodón con estampados y raros jeroglíficos. Llevaba colgante en su pecho un caracol pequeño finamente labrado.
Fue adoptada por los Huancavilcas y creció hasta hacerse mujer. Fue entonces que empezó a vaticinar los sucesos más trágicos del pueblo que la adoptó, cobrando fama de gran visionaria en toda la región. Huayna Capac y después Atahualpa, llegaron hasta su aldea en la península de Santa Elena y les predijo los trágicos desenlaces de sus reinados. Huayna Capac creyó a Posorja una enviada del dios Pachacamac y le pidió que le vaticinara su porvenir, viendo en los ojos de la pitonisa su muerte en Tomebamba y la guerra fratricida entre Atahualpa y Huáscar.
Atahualpa le pidió que revelase su futuro. Pronosticó su triunfo sobre Huáscar y el breve tiempo que duraría su victoria. Pronosticó que llegarían unos hombres blancos y barbados que lo matarían al inca luego de tomarlo prisionero en Cajamarca. Cuando Posorja terminó su revelación declaró que su misión en la tierra había terminado, puesto que aquella había sido su última visión. De inmediato se dirigió al mar, sopló su caracol y una ola se la llevó.